Santa Fe
Domingo 17 de Junio de 2018

"Ser padre del corazón me cambió la forma de mirar la vida"

Hace 20 años Juan Carlos Chiappero y su compañera, Graciela, decidieron ser hogar de tránsito y fueron en ese período el ámbito de contención de 18 niños. El último de ellos hoy espera por la concreción del proceso de adopción que lo convertirá en su hijo.

Convertirse en padre formaba parte de la lista de sueños de Juan Carlos Chiappero, un santafesino que hace más de 20 años inició una relación de pareja con Graciela, quien al poco tiempo de estar juntos le contó que "no podría tener más hijos –ya tenía tres– producto de una mala praxis". Él decidió continuar con su historia de amor sin saber que la vida le daría la oportunidad de alcanzar la paternidad de otra manera.

Pasó el tiempo y sin proponérselo les llegó la propuesta de parte de una amiga de sumarse a la asociación civil Hogares de Tránsito, compuesta por familias que reciben en sus domicilios a menores en riesgo de corta edad, sin recibir por ello remuneración alguna ni tener fines de adopción. En ese entonces, la ONG recibía los casos derivados por los antiguos juzgados de Menores –luego se produjeron los cambios en la ley de niñez y en el Código Civil.

El objetivo de la intervención del grupo siempre fue poder brindar a esos chicos contención afectiva, atención alimentaria y velar por su salud física y psicológica, hasta tanto se decidiera su adopción o la revinculación con su familia de origen o ampliada.

"Así fue como recibimos a una niña que había sido abusada en su entorno familiar y aprendimos con ella de este rol, que nos enseñó mucho, sobre todo a mirar la vida de otra forma", comenzó a relatar Juan Carlos, en diálogo con UNO.

Pasaron 20 años de aquel momento y 16 historias más, cada una con su impronta, desafío y aprendizaje. Hasta que llegó Benjamín, un pequeño que a los meses de vida recibió una golpiza de sus progenitores que le produjo una parálisis cerebral que derivó en cuadriplejia, discapacidad que lo condiciona a atención y asistencia permanente.

"Desde que entró a casa lo hicimos parte de nuestra familia. Nos propusimos mejorar su calidad de vida y trabajamos para llevarlo a los mejores profesionales, que nos ayudaron a superar la frustración que al principio sentía cuando me preguntaba «por qué no iba a poder jugar como los otros niños» y que por fin entendí que no es algo que yo puedo cambiar. Que lo importante no era mirar hacia atrás sino hacia adelante y apostar a su felicidad", dijo Juan Carlos Chiappero.


Por qué la adopción
La oportunidad de adoptar al pequeño, que hoy ya tiene ocho años y medio, surgió como resultado de lo evaluado por el Ruaga (Registro Único Provincial de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos), dado que no había familias inscriptas que cumplieran con el perfil adecuado para ese caso.

"Si así surgía, a pesar del vínculo inmenso que tenemos con él, que consideramos especial desde el principio, hubiéramos aceptado que fuera a otra familia. Pero Dios nos puso en el camino esta oportunidad, por eso ya están encaminados los trámites judiciales y administrativos para transformarlo definitivamente en nuestro hijo", aseguró el hombre de 54 años, quien comentó que siempre lo trataron como tal.

Y describió: "Benja es parte de nuestra familia desde el día uno, hermano para sus hermanos (de 30, 33 y 36 años), que ya lo convirtieron en tío, sobrino, nieto y todo. Nuestro objetivo fue siempre incluirlo, y por eso nos alegra cada uno de sus progresos, verlo disfrutar cuando nos vamos de viaje (ya lo llevaron a visitar el noroeste argentino, Gualeguaychú, Córdoba y hasta Brasil, por ejemplo), escucha música o se abraza a Graciela".

En esa línea y resaltando que está "agradecido" de la forma en que se encontró con la paternidad, Juan Carlos cerró: "El premio más grande que tiene lo que hacemos es ver a los niños superarse y crecer felices, algo que logramos con muchos que seguimos contactando; y también con Benja, a quien todos los días le regalamos la mejor herramienta que tenemos: el amor".