Miércoles 20 de Noviembre de 2013
Hipólito Ruiz
Diario UNO Santa Fe
La historia de esta pequeña empresa de la ciudad de Santo Tomé comenzó en 1991. El matrimonio compuesto por Gladys Calcopietro y Horacio Bravo decidieron poner manos a la obra en un proyecto propio. La idea era producir algo nuevo, que no exista en el mercado. Pronto se pusieron a darle forma a un proyecto innovador: vender gelatina en pote, lista para consumir.
Calcopietro, quien es tecnóloga en alimentos, relató cómo fueron los inicios en un contexto que parecía adverso para gelatinas frías, que le dieron nombre a la firma Gelfri. “Hace 22 años, en plena cuenca lechera, hablar de un producto que no tenía leche era todo un desafío. Hicimos algunas pruebas, registramos la marca y empezamos a producir. Era algo muy raro porque los santafesinos estábamos muy acostumbrados a consumir productos lácteos como los yogures o los flanes. Pero arrancamos con esa idea medio loca y fuimos creciendo mucho”, dijo.
El producto se hacía a partir de una harina de algas que se importaba de Indonesia. Todo empezó de forma muy manual, con algunas ollas y una tapadora hermética que compró el matrimonio. Ese proyecto fue creciendo y eso les permitió empezar a tecnificarse, lo que redundó en una mayor capacidad de producción. Ese círculo virtuoso les permitió llegar a elaborar miles de potecitos de gelatina distribuidos por todo el país.
“Justamente, los distribuidores eran quienes llevaban en sus carteras marcas líderes de lácteos. Así fue como nos fuimos metiendo en todo el país, en el centro, en el norte y en el sur. Hasta que las grandes empresas lácteas tomaron la idea y ellos empezaron a hacer las gelatinas. Pero nosotros nos podemos dar el gusto de decir que fuimos unos de los pioneros de ese producto”, aseguró.
Además, cuando tenían que empezar a competir con los gigantes del mercado alimenticio llegó la devaluación. “El dólar se fue para arriba, empezó a valer tres o cuatro pesos y esas gelatinas de origen vegetal empezaron a ser imposibles de importar. Porque esas algas son realmente espectaculares y sólo crecen en un lugar del mundo, que es Indonesia. Hoy, la mayoría de las gelatinas que están en el mercado son de origen animal, lo que hace que sea un producto bueno, pero distinto. Por eso tuvimos que discontinuar el producto”.
Constantemente Calcopietro remarca la importancia de ser una empresa abierta al cambio y a las nuevas oportunidades. Por eso, ya estaban preparados para afrontar una de las peores crisis económicas del país y acomodarse en el mercado. “Lo valorable en Gelfri, que es un matrimonio que lleva adelante una empresa, es que siempre estuvimos abiertos al cambio y fuimos muy valientes y corajudos”, asegura Calcopietro.
Para ese entonces la empresa santotomesina ya había empezado a elaborar productos en polvo como gelatinas, flanes, postres, helados, azúcar negra, impalpable, esencia de vainilla, entre otros. Eso les permitió sobrevivir y seguir adelante. Tal vez porque Gelfri ya había sorteado otros momentos duros, como en 1997, cuando con sólo seis años se les inundó la planta de producción y almacenamiento.
La propietaria de la firma recordó: “La inundación de 1997 –que afectó a parte del casco urbano de la ciudad de Santo Tomé– fue un punto de inflexión para la empresa. Tuvimos un metro de agua en toda la fábrica durante una semana. Perdimos todas las materias primas como los productos terminados y las máquinas que no están preparadas para estar sumergidas una semana en agua sucia. Perdimos todo. Estuvimos parados casi un año. En ese momento nos sentamos con la contadora y ella nos dijo: «Acá hay que cerrar. Hay que presentar una quiebra, como corresponde, justificada y cerrar». Nosotros dijimos que no íbamos a cerrar y que no iba a haber ninguna quiebra. Dijimos: «Vamos a esperar a que se seque todo, vamos a limpiar, vamos a arreglar las máquinas como podamos y seguimos»”.
“Nos llevó casi un año poner en marcha todo. Hubo proveedores que nos dijeron que cuando empezáramos, recién ahí íbamos a pagarles lo que les debíamos. Un gerente de un banco nos dijo que nos iban a cubrir todos los cheques porque sabían que íbamos a volver a arrancar. Esas cosas fueron las que nos hicieron seguir. Eso nos marcó, porque dijimos que si pasábamos ésa, pasábamos cualquier cosa”, afirmó.
Entre las mayores dificultades que encontró la firma a lo largo de su historia, los vaivenes económicos del país fueron una constante. “Por más buena voluntad que uno tenga no los puede manejar”, dijo Calcopietro y añadió: “Hubo años en los que había créditos y podíamos crecer, mientras que hubo otros en los que no. Y para las pyme y las empresas familiares es fundamental contar con créditos, sino no crecemos. Sólo dependemos de nuestro trabajo, porque no tenemos aportes externos de ningún tipo. Si no tenemos políticas de crédito, a las pyme nos planchan. Hoy una máquina cuesta entre 200 y 400 mil pesos como muy barata. Si no tenemos crédito, no podemos acceder a ellas”.
La propietaria de la firma santotomesina sabe de lo que habla, porque le tocó vivir esa historia en carne propia. “La primera máquina –acotó– la compramos a los 15 años de empezar a funcionar, a una tasa del 5% anual con prenda de máquina porque no teníamos garantía. Por eso, en la medida en que las políticas económicas te ayudan, la pyme puede crecer, puede dejar de ser un proyecto artesanal para ser una empresa pequeña”.
Una nueva etapa
La impronta innovadora que llevó a la empresa a ser una de las primeras en elaborar gelatinas listas para consumir, también les permitió incursionar en otra rama de los productos alimenticios. Quizá eso se resuma en la siguiente frase de Calcopietro: “No nos quedamos con una idea, sino que nos vamos adaptando al mercado”.
“Nos sentimos capacitados para hacer productos nuevos. Estamos en esa etapa de adaptar los productos que hacemos, y generar otros nuevos, acorde al mercado. Hoy la tendencia es a no elaborar más nada porque las mamás no tienen tiempo. Por eso estamos apostando a los productos funcionales, que son los que tenés que agregar algo, batís y ya está”, aseveró.
En ese sentido la firma desarrolló una gran línea de productos en polvo que distribuyen a casi todo el país y que también comercializan en escuelas, a empresas de catering y restoranes. Actualmente están produciendo 100 mil unidades en total de los diferentes productos que elaboran y tienen una capacidad productiva mucho mayor que intentarán aprovechar para cuando tengan la oportunidad de exportar.
Sin embargo, hoy la empresa está en un proceso de profundo cambio donde está intentando adaptar sus productos a una demanda puntual que creció mucho en el último tiempo. Ahora apuntan a certificar a sus productos y a la empresa como libre de gluten.
“Nuestros productos son libres de gluten porque no utilizamos nada que tenga gluten. Pero para certificarlos hay que trabajar, hacer manuales de buenas prácticas nuevos, hacer analizar los productos. Estamos trabajando seriamente en ese camino. Hay un mercado que los está necesitando”, aseguró.
“Son personas como nosotros que van al médico, le diagnostican una enfermedad muy seria como la celiaquía y, de pronto, se les terminó la posibilidad de comer trigo. Y son muchas cosas las que se hacen con trigo. No va más la pizza con los amigos, los sandwichitos. Vas al supermercado y te encontrás con una góndola repleta de productos, todos con gluten. Es responsabilidad de las empresas que hacemos productos sin Tacc, certificarlos para que esas personas sepan que están libres de gluten.
Es una decisión política de la empresa para que esa gente pueda consumir nuestros productos tranquilamente”, expresó.
Un proyecto de la Región Centro
Calcopietro asegura que la tecnificación les permitió no estar tan abocados a la producción y tener más tiempo para pensar nuevos desarrollos. De esa manera, hace unos años, llegaron a registrar una marca que se llama Corredor Centro. “Siempre promovimos la unión de empresas y nunca nos habían dado bolilla, pero ahora sí la gente se está uniendo. La idea es juntar empresas de tres provincias para potenciarlas. Hablamos con empresarios y propusimos poner alfajores santafesinos y cordobeses juntos y como Entre Ríos no tiene su alfajor, la sumamos con un producto muy regional como el mate. Vamos a poner tres alfajores de cada provincia y un mate entrerriano, para vender donde quieras. En los festivales, en una vinoteca, en una regalería, en las fiestas provinciales”, describió.
“Éste es un proyecto que está en marcha y que pronto va a salir al mercado. Nosotros somos generadores de la idea y unimos a las empresas. De esa manera pueden surgir muchas otras iniciativas como una mermelada con frutas de las tres provincias, un dulce de leche y una miel entrerriana. Lo importante es que generamos una idea y a los empresarios les gusta”, añadió.
Luego apuntó: “Hace semanas estuvimos en Entre Ríos con gente que siembra canola, que es una flor amarilla de la que salen semillitas que se prensan y se puede obtener aceite de canola que tiene 11 veces más de omega 3 que un aceite de oliva. Ése es otro producto que se puede sumar. Estamos participando de rondas de negocios permanentemente. Es muy importante poder sentarse a generar ideas junto a otros empresarios, porque es un ejemplo para las generaciones que vienen”.
Hoy la firma santotomesina distribuye sus productos a casi todo el país y aprovechará esa estructura comercial para potenciar su nueva iniciativa del Corredor Centro. Innovación permanente, apertura comercial y mucho coraje, los ingredientes básicos de esta firma de Santo Tomé.