Tierra fértil, en el barrio elegido por los buscadores de oportunidades
Decenas de argentinos provenientes de otras provincias e inmigrantes llegaron a Pompeya con la esperanza de un hogar y un empleo; y allí los encontraron. Muchos subsistieron con sus propias quintas.

Domingo 08 de Diciembre de 2013

La primera vivienda del barrio Pompeya Oeste se encontraba en Peñaloza y French y fue construida por los hermanos Luis y José Zamarro en 1906. Seis años después ambos decidieron vender esos campos a quienes extendieron las vías del ferrocarril en esa zona.

Según una breve reseña histórica elaborada por colaboradores de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya; en 1941, el entonces intendente de Santa Fe, Francisco Bobbio, adquirió estas tierras; y su madre insistió en identificarlas con el nombre de la Virgen de la cual era devota.

El barrio comenzó a poblarse con humildes ranchitos y casas entre 1948 y 1950. Conocedores de la tierra fértil, a esa zona llegaron muchos inmigrantes latinoamericanos y europeos, como también argentinos provenientes de otras provincias, tales como Chaco y Corrientes. Allí se multiplicaron las quintas, la mayoría de ellas para el autoabastecimiento familiar; y hornos de ladrillos.

“En 1959, la casa que fuera de los hermanos Zamarro y el terreno que la cercaba, fue donado al Obispado de Santa Fe por María y Francisco Bobbio”, destaca la reseña histórica.

Ese inmueble se convertiría en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya, que fue reconocida como tal en 1960. La propiedad fue entregada a los sacerdotes del Verbo Divino de la ciudad de Esperanza.

En diálogo con Soy de, Carmen Floriani –quien trabaja desde hace 20 años en la parroquia y vive a escasos metros de la misma– recordó: “En esa época, mi papá buscaba en sulky a los sacerdotes en Esperanza, los dos primeros que fueron Federico Mayer y Antonio Wagner, para traerlos a dar misa o venían en colectivo hasta Blas Parera y ahí se iba alguien a buscarlos con una chata tirada por caballos”.

El uso de los animales como transporte tenía su razón de ser: “En esa época, cuando yo era chica, Gorriti era un zanjón gigante y al lado había una calzada toda de barro. Salíamos arremangados hasta la rodilla hasta Estanislao Zeballos, donde pasaba la Línea 1 para ir al centro. Teníamos que lavarnos los pies antes de subir al colectivo”, relató Carmen.

Y agregó: “Muchas se llevaban una botella de agua limpia para lavarse los pies, pero si no, los vecinos siempre te prestaban para limpiarte. El barro te llegaba casi a las rodillas”.

—¿No llegaba ningún otro transporte a la zona?

—Tiempo después, hará unos 40 años, empezó a llegar una línea que se llamaba Pompeya, pero te llevaba hasta Don Bosco (Zuviría y Zeballos) y ahí teníamos que hacer transbordo a la Línea 1 para ir al centro.

El crecimiento

“Hasta Gorriti eran todos campos y en el medio había callecitas finitas. Teníamos la avenida Peñaloza, pero en ese entonces tenía un zanjón muy profundo en el medio y era toda de barro”, contó Carmen.

—¿Cuándo llegó el mayor crecimiento poblacional?

—Primero había ranchitos. Después se empezó a poblar cerca de Peñaloza. Había muchos ranchitos y alguna casita. De a poco llegó alguna panadería. La gente era muy amable, todos se ayudaban entre sí. Había gente de muchos lugares, muchos inmigrantes de Italia, por ejemplo.

—El barrio creció, cruzó la vía (que divide Pompeya Oeste de Nueva Pompeya) y se pobló, ¿ocurrió lo mismo con la infraestructura?

—En algunos servicios sí, en otros no. Tenemos agua potable y electricidad. Estamos peleando por el gas natural, que todavía está del otro lado de la avenida. Cloacas en el barrio no hay, sólo en la avenida. Los demás servicios, como el cable y la telefonía sí tenemos. Colectivos hay distintas líneas.

Si bien los reclamos existen, tanto Carmen como muchos otros vecinos volverían a elegir Pompeya como destino: “A mí me gusta mucho el barrio. Quisiera que tuviésemos una plaza, por ejemplo. Pero lo mejor es que hay mucha buena gente”.

Los límites

Si bien se encuentran separados por la vías, estos dos barrios conforman un único bloque. Desde la formalidad, de todas maneras, los límites existen. El barrio Pompeya Oeste finaliza al norte en el ángulo formado por la avenida Peñaloza y las vías del Ferrocarril Belgrano; al sur, 12 de Infantería (vereda norte); al este, las vías); al oeste, avenida Peñaloza (vereda este).

Nueva Pompeya limita al norte con Florencio Fernández (desde las vías a Doctor Zavalla) y Gorriti (desde Doctor Zavalla hasta Simón de Iriondo); al sur, 12 de Infantería (desde las vías a Simón de Iriondo); al este, Simón de Iriondo (desde 12 de Infantería a Gorriti) y Doctor Zavalla (desde Gorriti a Florencio Fernández); y al oeste, las vías del ferrocarril desde 12 de Infantería hasta Florencio.

Para ambos barrios, la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya es parte de su historia. Y tiene también una particularidad. Los sacerdotes del Verbo Divino, o verbitas, que son quienes la llevan adelante son misioneros que rotan por el mundo.

Se quedan algunos años y siguen su viaje hacia su siguiente destino. En estos momentos, hay tres de estos sacerdotes en Pompeya: Julián Mujur (de Indonesia), Akuila Taliaulí (de Tonga) y Wieslaw Wisniewski (de Polonia).

Don barrios

Dolores Barrios tiene 87 años y es uno de los vecinos más famosos de Pompeya. Lo conocen como Don Barrios. De origen correntino, el hombre escapó de la pobreza de sus tierras cuando tenía 30 años. Con tres hijos y su esposa llegó a Santa Fe en una búsqueda desesperada de trabajo.

Sentado detrás de los rombos del alambrado de su casa, a metros de avenida Gorriti, radio en mano y pies sobre un balde, mira pasar a sus vecinos, a los chicos con bicicletas en medio de la calle de tierra y, de manera intermitente a su perro, aunque el animal no demuestra intenciones de moverse de su lado.

“Cuando yo me mudé con mi familia acá no había nada, era todo campo, quintas. Entré a trabajar en el Jardín Botánico, que en ese entonces era el Vivero Municipal. Me hice mi propia quinta, para producir lo que nosotros consumíamos, no para vender”, relató Don Barrios.

—¿Y sus vecinos más cercanos?¿Quiénes eran?

—En esta zona había mucha gente que venía de otras provincias, como yo. Muchos tenían hornos de ladrillos, pero la mayoría había armado quintas.

—¿Qué es lo que más le gusta del barrio?

—Todo me gusta, todo. Éste es mi lugar.