Tras el desarraigo, el valor de echar raíces y arrancar de nuevo
 Yapeyú nació como Barrio de Emergencia y, a diferencia de los demás sectores de la capital, con el traslado de familias por la fuerza. Desde la mayor pobreza y dolor, los vecinos lograron que su tierra florezca y dé sus frutos.

Sábado 08 de Marzo de 2014

 “Nos trajeron amontonados en camiones, de madrugada, el 17 de febrero de 1953. Había una tormenta terrible, mi marido nos tapaba con una lona. No había nada cuando llegamos, era todo campo. Habían traído vagones para poner a toda la gente y había un galpón largo también, donde ahora es la avenida 12 de Octubre entre Neuquén y Santa Cruz. A nosotros nos trajeron del barrio San Lorenzo. Vivíamos en 3 de Febrero y Lamadrid”, relató a Soy de la abuela Negra, como conoce todo Yapeyú a esta fundadora del barrio.

“Acá no había quintas ni nada. Eran todos chircales. Sólo veíamos gente del barrio Sierra Chica, unas cuatro manzanas por avenida Santa Fe. Éste era el Barrio de Emergencia, antes de llamarse Villa Yapeyú”, recordó.

Las hermanas Nidia y Rosa Salva llegaron a Yapeyú días antes de que arribara la abuela Negra, en enero de 1953. Ellas, junto a sus cinco hermanos, su padre y su madre, integraron la primera familia que se radicó en el barrio. Su arribo fue similar al de los demás fundadores: “Vinimos en los camiones de los soldados a vivir a un rancho que era muy parecido al que teníamos allá en el sur. Había muy pocas casitas. Teníamos que buscar el agua a unas cuadras y en toda esta zona había cavas”, recordó Rosa.

Omar Soria, otro de los primeros vecinos de Yapeyú, se acercó a dialogar con Soy de. Hace casi siete años, Diario UNO lo entrevistó en homenaje a su honestidad. El entonces trabajador del Cobem –hoy jubilado– encontró, en julio de 2007, un sobre con dinero al ponerse una campera equivocada y lo devolvió a su dueño más tarde sin siquiera contar los billetes. Días después de la nota, el intendente de ese momento, Martín Balbarrey, le entregó un reconocimiento.

“A nosotros nos sacaron de San Lorenzo porque dijeron que donde vivíamos iban a hacer un zanjón. Pasaron 60 años y todavía no se hizo. Hoy es un basural”, contó Soria, a quien también trasladaron en camiones en medio de la madrugada.

La abuela Negra explicó cómo comenzó a edificarse la zona: “Empezaron a traer a los presos de Las Flores y ellos hacían las viviendas. A medida que llegaba la gente se iban haciendo las casitas”. En dos o tres manzanas del barrio se ubicaron las que fueron las familias fundadoras, quienes todavía permanecen allí mismo.

—¿Cómo hacían en esos primeros años para acceder a comercios y servicios?

Abuela Negra: Para ir a tomar un colectivo había que llegar hasta Blas Parera. El colectivo más cercano para ir al centro pasaba por el Hospital Psiquiátrico. Ahí venía la S, la única. Eran todas arboledas y tierra. Los días de lluvia no se podía salir a ningún lado.

El padre Antonio

Desde los primeros años, la historia del barrio estuvo atravesada por la llegada del padre Antonio Rodríguez, a quien muchos consideran su fundador. “Llevó a la capilla a toda la muchachada que estaba en la calle. Nos enseñó catecismo. El padre trajo los colectivos, habló directamente con el dueño de la empresa que no quería saber nada porque decía que íbamos a romper los vidrios. Él les dijo que pruebe que se iba a llevar una sorpresa. Y así fue. La línea se llamó Ceferino Namuncurá”, comentó Blanca, otra de las vecinas más antiguas, que llegó de Barranquitas tras la inundación de 1962.

El padre Antonio fue el primero en presidir la iglesia parroquial Virgen de los Pobres. Su preocupación por las familias de los barrios “orilleros” –así los llamaba él– lo llevó a crear, en la década del 40, la institución Obra de Barrios.

Si bien trabajaba con varios sectores de la capital provincial, con el correr del tiempo y la multiplicación de carencias, tomó como sede el Barrio de Emergencia, que por decisión del Estado comenzó a construirse en 1953, luego del traslado de decenas de familias a terrenos municipales.

Eran cientos de personas provenientes de la Boca del Tigre, del barrio San Lorenzo, y de distintos espacios ubicados sobre la costa del río Salado. Como relataron los vecinos, todos llegaron a un espacio sin trabajo, sin servicios de ningún tipo, sin asistencia sanitaria, comercios ni nada que se asemejara a la realidad de los barrios céntricos de la capital. Ladrillo a ladrillo, los primeros habitantes edificaron las 120 casitas iniciales con las cuales se dio a luz a esta zona.

La lista de necesidades fue el punto de partida para el trabajo de Obra de Barrios, que en primer lugar peleó por seis canillas públicas; después por la energía eléctrica, un puesto sanitario y más viviendas. A medida que creció la población, llegaron el Correo, los teléfonos públicos y un destacamento policial. En 1956, el Barrio de Emergencia cambió de nombre y pasó a llamarse Yapeyú.

Avances

En 1957, el entonces intendente santafesino José Busaniche cedió terrenos municipales para la construcción del actual complejo educacional comunitario Ceferino Namuncurá. La edificación de la primera escuela fue un paso fundamental para los vecinos de la zona.

Pocos años después, en 1962, se inauguró la Escuela Técnica Particular Nº 25, donde se dictaban cursos de carpintería, corte y confección y tejido, que brindó a los mayores oportunidades de una salida laboral.

En 1966, luego del desborde del río Salado, más de cien familias evacuadas fueron trasladadas a los vagones de los viejos tranvías que, tras la construcción de viviendas, habían quedado abandonados en la avenida 12 de Octubre.

Con el tiempo y una población en crecimiento, comenzaron a funcionar también la escuela primaria nocturna Nº 159 para adolescentes y adultos; el jardín de infantes particular Nº 215; la biblioteca pública; la escuela primaria particular incorporada Nº 225 y el jardín maternal.

Las décadas transcurrieron y con ellas surgieron también otras instituciones, como la vecinal Ceferino Namuncurá y distintas organizaciones no gubernamentales que desarrollaron numerosas tareas sociales para el barrio.

El término Yapeyú viene del idioma guaraní y significa “fruto maduro”. Quizás en los últimos años y gracias al empeño de los propios vecinos, este barrio logró crecer y afirmarse en su madurez; ahora sólo falta que se atiendan las necesidades más urgentes vinculadas con los servicios esenciales y la seguridad, urgencias que dependen en forma exclusiva del Estado.

Sin dudas, estas carencias tan notorias cuando se compara a esta zona con otras de la ciudad de Santa Fe no hacen mella en el amor que sienten los habitantes de este barrio por todo lo que consiguieron con sus propias manos.

La abuela Negra lo sintetiza de buena manera: “Mi barrio es lindo. Mis vecinos, mi gente de siempre. Yo soy abuela de todos acá, chicos y grandes. Todos se criaron como mis nietos. Éste es un hermoso lugar de la ciudad”.