Domingo 28 de Abril de 2013
Gabriela R. Albanesi
Diario UNO de Santa Fe
¿Cuál es el valor de una chapa y un viejo tablón de madera? La respuesta depende de la urgencia. Para Carlos Bordón, sus hijos y varios de sus vecinos de barrio Santa Rosa de Lima, significó la diferencia entre la vida y la muerte.
El 29 de abril de 2003, cerca de las 22, el agua ya había cubierto la casa de Carlos, un conocido peluquero del populoso barrio que vive en la intersección de calles Alfonso Durán y Arenales, a menos de 500 metros de la avenida Circunvalación. Horas antes, su casa se había convertido en una especie de búnker para toda su familia, como tenía un primer piso y creyeron que el agua no iba a llegar tan alto, habían trasladado hasta allí sus pertenencias más valiosas.
La historia de Carlos y sus hijos, quedó plasmada en un foto que sacó el reportero gráfico de Diario UNO, Manuel Testi, el 30 de abril de 2003. La imagen muestra a Hernán, que por entonces tenía 19 años, en el techo de la casa, mientras que Luis, el hijo más chico de Carlos, que en aquel momento tenía 15, es el que está en la canoa.
En el medio de la nada
“Creo que el momento del pico del agua, fue cerca de las 6 (del 30 de abril). Habíamos pasado la noche arriba de unos tablones, sobre el techo y el agua había superado los 5 metros. Estábamos sumergidos hasta la cintura. De esa no salíamos”, recordó Carlos Soto. Entonces, el instinto de supervivencia agudizó el ingenio. Con un chapón, que había sido parte del techo de la casa de un vecino, armó una especia de canoa. Los hijos lo ayudaron a doblar la hoja y lo terminaron con un tablón de madera que en otras épocas había sido la mesa que juntaba a la familia en los asados del domingo.
“Esa canoita nos salvó la vida a nosotros y a muchos chicos del barrio. Sacamos a mucha gente. Pensá que estábamos inmovilizados, en el medio de la nada, rodeados de agua. No teníamos agua ni comida, y todavía no entraban las lanchas de rescate a la zona. Fue nuestro medio para movernos”, agregó. “Con esa canoa anduvimos como tres semanas”, recordó Luis, entre risas. Pero su mirada sobre la tragedia ya no es la de un adolescente. “En aquel momento no dimensioné lo que había pasado. El 29 de abril lo pasé ayudando a mi hermano y a mi viejo. No me di cuenta inmediatamente de lo que significaba perderlo todo. No sé cómo sobrevivimos a todo eso. La primera noche que pasamos en el techo pensé que nos moríamos todos. Recuerdo que estábamos tan abrumados y con el cuerpo tan cansado. Y estábamos solos.
“Nos enteramos –continuó– que pusieron las bombas cuando el agua estaba por llegar a Casa de Gobierno. Estábamos tan desolados. Cuando el agua bajó, fue empezar todo de nuevo. Desde comprar una taza para tomar el mate cocido hasta las cosas más caras, como una heladera. Pero al final, lo material se recupera. Lo que no vuelven más son las vidas que se perdieron. El paso del tiempo no te devuelve los muertos. Hoy caen dos gotas de lluvia y aun sentimos miedo de que vuelva a pasar”.
“Ya no dormimos cuando llueve”
“Se corría el rumor de que se venía el agua, pero ¿cómo se puede aceptar algo así? El 29 de abril, salí de mi casa y fui hasta la autopista. Cuando vi que los camiones ya no podían pasar, por la cantidad de agua cargué todo lo que pude en el auto y me fui a la casa de mi viejo, que queda en una zona más alta del barrio. Pero fue inútil. A la noche ya estábamos tapados”, contó Hernán.
Y siguió: “Lo que recuerdo es el miedo que sentí esa noche. Los gritos que cortaban el silencio, el frío y la incertidumbre. Cuando salió el sol, estábamos los tres sentados en el techo, mirando la nada, porque era todo agua, y a mi viejo se le ocurrió armar la canoa. Salvamos muchas cosas y sobre todo sacamos a muchos chicos del barrio que estaban en los techos. El vecino al que le sacamos la chapa estaba un poco enojado al principio, después le explicamos y lo entendió. Eso es lo que rescato de todo lo que pasó, la unión con la gente. Pasaron 10 años de ese día y recién ahora puedo volver a hablar sin quebrarme. Lo que no se va es el temor. Ya no dormimos cuando llueve”.