La 119ª Peregrinación Arquidiocesana a la Basílica de Guadalupe tiene este año un sentido especial porque se cumplen 90 años de la coronación pontificia de la imagen de la Virgen de Guadalupe que tuvo lugar el 22 de abril de 1928. Un evento multitudinario que convocó a fieles de toda América y que no pasó inadvertido en el mundo.

La corona de oro y piedras preciosas que se realizó en ese momento gracias a las donaciones de los fieles, representaba el valor espiritual de su devoción. Pero los enfrentamientos políticos y religiosos, en 1980, llevaron al robo de esta joya que nunca más se encontró. Hoy la corona ya no está, pero su sentido sigue vivo en los peregrinos que año a año llegan a la Basílica 15 días después de Pascua.

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Una gran celebración

"A veces no llegamos a tener la dimensión de lo que significó esa celebración hace 90 años. Pero fue algo que apareció registrado no solamente en los diarios de la zona sino a nivel nacional, incluso el Observatorio Romano, que es el diario oficial del Vaticano, sacó un artículo presentando las grandes celebraciones que se dieron con motivo de esta coronación de la Virgen", contó a UNO Santa Fe el sacerdote Olidio Panigo, párroco de la Basílica de Guadalupe.

Recordó que hasta la intendencia de Santa Fe se sumó a la fiesta y destinó los fondos necesarios para la finalización de las obras del estrado ubicado fuera del templo. "En ese momento se estableció que la ciudad, por tres días, iba a tener una iluminación de fiesta. Era algo extraordinario y se iluminaban algunas calles de la ciudad como San Martín, General López". "Calle Javier de la Rosa, que era de tierra, fue asfaltada desde las vías de trenes hasta la Basílica para que la gente pudiese trasladarse con mayor tranquilidad", comentó Panigo.

Llegó para ese día una multitud de fieles a la ciudad y hasta hubo una peregrinación que llegó desde México. "Fue algo muy llamativo de una gran concentración de gente. Las líneas de trenes tuvieron que poner horarios especiales por la gran demanda de pasajes que tenían. Hubo una peregrinación que vino desde México, cuna del fervor guadalupano. "En ese momento monseñor Boneo envía cartas de invitación a obispos mexicanos, pero muchos de ellos contestan estando exiliados porque en ese momento ahí la Iglesia era perseguida. Así que los que vinieron fueron laicos", explicó el párroco. Fueron ellos los que trajeron, entre otros regalos, "la famosa bandera" que se puede observar hoy en el interior de la Basílica, del lado oeste.

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No era solo una corona de oro

La corona que se le colocó durante la celebración a la imagen de la Virgen de Guadalupe fue una pieza de oro y piedras preciosas que habían sido recolectadas de ofrendas voluntarias. Según explicó Panigo, "no se podía hacer rifas ni cenas, para que lo donado partiera del corazón de las personas, no de algo organizado". La recaudación fue tal que lo recolectado se usó para la confección de la corona, el arco de rayos, la plaqueta y las medallas que se entregaron a las personalidades invitadas.

"En principio se pedían donaciones para la Corona, pero fue tanto lo que se recaudó que se hizo también una rayera con las nubes, incluso el pedestal. Esto lo hizo un orfebre en Buenos Aires", indicó el religioso.

El robo de la corona

La corona y las piezas de valor eran colocadas en la imagen de la Virgen solo para las fiestas y durante el resto del año solo llevaba réplicas de los originales que por su gran valor económico eran guardados con cuidado. Pero un 31 de mayo de 1980, "delincuentes"se la llevaron junto a otros elementos de gran valor.

El cura contó que "ese día era el cumpleaños del Padre Trucco, fue algo muy doloroso para él. A los pocos días llegó una carta con algunos de esos objetos y el robo se lo adjudicaba un movimiento católico argentino en contra del Comunismo que pedía como condición para devolver la corona de la Virgen de Guadalupe la renuncia a Monseñor Zazpe, quien en ese momento estaba muy comprometido en la defensa de los presos políticos y era alguien que por algunos no era muy aceptado". El arzobispo no renunció, "sino que recibió el apoyo de los sacerdotes y feligreses y la corona nunca apareció. Aquellos que han seguido el tema más de cerca dicen que nunca se hicieron los esfuerzos suficientes como para poder esclarecer este hecho que fue un golpe duro en ese momento, un momento del país complicado, un momento de Iglesia también difícil".

Símbolo de la la fe y el amor

Así es que la corona original ya no está, pero el parroco Panigo elige señalar que "la corona simboliza y simbolizaba el amor y la fe de los fieles hacia la Virgen de Guadalupe y eso es lo que seguimos teniendo".

"La corona sigue estando y la seguimos haciendo en cada Fiesta de Guadalupe cuando nos reunimos para manifestar nuestra fe, nuestra devoción y nuestro amor por la Virgen de Guadalupe", concluyó.