Sábado 08 de Octubre de 2022
Isondú significa bichito de luz en guaraní. El nombre del jardín de infantes se decidió en asambleas barriales de trabajadores de la economía popular. En la organización Nuestramérica vieron la necesidad de brindar una solución a mujeres que salían junto a sus hijos e hijas a buscar el sustento de la familia. Así, desde 2017 comenzaron a llevar adelante un espacio de cuidado, primero, en una plaza de barrio Los Hornos. Cuando la cantidad de niños y niñas creció y se vieron en la necesidad de infraestructura e institucionalidad se instalaron en barrio Escalante por varios años. Hoy están en un edificio de dos pisos en el corazón de Guadalupe Oeste donde también funcionan otros dispositivos educativos.
A pulmón, once trabajadoras gestionan el jardín comunitario al que asisten alrededor de 18 menores de entre nueve meses y tres años. Son trabajadoras sociales, educadoras populares, docentes de Nivel Inicial, psicólogas, terapistas ocupacionales y comunicadores sociales. La mayoría de las familias que buscan los servicios de Isondú son de los barrios Coronel Dorrego, Guadalupe Oeste, Chaqueñada, El Chaquito, Barrio Escalante, Belgrano y Los Hornos.
El espacio forma parte de La Colmena, un polo educativo que nació en pandemia y que contiene cuatro dispositivos: el jardín comunitario popular Isondú, el bachillerato popular, la Escuela de Psicología Social Vicente Alemán y el programa Alfabetizar. Además trabajan de manera articulada con Red Puentes, que es para personas con problemas de consumo de sustancias. El lugar, al que asisten bebés, niños, niñas, adolescentes, adultos y adultas, está ubicado en Javier de la Rosa 1398. Es una casa adaptada que fue alquilada con mucho esfuerzo, ya que durante largos meses no encontraban un locador predispuesto a entregar el inmueble para esas actividades específicas.
Victoria García y Desiré Stival son coordinadoras del Jardín Isondú y forman parte de la estructura de La Colmena. "Sabemos que por Ley no es obligatorio la edad de nueve meses a tres años a que estén escolarizados. Es algo que venimos cuestionando, repensando. Porque son las edades en que la familia necesita salir a laburar y no tienen donde dejar a sus pibes. Es real que por el Ministerio de Educación no está reconocido y en la Ley de Educación no entran esas edades. Para nosotras es un obstáculo a la hora de poder pensar en darle legitimidad a este espacio como jardín", describe Stival en diálogo con UNO.
"La profe siempre te cree", es uno de los carteles que se pueden leer pegados a las paredes del jardín, que está repleto de juegos. Cuentan con un espacio en común donde hay una biblioteca, y dos salas para diversas actividades. Además hay una cocina y comedor donde se brindan las copas de leche y otros alimentos. También hay dos patios pequeños.
"Los espacios que hay públicos y gratuitos no cubren con la demanda real. De hecho hacemos articulaciones con esos lugares para que puedan venir acá. O cuando a nosotras se nos va el cupo y no sabemos qué hacer con esos pibes porque realmente el espacio nos quedó chico, entonces coordinamos", cuentan las trabajadoras de la educación popular a este medio.
En esa línea, Victoria reflexiona: "Las opciones son los jardines municipales o los jardines privados. No hay otras opciones. Nosotras dentro de la lógica del espacio, es totalmente gratuito acá. Damos el desayuno y el almuerzo. El costo de un jardín privado hoy en día es bastante inaccesible".
Educación popular
Al ser consultadas sobre qué es la educación popular para quienes conforman Isondú, Victoria y Desiré explicaron a este medio: "Es en relación a lo que son las escuelas tradicionales o la educación bancaria, tiene que ver con que acá no hay alguien que sabe más que otro. Eso es algo que venimos practicando hace un montón de tiempo porque todas las personas que estamos acá estamos atravesadas por la educación tradicional. Entonces fue repensar lo que conocemos. Nos replanteamos nuestras prácticas como educadoras y como profesionales. Pensamos cómo podemos nosotras brindar una educación popular de calidad para esos pibes.".
"Nos preguntamos qué es lo que no nos gustó de nuestro paso por la escuela, o cómo nos hemos sentido frente a esa educación. Y creo que la educación popular es ese intercambio de saber y experiencia que se puede dar desde distintas generaciones, no solamente a quienes estamos formando por así decirlo, sino también cuánto aprendemos de los pibes, de las familias. Y es un intercambio de saberes", cuenta Victoria.
Y agrega: "Es el concebir al niño o niña como un sujeto político y de derecho real, y que les niñes que llegan acá consideramos que son capaces de tomar decisiones. Es nuestra tarea adulta, el escucharlos y el poder dar una respuesta a eso. No es que a tal hora es la hora del descanso. A ver, si un niño llega con sueño y llega medio dormido, duerme hasta que se levanta. No es porque viene acá obligatoriamente tiene que estar despierto o solo se duerme de 9 a 10. No todos están haciendo la misma actividad en el mismo momento acá".
Por su parte Desiré detalla que en Isondú elaboran grupalmente que cada pibe tiene su proceso, su camino, su desarrollo. "Apostamos a poder escuchar y ver que podemos aportar en ese momento en que se encuentra cada pibe. Porque sino, pareciera que todos los pibes de 9 meses a 3 años tienen que hacer determinadas cosas. Y si bien sabemos que hay algunas cuestiones que son necesarias y que son importantes, también los contextos en los que trabajamos son tan diversos que cada uno tiene su propio camino. A poder acompañar cada una de esas niñeces y para nosotros eso también es la educación popular. Es entender que el otro tiene otra realidad, otro desarrollo y que podamos empatizar con eso y acompañar desde ese lugar. Corrernos de nuestra mirada adultocentrista y de exigirle al pibe que cumpla con determinadas cosas".
Las salas de Isondú no están divididas por edades específicas, sino que son propuestas en simultáneo donde cada persona puede elegir donde estar. "Hay niñeces que arrancaron el jardín este año con 10 meses y quieren estar en el mismo momento en la sala donde están les niñes de tres años. Ahí está el ver cómo se van complejizando las actividades. La propuesta es ver cómo cada cual con sus particularidades van haciendo o no. Es un desafío para nosotros también", agrega Victoria.
Cuidado para la libertad
"Bancamos que las familias puedan salir a laburar, hacer algo recreativo o terminar sus estudios. Que puedan hacer otras cosas que no sea específicamente criar a sus hijos", explica Desiré sobre el espíritu de Isondú.
Dicen que la repercusión de su trabajo comunitario se ve sobre todo en las madres. "Son quienes están al cuidado las 24 horas del día. Entonces también laburamos desde esa perspectiva. El espacio está para que de lunes a viernes sus hijes vengan de 8.30 a 12.30 acá. Que puedan desprenderse de sus hijes, que puedan terminar la escuela. Generalmente una de las ideas es que acá funciona el bachillerato, les ofrecemos esta opción o la escuela de psicología social. Para que conozcan el espacio", agrega Desiré.
Por su parte Victoria destaca que en la ciudad de Santa Fe hoy las opciones de jardines hoy son municipales o los privados. Desde el jardín comunitario, con la lógica de educación popular, acompañan además situaciones de violencia, trámites de asignaciones, y todo lo que vaya emergiendo en el grupo familiar. "Hacemos asambleas de familias una vez al mes. También tenemos todas las semanas una asamblea de equipo que es donde discutimos algunas cuestiones que están ligadas a lo que va surgiendo en el cotidiano del espacio y que son necesarias laburar. Desde lo pedagógico hasta lo que hay que resolver de la casa, todo los administrativo", cuenta Desiré.
En La Colmena hay un equipo de familia desde donde se brinda espacios de escucha para las mujeres vinculadas a alguno de los dispositivos. "Estamos en las necesidades particulares de cada una, o en procesos de separación, de transiciones. O que llega un hermanito o una hermanita. Laburamos desde la perspectiva de género y diversidad, y eso también permite otra llegada de la población, otra mirada. Tiene muchas resistencias también en algunas personas y en otras tiene una llegada que es un lugar amigable para estar, pasar, poder sentarse y contarnos qué está atravesando esa familia o qué le está pasando a esa persona", describe Victoria.
En los últimos años acompañaron a muchas familias de dos mamás, que venían de otras instituciones donde los procesos de adaptación no fueron fáciles. "Hemos acompañado a una familia en donde se detecta una situación de un diagnóstico de autismo, donde para ellos fue súper doloroso y un proceso donde las instituciones a veces no son tan amigables y se dan diagnósticos apresurados. Entonces acá con el equipo hemos hecho acompañamiento muy de cerca a ese grupo familiar. Desde brindarle otra mirada acerca de algunas cuestiones que estaban más ligadas a profesionales que daban diagnósticos y decir bueno vamos por acá o por allá. Se puede consultar en otro lado. Darle información necesaria de que las escuelas tienen que recibir esos niños. Hemos sido referentes en acompañar ese proceso", recuerda Desiré.
También siguen situaciones particulares, como de violencia. Articulan con algunos lugares del Estado para que se siga acompañando, pero "por ahí nos cuentan más cosas de nosotras que a otros espacios", dicen las trabajadoras sociales. "Ni hablar de quienes pudieron terminar la escuela que para nosotras es también como, bueno, cumplimos con algo, pudimos acompañar ese proceso. Ni hablar de los pibes cuando se van de acá. Tenemos ese sentido de pertenencia, tenemos dos familias particularmente que pasaron una de sus hijas por acá y ahora viene otra. Y eso también nos muestra que hay algo de esa educación que construimos que claramente queda en en las familias. Nos siguen eligiendo por eso".
Bichitos con futuro y sueños
Hoy Isondú proyecta el reconocimiento oficial del espacio por el Ministerio de Educación. "Sabemos que tiene su complejidad. Es loco pensar que somos un espacio de educación, como lo es el jardín, pero nosotros no tenemos convenio ni con el municipio, ni con la provincia. Con quien sí tenemos convenios es con la Secretaría de Niñez. Nos hace un montón de ruido porque nosotras acá estamos brindando un espacio de Educación", comentan las educadoras populares.
Sostienen que tienen un proyecto político pedagógico. "Venimos peleando desde hace bastante tiempo un espacio de Educación. Tenemos trabas, por ahí no entramos en lo que es la Ley de Educación porque no es la edad obligatoria. Y más allá de si trabajáramos con niñas más grandes, es un espacio que es de gestión social porque acá no se cobra cuota. No es un espacio del Estado, entonces ahí también tenemos una complicación más", apunta Desiré.
Desde La Colmena en general, y desde Isondú en particular esperan en algún momento poder llegar al reconocimiento del espacio "porque todo lo que hacemos acá tiene una intencionalidad y esa intencionalidad está dada desde la pedagogía". Mientras tanto continúan con la labor social de educar, acompañar y sostener a Isondú para crecer. En un cartel de ingreso al establecimiento se puede leer: "Creemos que las infancias, como los isondúes, son fueguitos que nos abren el camino en la construcción del mundo que soñamos".