El director del CODE de Santa Fe, Jorge Coghlan, explicó los detalles del histórico sobrevuelo, la diferencia con las misiones Apolo y los desafíos que plantea el futuro viaje a Marte
13:09 hs - Martes 07 de Abril de 2026
La misión Artemis 2 de la NASA protagonizó uno de los momentos más esperados de su travesía: el sobrevuelo por el lado oculto de la Luna, con 40 minutos de silencio de comunicaciones incluidos. Para entender qué significa este hito y qué viene después, el programa Mañana UNO consultó al director del Centro de Observaciones y Difusión Espacial (CODE) de Santa Fe, Jorge Coghlan.
El lado que no vemos
Coghlan aclaró desde el principio un punto que suele generar confusión: el lado oculto de la Luna no es desconocido. "Está todo perfectamente documentado", precisó. La razón por la que siempre vemos la misma cara es que la Luna gira sobre su propio eje y alrededor de la Tierra prácticamente en el mismo tiempo, lo que permite observar desde nuestro planeta solo el 60% de su superficie.
El lado opuesto, explicó, tiene más cráteres porque funcionó como un escudo que absorbió mayor cantidad de impactos de materia interplanetaria durante la formación del sistema solar, hace unos 5.000 millones de años. También tiene menos de las manchas oscuras que Galileo llamó "mares", que en realidad son zonas de ceniza volcánica lunar. "La luna es un mundo gris, opaco", resumió Coghlan. Las imágenes de colores que circularon en redes no son reales: se obtienen con filtros especiales para identificar minerales del suelo lunar.
Un eclipse inesperado y física pura
Uno de los momentos más emotivos del sobrevuelo fue un eclipse de Sol que la tripulación pudo presenciar al salir del lado oculto. La Luna tapó al Sol frente a la nave, lo que les permitió estudiar la corona solar y el viento solar con imágenes de alta calidad y sin interferencia de la atmósfera terrestre.
Coghlan también destacó un dato técnico llamativo: durante gran parte del viaje no se usaron motores. "Fue todo física pura", dijo. La nave aprovechó la gravedad lunar para frenar, alejarse hasta unos 7.000 kilómetros de la superficie y luego regresar impulsada por esa misma atracción gravitatoria hacia la Tierra. Al ingresar a la atmósfera terrestre lo hará a unos 40.000 km/h, en un ángulo casi paralelo al suelo para frenar gradualmente, antes de amerizar en el océano Pacífico.
La entrevista completa:
No hubo años oscuros en la astronáutica
Ante la pregunta sobre si existió una "edad oscura" de la exploración espacial entre los años 70 y la actualidad, Coghlan fue categórico: "Para nada". Explicó que tras el programa Apolo, que movilizó a más de 400.000 personas y completó seis alunizajes con 12 hombres en la superficie, los recursos se redirigieron hacia otros proyectos igualmente relevantes: la estación espacial Skylab, el transbordador espacial con más de 100 vuelos en 30 años, la construcción de la Estación Espacial Internacional y el envío de sondas a todos los planetas del sistema solar. "Fue necesario frenar un proyecto para poder llevar adelante cientos de otros", sintetizó.
La nueva carrera espacial, según el especialista, tiene hoy un motor diferente al de los años 60: si antes el objetivo era ganarle a la Unión Soviética, ahora el foco está puesto en la competencia con China.
El sueño de Marte y sus obstáculos reales
Consultado sobre el proyecto de llegar a Marte, Coghlan fue realista sobre los desafíos. Un viaje de ida implica entre 9 y 11 meses, pero la dificultad mayor es la espera: como la Tierra y Marte tienen órbitas distintas, los astronautas deberían permanecer cerca de un año en el planeta rojo antes de que las posiciones sean favorables para el regreso. El viaje completo insumiría unos tres años. A eso se suman problemas médicos sin resolver, la exposición a radiación cósmica y solar, y el enorme desafío de contar con combustible suficiente para volver. "Más que ir, el gran problema es volver", subrayó.
Por eso, el paso previo es consolidar una presencia sostenida en la Luna, que serviría como base de entrenamiento y desarrollo tecnológico para misiones más ambiciosas. El proyecto Gateway, una estación espacial en órbita lunar, está sobre la mesa aunque todavía sin definición concreta.
Coghlan cerró la charla con la misma pasión de siempre e invitó a la audiencia a visitar el CODE, abierto todos los días a partir de las 19, para seguir de cerca los avances de una misión que, dijo, marcará un antes y un después en la historia de la exploración humana del espacio.