Jueves 30 de Mayo de 2019
La reportera gráfica Virginia Benedetto pasó un mes en Kurdistán entre milicias de mujeres, destrucción y un pueblo que renace. Le llevó tres años establecer, a través de los encuentros nacionales de mujeres, los contactos y coordinar el viaje a la zona de guerra. Desde la fotografía, buscó capturar las historias de las mujeres en el conflicto bélico, de la reorganización, la unidad y la alegría.
En su paso por Santa Fe, presentó la muestra "Soresa Jinê, la revolución de las mujeres" en la Legislatura santafesina que estará abierta hasta este viernes. Benedetto le relató a UNO Santa Fe sobre su travesía por el país asiático: "Quería conocer un proceso revolucionario y sabía que en Kurdistán estaban llevando adelante uno que estaba protagonizado por las mujeres y que tenía la intención de una transformación de la sociedad. No únicamente de la vida de las mujeres, sino de la vida de todos". Cabe destacar que Kurdistán es un pueblo étnico que vive en Siria, Iraq, Irán y Turquía.
—¿Cómo fue tu viaje?
—Estuve por el Kurdistán iraquí, el sirio, en las zonas de las montañas. La llegada es con un montón de expectativas que uno trae y cosas que uno piensa que va a poder hacer. Después la realidad es que hay cosas que se pueden y otras que no por el contexto de guerra en el que viven. La intención fue poder ver cómo traer la historia del movimiento kurdo, y de la revolución de las mujeres para pensar cómo narrarlo para que se comprenda. Trabajé todo el viaje en función de eso, en la medida que se podía por las limitaciones".
—¿Cómo es la organización de las mujeres, del pueblo kurdo?
—Las decisiones se toman en asamblea, por las bases. No se llaman en realidad "comisiones" pero tienen espacios de economía, de cultura, de educación, de salud, de prensa, de autodefensa, de diplomacia. Es como si fuera una especie de municipalidad y están conformados por la gente del pueblo. La economía está pensada para las necesidades del pueblo, no para generar riquezas. La educación está pensada para la formación de un pensamiento libre, considerando que hay muchos niños que nacieron en guerra, entonces el modo de pensar es con participación con teatro y literatura por ejemplo. Todo lo que sean canales de expresión para que esos niños puedan decir lo que sienten y todo lo que se juega en un lugar con esas características. Absolutamente todo está pensado desde una perspectiva colectiva. No hay cuestiones individuales.
—Al margen de la ideología de lo colectivo, ¿hay líderes o referentes en el movimiento?
—Es otra lógica. Hay referentes por ejemplo Abdullah Ocalan, un líder kurdo que desde 1999 está preso en la cárcel de Turquía completamente aislado y por eso hay hoy siete mil presos políticos en huelga de hambre pidiendo que cese esa situación. Después Sakine Cansız, que fue una de las fundadoras del PKK –el Partido de los Trabajadores del Kurdistán– pero no hay una estructura como nosotros la pensamos. Allá las decisiones son de todos, no de quien tiene mayor jerarquía. Por supuesto hay comandancias en las milicias, pero no es la idea del movimiento tener referentes. El pueblo kurdo es anterior a las formaciones de Estado Nación, son 40 millones de personas que primero sufrió la división del Imperio Persa y después en la construcción de la República de Turquía. A partir de ahí se divide en cuatro países. Ese pueblo es anterior, pero tampoco lo que se exige es tener un Estado propio, ni la conducción del Estado Turco. Lo que se pide es que se tenga en cuenta la identidad cultural, que sea reconocido como un pueblo que existe ahí desde hace miles de años.
"En Turquía viven millones de kurdos, pero además otros pueblos que no son kurdos como los armenios, los árabes. Y el miedo de Turquía es que estos pueblos tomen el ejemplo del pueblo kurdo, que es vanguardia, y que repliquen ese medio de vida que es el confederalismo democrático, el régimen político bajo el que vive el pueblo kurdo. Tiene a la mujer como protagonista con la base en la autodefensa, la ecología y la convivencia de religiones y culturas", continuó.
—¿Cómo es el concepto de autodefensa?
—Es mucho más amplio que la lucha armada. Lo armado tiene que ver con que viven en un contexto de guerra y tienen que defenderse. Pero en realidad para ellos la autodefensa es la organización de la sociedad. La autodefensa es tan importante como la educación y la salud, todo está al mismo nivel para poder lograr la sociedad libre que pretenden. Se transmite en la historia de su pueblo porque han vivido siempre en comunidades. De hecho en la Mesopotamia había un montón de pueblos que vivían entre sí sin ningún tipo de problemas. De alguna manera es como volver a eso, a esa convivencia. Todo está pensado en comunidad. La autodefensa no es solo el fusil.
—¿Qué lugar ocupan los hombres?
—Luchan junto con las mujeres, participan en los diferentes estamentos sociales con la idea de una sociedad libre. Van caminando juntos, hombres y mujeres. Si consideran que la mujer es protagonista de la transformación social porque la mujer es lo más oprimido de la sociedad. Y en esa opresión se replican todos los otros modos de opresión. Entonces, necesariamente para que haya una transformación de la sociedad, el sujeto más oprimido, que es la mujer, tiene que ser transformador. Pero la tarea con los hombres es construir juntos esa sociedad que quieren.
—¿Cómo se trabaja en Kurdistán entonces la violencia de género, qué concepto tienen de esos términos?
—La perspectiva en relación a la violencia de género es no punitivista. Porque tiene que ver con el planteo que el problema no es el individuo sino la sociedad. Entonces en los casos de violencia de género es discutir con el hombre que lo ejerce, que se eduque en género. Y si ese hombre reincide en esa situación se lo expulsa de su casa. No son las mujeres las que se van, sino el hombre que ejerce violencia.
—¿Cómo son las crianzas y las tareas de cuidado?
—Las crianzas son comunitarias. Te dicen que los hijos son de todos. Podés ver a las mujeres caminando con 20 niños pero no son todos de ella, aunque los siente que sí. Además, hay miles de niños que quedaron huérfanos por la guerra entonces es un trabajo colectivo de la crianza. Hay casas, lugares donde están, no están desamparados en la calle. Pero en esa crianza participan hombres y mujeres. Las tareas de cuidado también están repartidas.
—¿Qué pasa con las ancianas?
—En Kurdistán hay muchas casas de las mujeres porque en la guerra muchas se quedaron sin casa. Perdieron todo. Y tienen el mismo lugar las ancianas de participación que el resto de las mujeres. Se las convoca, se las contiene. Conocí una mujer que tenía como 80 años o más, yazidí, que venía todas las tardes a tomar el té con nosotras. Ella decía "yo tenía el universo en mi casa, tenía todo", porque tenía animales y árboles frutales, "y me quedé sin nada". Porque cuando entró el Isis le destruyó todo. Buscan mecanismos de contención de esas mujeres. También del arte como un canal expresivo, no son talleres como conocemos nosotros sino que entrás y te ponés a pintar o hacer cerámica.
—¿Cómo es la convivencia de las mujeres?
—Las mujeres discuten todo el tiempo, no es "estoy en mi casa encerrada no veo nadie, entonces de vez en cuando viene una visita". Es estar todo el tiempo juntas. Visitar, hablar, compartir.
—¿Cómo es la reconstrucción del pueblo?
—Hay un proceso donde hay lugares donde están restaurándolos. Hay pueblos en donde con los escombros de las casas que se destruyeron lograron construir calles. Ellas aún están en guerra. Lo están haciendo, pero no va a ser de un día para el otro porque todavía están en conflicto. Por ejemplo el Kurdistán sirio fue tomado por el Isis y hasta el día de hoy viven esclavización de las mujeres, venta de niños, muerte de hombres. Eso está sucediendo ahora. Entonces es como que en ese sentido es un proceso muy lento.
—¿Cómo es la participación de mujeres y de hombres en el ejército?
—En las milicias pueden liderar hombres, pero la única diferencia es que tienen milicias mixtas y de mujeres solas. Las últimas tienen posibilidad de veto sobre las mixtas. Es decir, si las mixtas deciden algo pero las de mujeres dicen que no, se veta. No hay discusión. La mujer es la que toma la última decisión. Por supuesto es discutido, no tiene que ver con gustos, son discusiones políticas que llevan adelante.
—¿Qué puede replicar el movimiento feminista argentino de las kurdas?
—La lucha contra el patriarcado es universal, es contra un sistema. No depende de un gobierno o de un Estado sino que es global. Entonces la resistencia y la lucha contra el patriarcado tiene que ser de la misma manera. Y que nos encuentre entonces a las diferentes mujeres en el mundo organizadas en diferentes lugares pero siempre pensando que la lucha es contra el patriarcado.
"Cuando yo saqué el pañuelo verde allá, una de las comandantes de las milicias me dijo en castellano «Ni una menos». Saben perfectamente cuáles son los movimientos de las mujeres en el mundo. Hay mujeres que trabajan para que allá se conozca lo que está sucediendo. Ellas nos miran a nosotras, la idea es que podamos hacer lo mismo con ellas. No sentir que a pesar de que estamos a miles de kilómetros de distancia, somos tan distantes. La lucha es de las mujeres contra el patriarcado y eso engloba a todas. Más allá de la geografía", afirmó.
—En tus fotos además de la guerra se ven momentos de goce en las mujeres.
—Pensé este trabajo en función de una perspectiva de la resistencia, no de opresión y sufrimiento. Porque en realidad ellas lo que están haciendo es resistir para construir una sociedad libre. Entonces me parecía importante intentar rescatar esas experiencias de liberación, que la vida en la montaña es hermosa. Ahí yo vi una sociedad en la que todos piensan la vida colectivamente. En donde son absolutamente solidarios unos con los otros. Para mí fue ver a los 30 mil compañeros y compañeras desaparecidos ahí. Ellos eran la representación de eso. Así seguramente era, así debería ser. Para mí fue ir a ver que las luchas no son tan distantes ni tan lejanas.