Ernesto "Titi" Cantero

Diario UNO Santa Fe

A sus 87 años, Julio Enrique Ávila, nacido en Dean Funes, provincia de Córdoba, llegó con todos sus sueños en una valija a Lehmann, provincia de Santa Fe, cuando apenas tenía 15 años, para trabajar en una fábrica de quesos y poder jugar durante cinco años al fútbol en el club Moreno de esa localidad, para la Liga Rafaelina, y salir por primera vez campeón.

Luego llegó la época del servicio militar en Paraná y don Julio arribó al club de sus amores: Unión, que ya lo había visto y había comenzado a hacer gestiones para incorporarlo. Así comenzó su gran carrera como jugador y goleador de raza. Su imagen fue tan grande que basta escuchar el himno unionista, en donde se lo nombra junto a José Vicente Greco y a Orlando Fantasma Ruiz.

Sumergido en sus recuerdos, el ex futbolista narró a Soy de el momento de su llegada a la institución tatengue: “En Unión me probé y bastó sólo una práctica para quedarme. Debuté en la Reserva de Liga y, cuando hice dos goles, pasé a Primera de Liga. Hice más goles y me pasaron a la Primera de AFA, en donde jugué con José Vicente Greco. Escalé hasta el famoso partido con Quilmes en nuestra cancha, en noviembre de 1949, en donde ocurrió un hecho de violencia porque igualábamos 2 a 2”.

Aquí continuó su anécdota: “Tenía una costilla rota producto del partido. En Quilmes jugaba don Pedro Dellacha, que era un salvaje. En la última jugada a favor de ellos se armó un revuelo, el árbitro Aguirre le dio un gol a Quilmes y la hinchada tiró el alambrado abajo y se pudrió todo. Nunca toqué al árbitro y nos sancionaron a varios jugadores por cinco años en forma injusta”.

En este punto llegó el momento de cruzar las fronteras internacionales: “Me transfirieron a Colombia a jugar al Deportes Caldas de Manizales, en donde jugué casi dos años. Después se llamó Once Caldas, con el cual fui campeón. Luego me vio el presidente del Millonarios de Bogotá y me llevó a jugar con grandes jugadores de aquella época como los argentinos Alfredo Di Stéfano, Pipo Rossi y Adolfo Pedernera”.

—¿Qué clase de jugador era?

—Gambeteaba, era veloz, la prensa colombiana me puso Stuka, como los aviones alemanes de la Segunda Guerra. No era un gil, no sobraba a nadie, hice muchos goles.

—¿Cómo fue su paso por la Selección Argentina?

—Estuve en la Selección cuando vine de Colombia, Unión estaba en la B. Me convocaron, íbamos a jugar con Brasil. Recuerdo que estaba Ernesto Grillo entre otros.

—¿Qué recuerdos tiene de haber jugado junto a Alfredo Di Stéfano?

—Jugué con Di Stéfano en Millonarios de Bogotá, era un fenómeno jugando; pero no le gustaba los aviones. Cuando me tocó debutar en Millonarios lo hice junto a Mario Fernández, otro goleador y Di Stéfano, que era muy alegre, pero no le daba bola a los medios de prensa. Antes del partido se me acerca, él era el dueño de la 9 y me dijo: “Julio tomá la 9”. Le contesté: “Pero Alfredo es tu camiseta” y me dijo que la tome yo. Sin dudas es un gran hombre, era un rayo jugando, estaba en todas. Me quedé duro cuando me dio la camiseta para que la use jugando junto a él.

“Los medios de prensa tiraban para mí, decían que yo era superior a él y como él no le daba pelota a la prensa colombiana, se tiraban en contra de él, pero con Alfredo nos reíamos de todo. También salíamos de gira por Ecuador, Perú y otros países. Di Stéfano me decía: “Quedate por el medio de la cancha; cuando me veas con la pelota, empezá a picar, y así me ponía la pelota con un guante para que yo haga el gol, o la misma jugada se la hacíamos a él y él convertía los goles. Era sencillo, modesto, jugábamos día por medio. También con Pedernera y Pipo Rossi éramos muy compañeros, era un grupo fenomenal”.

—¿Qué significa para usted Unión?

—Yo sufro mucho por Unión, porque fue el que me dio la oportunidad para mostrarme. No veo los partidos porque sufro, quiero que se salga de esa divisional, que suba. Fui técnico dos veces en Unión en donde me fue bien.

—¿Cuántos años hace que vive en este barrio?

—Hace más de 30 años que vivo en este barrio. Acá llegamos con mi señora Hilda Auyeros, que ya falleció; tengo dos hijos, María Laura y Fernando Julio, y tres nietos, una nena y dos varones. La gente me reconoce en el barrio, son todos muy buenos vecinos. Saben que soy tatengue, me respetan mucho. El barrio es tranquilo, salgo a hacer los mandados con mi hija, charlo con los vecinos. Extraño a mi señora. Ella era profesora de Historia y de Geografía y yo apenas tenía tercer grado. Soy un agradecido de Santa Fe, llegué acá cuando tenía 15 años, tengo amigos colonistas y tatengues y todos me tratan muy bien.

—¿Que le diría a la gente de Unión?

—Les diría que hay que tener esperanza. Veo que Unión no integra un equipo para pelear y llegar arriba. Yo cuando fui técnico armé un equipo con chicos jóvenes del club y casi subimos. Es que hay jugadores difíciles de manejar.

—¿Si volviera a ser joven nuevamente, haría todo lo que hizo en el fútbol?

—Sí, me gustaría. Yo con el fútbol ayudé a toda mi familia. Además le daría todos los goles a Unión, todos los que pudiera hacer.