La idea de dar el “faltazo masivo” el último viernes hábil de cada año comenzó en el aula de una escuela rosarina, el 27 de abril de 1993. Enseguida prendió en muchos alumnos de los demás colegios, en especial luego de que una FM local promoviera la idea.

Como ya se volvió tradición, hasta los mismos boliches se preparan el día anterior porque saben de antemano que al siguiente “no hay escuela”. Eso pasó anoche, que muchos boliches que suelen recibir a los mismos destinatarios que las escuelas abrieron sus puertas como una jornada de fin de semana más.

También en la jornada está previsto que los adolescentes se apropien del centro local, plazas y del Monumento a la Bandera.

La idea de faltar sin consentimiento de los padres no es nueva. Generaciones se han tomado su día de la chupina, rata o rabona, según el lugar donde se viva. Sin embargo, el debate se abre cuando este faltazo masivo se anuncia con anticipación.

"La transgresión no se anticipa, un hecho constitutivo de la transgresión es no decir qué se va a hacer", opina el pedagogo y docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Pablo Urbaitel. Y en su visión considera que lo que pasa en esta jornada local, “tiene más que ver con las sociedad del espectáculo” que con un acto de rebeldía juvenil.