Ni bien ve llegar el auto con el equipo de Diario UNO, Otilia se levanta de la silla que cada tarde saca a la vereda para sentarse a tejer y nos da la bienvenida e invita a pasar. Antes de acercarse a la mesa del comedor, a donde indica que tomemos asiento, va hasta su dormitorio y vuelve con el pañuelo blanco puesto en la cabeza y unos papeles en los que afirma tiene escrita la historia de su hija. “Es que los años a veces me juegan una mala pasada”, afirma, mientras los abre y se apresta a leerlos.Otilia Acuña de Elías es una de las referentes más significativas de Madres de Plaza de Mayo de Santa Fe. Aguerrida y tenaz, nunca bajó los brazos en su lucha en busca del esclarecimiento del crimen de su hija Nilda y la desaparición de su yerno Luis.

“Desde 1978 milito con la esperanza de encontrar justicia para ellos y también para todos los que vivieron las aberraciones que hicieron los militares”, dice y asegura: “Mi objetivo es lograr que la verdad se sepa, porque aunque lamentablemente ya murieron Rolón (Juan) y el Pollo (Colombini), que son los que mataron a mi hija, no pierdo las esperanzas de que algún día todo se resuelva y los que tienen que pagar la paguen”.

—Pronto llegará el 24 de marzo, declarado como Día Nacional por la Memoria y la Justicia, ¿cómo vive esa jornada?—Es una fecha que me pone muy mal porque me recuerda cosas que a veces quiero olvidar, pero que me niego a hacerlo cuando veo la urnita donde está mi hija, que día a día me da el aliento que necesito para seguir. Lo mismo me pasa cuando voy a escuchar las testimoniales (a los juicios) con Keka (Celina Koffman), donde muchas veces oímos cosas que terribles.

—Keka fue siempre su gran compañera …—Sí, para mi es una amiga. La encontré en este camino, al igual que otras tantas que a lo mejor ya no están pero que desde algún lugar nos acompañan. Con Keka somos de la línea fundadora de Madres en la ciudad. Recuerdo cuando nos empezamos a armarnos, cada una llegaba con su historia e intentábamos ayudarnos con lo que habíamos escuchado; nos habían dicho que pasaba allá o acá…. Al principio nos tildaban de locas y se nos burlaban, pero con el tiempo la historia cambió y hoy seguimos, a pesar de que pasaron cosas que a lo mejor intentaron manchar el nombre de las Madres en cierto punto, pero que en definitiva no lograron desviarnos del foco de las que verdaderamente buscamos justicia.

En ese sentido, Otilia afirmó que “jamás le pidió nada a nadie”. “Yo he mamado la pobreza y la sigo mamando, nunca se me ocurrió sacar provecho de mi situación, incluso cuando me inundé en el 2003 y solo me dieron $200 porque me dijeron que como yo era de Madres seguro alguien más me iba a ayudar. Eso nunca pasó, pero tampoco reclamé nada”, relató la mujer, al tiempo que agregó que espera en estos días la llegada de unas bolsas de portland y arena que le prometieron que le harían llegar para arreglar el piso de su casa. “Lo acepto porque nació de él (dijo el nombre y apellido de quien se ofreció), porque pedir yo no pido”, detalló.

Mientras relata de la historia de varios acontecimientos que marcaron su vida de lucha, Otilia no solo está atenta a los papeles que tiene en sus manos a los que de a tantos le da un vistazo para remarcar detalles de la vida de su vida de su hija Nilda Elías, que nació el 16 de enero de 1947; recibió el título de maestra en la escuela General San Martín y fue asesinada en la puerta de su casa el 11 de abril de 1977, frente a su madre.

“Ella fue una de las primeras del barrio que fue a la escuela secundaria. De chiquita ya me decía siempre que quería ser maestra para enseñar y le gustaban las aulas radiales donde podía ayudar a los demás”, remarcó Otilia, a quien también en el barrio la conocen por su trabajo social el comedor y con la escuelita de alfabetización para la tercera edad con la que también aprendió a leer cuando tenía más de 80 años.

—¿Qué siente cuando la gente le dice que usted es un ejemplo de mujer?—Yo digo que soy una madre que no estoy solamente lucha por las cosas que le pasaron a mi hija, sino que también busco ayudar a los demás en todo lo que puedo y está a mi alcance. Al fin de cuentas creo que solo hago lo que Nilda hubiera querido, seguir en la lucha siempre.

 

Reconocimientos

El pasado lunes Otilia cumplió 93 y recibió el abrazo fraternal de muchos. Algunos lo hicieron en persona y otros hasta en la distancia, como Adela, la hija de Azucena Villaflor (fundadora de Madres de Plaza de Mayo), que hasta la llamó desde Francia a donde viajó para participar de un acto en homenaje a las monjas francesas Renée Léonie Duquet y Alice Domon, ambas secuestradas y desaparecidas junto a su madre en 1977.

“Cada año recibo muchísimo cariño de la gente y eso no solo me gusta sino que también lo agradezco, como el gesto que tuvo mi nieta Valeria (una de las hijas de Nilda, quien además tuvo a dos varones: Marcelo y Nicolás) que organizó una mateada acá en la puerta a la que asistieron familiares y también algunos amigos militantes que junto a ella son los que van a seguir en esta búsqueda de justicia siempre”, dijo y agregó: “Los jóvenes son los únicos que pueden hacerlo y por suerte hay muchos que trabajan para que lo que pasó no quede en el olvido”.

Al respecto y para finalizar, Otilia afirmó que hará lo posible por asistir a los actos a los que nunca falta porque como dice su frase de cabecera: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”. 

El camino que continúa

Antes de despedirnos Otilia nos pide que la acompañemos a la esquina para mostrarnos el cartel que lleva el nombre de la calle que hace algunos años bautizaron en honor a su hija y su yerno. 

Cuando llega lo señala y se anima a contar otra anécdota sobre el día en que los pusieron y lo que le dijieron los vecinos. Su figura no pasa desapercibida para los vecinos que al pasar le dan una palmada o le preguntan como anda; y es que “la viejita”, como le dicen todos, es un símbolo de Santa Rosa de Lima, una mujer que nunca bajó los brazos y que a cada paso parece marcar que el camino continúa.

Loreley Duré / Diario UNO