En la tierra de los 40 millones de técnicos, en la que cada argentino cree tener la formación adecuada para que la Selección Nacional corte la dolorosa sequía de 28 años sin títulos mundiales –y qué mejor que hacerlo en suelo brasileño– hay un puñado de privilegiados que tocaron el cielo con las manos: los 44 jugadores que gritaron campeón en los Mundiales de Argentina 78 y México 86. Esos 44 futbolistas son los únicos argentinos que, por normas de la Fifa, tienen permitido tocar el trofeo más codiciado, que hace pocas semanas recorrió el país.

Entre ellos hay un santafesino que nació, se crió y se formó como futbolista en los potreros de este barrio: Leopoldo Jacinto Luque. Nació el 3 de mayo de 1949 y pasó su infancia en los campitos ubicados en las esquinas de Sarmiento y Castelli, del Seminario (a pocas cuadras de la Basílica) y de la cancha de River Plate, donde se jugaban los torneos de la extinta Federación Santafesina de Fútbol, situada en calle Los Andes (hoy Padre Genesio entre Alvear y Las Heras).

Se fue a probar al club de sus amores, Unión, y quedó. Allí realizó todas las inferiores. Sin lugar, pasó a Sportivo Guadalupe. Volvió al Tate y la dirigencia, para evitar que quede libre, decidió prestarlo a Gimnasia de Jujuy y Central Norte de Salta. Pese a que rindió, regresó a Santa Fe y quedó libre.

Cuando estaba a punto de dejar el fútbol, fichó para Atenas de Santo Tomé: hizo más de 40 goles en un año y Unión decidió volver a comprarlo. Le costó hacerse un lugar en el primer equipo, pero participó del ascenso de 1974 y brilló en el Metropolitano de 1975, bajo las órdenes de Juan Carlos Lorenzo. “Si usted me hace caso, va a jugar en la Selección”, cuenta Luque que le dijo el Toto. Un año después pasó a River, donde jugó hasta 1980 y logró cinco títulos.

Mundialista

César Menotti no dudó en convocarlo a la Selección Nacional, donde siempre rindió. Era un delantero frío en el área, al que era muy difícil sacarle la pelota –utilizaba muy bien los brazos para cubrir el balón– y que tenía técnica para tirarse atrás y asociarse con sus compañeros.

En el Mundial de 1978 demostró su jerarquía: hizo cuatro goles y fue clave en la conquista del primer título para la Argentina. En el partido contra Francia, donde marcó el gol del triunfo, sufrió una fractura en su brazo derecho. Su hermano, preocupado por su lesión, decidió viajar a Buenos Aires. En la ruta, perdió la vida en un trágico accidente.

“El Mundial se terminaba para mí, pero mi familia me insistió para que volviera. También me llamaron Menotti y Passarella para decirme que me necesitaban. No jugué el partido con Italia. Después seguí jugando el Mundial por él y por mis viejos”, recordó el goleador.

EXTENSO RECORRIDO

En su carrera profesional en la Argentina Luque jugó en Central (4 partidos, 3 goles), Unión (127 partidos, 35 goles), River (207 partidos, 84 goles), Racing (11 partidos, 2 goles) y Chacarita (11 partidos). En la Selección Nacional su promedio de gol es demoledor: 22 conquistas en 45 encuentros.

Con Unión consiguió el ascenso en 1974, con River logró los Nacionales de 1975 y 1979 y los Metropolitanos de 1977, 1978 y 1980. Con la Selección Nacional conquistó la Copa del Mundo en 1978. En total, jugó 405 partidos y marcó 146 goles.

Como técnico tuvo un corto paso por Unión, en 1986. También dirigió a Central Córdoba (SE), Belgrano y Deportivo Maipú. Desde hace varios años está radicado en Guaymallén, Mendoza, donde fue declarado ciudadano ilustre.

Guillermo Israilevich, un habilidoso que es noticia

Guillermo Israilevich nació el 10 de septiembre de 1982, en Santa Fe. Desde muy chico mostró sus condiciones en Sportivo Guadalupe: habilidoso, encarador y sin miedo al roce físico. Pasó a Renato Cesarini y luego a Unión, donde debutó en 2001: hizo 5 goles en 51 partidos. En junio de 2002 fue transferido al Maccabi Haifa de Israel. Jugó la Champions League y enfrentó en el mítico Old Trafford al Manchester United de Beckham, Verón, Giggs y Van Nilsterooy.

En 2006 fue convocado por el técnico de Israel, pero la FIFA no permitió su incorporación por haber jugado para la Argentina en categorías juveniles. En ese país también pasó por los clubes Hapoel Nazareth Illit, Hapoel Kfar Saba y Maccabi Tel Aviv. En 2012 lo contrató Boca Unidos. En el último semestre fue uno de los mejores volantes de la B Nacional, con 7 goles en 19 encuentros.

Darío Gandín, un sabalero que arrancó en Agua y Energía

Darío Gandín nació el 7 de diciembre de 1983, en Santa Fe. Hizo las inferiores en Agua y Energía, donde se destacó como delantero. Como profesional se mostró en Atlético de Rafaela, en la B Nacional: luego de tres temporadas cumplió su sueño de pasar a Colón, el club del que es hincha. Llegó para integrar el plantel que había armado Alfio Basile. Debutó haciendo dupla con Esteban Fuertes y con gol incluido ante River. Luego emigró a Argentinos, donde casi no jugó. Tuvo un buen paso por el León de México y Gimnasia de Jujuy, por lo que volvió a Santa Fe para la temporada 2007/08. Colón anduvo mal: peleó por la permanencia hasta la última fecha, y el Chipi aportó 10 goles para la salvación. Lo compró Independiente, pasó por el Necaxa de México, regresó a Rafaela y a mediados de 2013 inició su tercer ciclo en el Sabalero, donde hasta el momento marcó 16 goles en 77 partidos.