El comercio electrónico argentino terminó de consolidarse como canal estructural del consumo. Según el Estudio Anual de Comercio Electrónico 2025 de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico, la facturación del sector alcanzó los 34 billones de pesos, un 55% más que el año anterior, con 253 millones de órdenes de compra y 645 millones de unidades vendidas, un 28% por encima de 2024. El universo de compradores llegó a 25,1 millones de personas tras sumar más de 1,3 millones de usuarios nuevos en un solo año.
Sábado 04 de Octubre de 2025
Detrás de esos números hay una decisión que cada comprador toma en el momento de cerrar la compra y que muchas tiendas todavía tratan como un trámite: qué tipo de envío elegir. Esa elección define la expectativa, y la expectativa define si la experiencia se recuerda bien o mal.
El interior pesa más de lo que parece
La distribución geográfica de la facturación sigue mostrando una fuerte concentración en el Área Metropolitana de Buenos Aires, que según el mismo estudio de la CACE representa el 52% del total. Pero el resto del país aporta la mitad restante, y el Litoral es la región que más pesa después del AMBA, con un 12% de la facturación, por delante del Centro y del Sur, que registran un 9% cada uno.
Ese dato tiene una lectura operativa directa. Una parte considerable de los pedidos no se resuelve dentro del radio donde están los centros de distribución más grandes, sino que debe recorrer distancias mayores antes de entrar en la etapa de reparto urbano. Para las tiendas que venden desde Santa Fe, Rosario o Paraná, la ventaja competitiva no está en igualar los plazos de una operación porteña, sino en ser precisas sobre lo que efectivamente pueden cumplir en su propia zona.
Las opciones que hoy conviven en un checkout
El menú de alternativas de entrega se amplió, y cada una responde a una necesidad distinta.
El envío estándar a domicilio sigue siendo la opción preferida por los compradores según la CACE, y funciona bien cuando el plazo comunicado es realista. El envío express o en el día atiende a la compra urgente y tiene sentido en categorías donde la inmediatez justifica el sobrecosto: farmacia, insumos, reposición. El envío programado, con franja horaria elegida por el comprador, es el que mejor resuelve el problema de la ausencia en el domicilio, aunque implica una operación más exigente en planificación.
A ellos se suma el retiro en punto de venta o en sucursal, que sigue creciendo frente a 2024 según el mismo relevamiento. Es la opción más económica para la tienda y, para cierto perfil de comprador, también la más cómoda, porque elimina la incertidumbre de tener que estar en casa.
Entender bien las diferencias entre estas modalidades y cuándo conviene cada una es el primer paso para armar una oferta de envíos para ecommerce que no prometa de más ni cobre de más.
Lo que cambió en la expectativa del comprador
El estudio de la CACE registra un avance concreto en tiempos: el 37% de las entregas ya se realiza en menos de 24 horas. Ese dato reconfigura el punto de referencia. Cuando una parte relevante del mercado entrega al día siguiente, un plazo de cinco días hábiles deja de percibirse como normal y pasa a percibirse como lento, aunque sea perfectamente razonable para la distancia que recorre el paquete.
La respuesta no es prometer lo que no se puede cumplir. Es comunicar con precisión. Un comprador informado tolera un plazo mayor mucho mejor de lo que tolera un plazo incumplido. La confiabilidad pesa hoy más que la velocidad pura, y la visibilidad del envío se convirtió en parte de lo que se compra.
El costo real de una entrega fallida
Hay un elemento del sistema que rara vez aparece en las planillas de costos y que sin embargo explica buena parte de las desviaciones: el segundo viaje. Los datos del sector sitúan en torno a una de cada cinco las entregas que no se completan en el primer intento, casi siempre por ausencia del destinatario o por una dirección incompleta.
Cada reintento duplica el costo de esa entrega sin sumar ingresos. Consume combustible, ocupa una posición en la ruta del día siguiente, genera una gestión administrativa y deteriora la percepción del comprador. En una operación de unos cientos de pedidos diarios, mover unos pocos puntos la tasa de entrega al primer intento tiene más impacto sobre el margen que cualquier renegociación de tarifa.
Las palancas para mejorarla son conocidas y baratas: validar la dirección en el momento de la compra, pedir referencias de acceso, notificar antes de salir a ruta y permitir reprogramar. Ninguna requiere más vehículos.
Distribución urbana: donde se resuelve el tramo final
Una vez que el paquete llega a la ciudad de destino, empieza la parte más cara del recorrido. El último tramo concentra entre el 50% y el 53% del costo total del envío, según recopila la escuela de negocios ESIC, porque implica muchas paradas con poco volumen cada una, en un entorno con tránsito, estacionamiento escaso y disponibilidad variable del destinatario.
Ahí es donde la planificación pesa más que el tamaño de la flota. Agrupar entregas por proximidad, ordenar las paradas para recorrer la menor distancia posible y sostener la trazabilidad de cada envío son capacidades que separan una operación rentable de una que crece a pérdida. Un servicio de logística especializado en distribución urbana y última milla aporta esa planificación sin que la tienda tenga que construirla internamente, y permite convertir un costo fijo de flota en un costo variable atado al volumen real.
Cómo ordenar la decisión
Para una tienda que vende desde el Litoral, la evaluación se simplifica en cuatro preguntas. Dónde se cumple efectivamente el plazo, no dónde figura la cobertura en un mapa comercial. Qué visibilidad recibe el comprador y qué visibilidad recibe la tienda. Qué pasa en las fechas de mayor demanda, cuando el volumen se multiplica. Y qué tan bien se integra el operador con la plataforma de venta, porque cada dato cargado a mano es un error de dirección esperando ocurrir.
Conviene además dejarlo por escrito. Plazos comprometidos, porcentajes mínimos de cumplimiento y protocolos ante incidencias ordenan la relación y evitan que toda la exposición quede del lado de quien vende.
El canal digital va a seguir creciendo, y con él la presión sobre el tramo final. Las tiendas que elijan bien sus modalidades de envío, comuniquen plazos honestos y midan lo que efectivamente ocurre en la ruta van a tener una ventaja difícil de copiar: compradores que vuelven porque el pedido llegó cuando dijeron que iba a llegar.