Santa Fe

Un bombero de Las Flores ayudó a combatir los incendios en Chile

Un grupo de 18 brigadistas de la provincia, entre ellos un voluntario de la ciudad de Santa Fe, colaboró para sofocar el fuego que arrasó con numerosas hectáreas. El relato de Germán Gutscher, en primera persona.

Sábado 25 de Febrero de 2017

Germán Gutscher es un joven santafesino que dedica gran parte de su tiempo a una pasión que nació a una muy temprana edad: desempeñarse como bombero voluntario. Hace cuatro años que integra el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Santa Fe, delegación Las Flores de la capital provincial. Sin embargo esta profesión lo movilizó desde muy chico. Una experiencia personal lo marcó para que el hecho de salvar vidas y mitigar catástrofes se convierta en una forma de vida.

"Más o menos a los doce años estaba pasando una Navidad en la casa de mi abuela -cuenta Germán- y un local que estaba a unos metros se prendió fuego con un globo que había caído arriba de una garrafa". La escena quedó grabada en su mente: los bomberos llegaron para apagar el desastre que ponía en peligro no solo a las viviendas, sino también la vida de los vecinos.

"Quedé con ganas de anotarme, era joven en ese momento", afirma el muchacho que hoy integra el cuerpo de Las Flores. Su incorporación fue de casualidad, ya que si bien él siempre pasaba por el cuartel nunca se animaba a entrar. Tal como él recuerda, fue gracias a las redes sociales que tomó coraje y realizó las consultas necesarias para sumarse. "Una vez que los contacté no dejé de ir", cuenta Germán. De este hecho ya pasaron cuatro años.

El mayor desafío para este joven consiste en poder seguir con la vocación que eligió. Consciente de que en un futuro el hecho de contar con un trabajo formal o atender las obligaciones familiares lo limitará al momento de cumplir completamente con su labor voluntaria.

A nivel de siniestros el más grande que le tocó afrontar fue el hecho de participar en la asistencia a los incendios forestales que se registraron en Chile, en Alhue donde con parte de un equipo local permaneció unos quince días.

Hay que recordar que los incendios que se registraron durante enero en el país vecino es una de las tragedias más importantes a nivel forestal y humano. Las llamas se cobraron la vida de ciudadanos y devastó un gran cantidad de hectáreas .

Para apaciguar las llamas se sumaron más de 5.000 personas que combatieron el fuego en tierra y decenas de helicópteros y aviones atacaron desde el aire, incluido el avión de combate de incendios más grande del mundo, el Supertanker estadounidense.

Primer cuerpo forestal

Desde hace tres años Santa Fe cuenta con una Brigada de Incendios Forestales, contó Germán que es parte de la agrupación, desde la Secretaría de Protección Civil perteneciente al ámbito del Ministerio de Gobierno y Reforma del Estado de la Provincia capacitan a los integrantes de este grupo cada tres meses en distintos lugares.

"En Chile nos sirvieron mucho las prácticas que hicimos porque los incendios no los combatimos con agua, fue con herramientas que son específicas de bomberos para incendios forestales", relató el consultado.

El llamado para que el cuerpo local asistiera a prestar colaboración en los siniestros que se estaban cobrando gran parte del territorio natural chileno se realizó a través de la Cancillería. La necesidad de personal era importante y requerían de la mayor cantidad de gente para afrontar la situación que se estaba viviendo. Ante esto el organismo diplomático se contactó con el área de Protección Civil de la provincia.

De un día para el otro, los integrantes del cuerpo que habían sido convocados tenían los bolsos armados para viajar a La Pampa. Sin embargo a último momento el destino cambió a Chile, esto no preocupó al equipo. "Nosotros estábamos contentos porque en sí de los voluntariados y de la brigada que hay (en la provincia) es la primera que sale del país", cuenta orgulloso Germán.

La devastación

El asombro invadió a todos los integrantes de la brigada momentos antes de llegar al aeropuerto de Chile. La magnitud era tal que ya al llegar a la Cordillera no se podía observar nada. "Cuando llegábamos a la zona de la Cordillera ya no se podía ver nada -cuenta Germán. Impresionaba porque no se podía ver por la cantidad de humo".

Sin embargo el escenario no generó ninguna baja en el ánimo del equipo que permaneció alrededor de quince días trabajando en la zona de Alhue.

En esta oportunidad pararon en Santiago de Chile para luego ser derivados a Alhue, una zona que se encuentra a 85 kilómetros de la capital del país trasandino. "Era la zona en la que se producía todo el humo que iba a Santiago. La idea era terminar con eso para que la ciudad quedara libre de humo", relata el joven.

El trabajo se extendió por diez días en un área marcada por los cerros, los bomberos eran trasladados en helicóptero dado la imposibilidad de acceder caminando a los lugares en donde se encontraba el fuego.

"Nos transportaban en helicóptero hacia un punto o sea a un cerro. Allí trabajábamos desde las 9 hasta las 19", recordó.

Durante la noche no se trabajaba porque no contaban con luz, de todas maneras el bombero voluntario destacó que las horas de caminata que debían afrontar eran varias e intensas.

Al llegar al punto elegido para apaciguar las llamas, los bomberos trabajaban en armar líneas de dos metros de ancho para dejar el suelo mineral. "Nosotros lo que hacíamos era adelantarnos a lo que es el incendio. Armábamos caminos artificiales de dos metros de ancho para que al momento en que llegara la llama a ese lugar, cortara", explicó el consultado.

Las diez intervenciones en las cuales el grupo actuó a lo largo de los diez días fueron exitosas. Tanto fue así que al momento de terminar las tareas en Alhue, aún restaban tres días de estadía.

"Nos fuimos de ahí ya con el incendio extinto. Estábamos muy contentos, porque era un desafío personal. Todos estamos acostumbrados a lo que son incendios forestales, pero no se puede comparar la zona topográfica de ellos con la nuestra", explica Germán.

En ese sentido los factores que marcaron la diferencia fueron los relacionados a la altura, por lo que el desgaste físico era importante. "Más allá de que nos transportaban en helicóptero nos dejaban siempre en la zona más alta de la montaña. Caminábamos entre 15 a 20 kilómetros por día, todo en subida y bajada. No nos costaba bajar y hacer la línea, pero sí subir para que nos busquen".

Al respecto, Germán sostuvo que los dos primeros días fueron fatales y costó adaptarse a la falta de aire y al apunamiento. "Pero el resto de los días pudimos trabajar a la par de los chicos de la brigada de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), el grupo de bomberos de Chile. Nos trataron muy bien", recuerda el voluntario.

La zona en la que les tocó trabajar fue la más grande de la zona metropolitana, dado que llevaba ocho mil hectáreas quemadas. Sin embargo, más allá de la cantidad de los focos, destacó que no había casas ni personas en peligro. "Era todo campo y reservas naturales de las que se quemaron 50 hectáreas. Logramos proteger la mayor parte del territorio", explicó el bombero.

A pesar de que tenían las llamas cerca, no se desesperaban porque no había que rescatar una casa o una vida. "No nos arriesgábamos porque a lo sumo se podía quemar un poco más de pasto. No había miedo. En el sur de Chile la situación era diferente porque las viviendas estaban en peligro", relató Germán, quien agregó que al momento de que el cuerpo terminó sus labores en Alhue surgió la posibilidad de que los trasladaran a esa zona, pero por una cuestión de distancia y tiempos esto no se dio.

Ahora el cuerpo que trabajó en Chile se registró en la organización Cascos Blancos, por lo cual suman oportunidades para poder participar en siniestros que ocurran fuera del país. "Obviamente que nosotros vamos a estar y yo voy a ir porque nos gusta", afirma Germán, con un tono de entusiasmo y recordando la experiencia que vivió.

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