Sábado 15 de Octubre de 2022
El arranque de Unión en el Torneo le permitió al plantel, a los dirigentes y a sus hinchas ilusionarse. Y es que el Tate logró encadenar una racha de tres victorias consecutivas y siete partidos sin perder (cinco triunfos y dos empates). De hecho, cuando superó como local a Vélez quedó como escolta de Atlético Tucumán con 21 puntos y un partido menos.
En ese momento, los refuerzos funcionaban, los que habían llegado aportaban goles y soluciones, caso Bryan Castrillón, Junior Marabel y Tomás González. Sin embargo, ese momento exitoso fue mutando peligrosamente, el equipo se estancó futbolísticamente, comenzaron a aparecer las derrotas y la confusión por parte de Gustavo Munúa.
Con un plantel más largo y con mayor recambio no supo darle una vuelta de tuerca y el equipo se fue quedando sin respuestas. En las primeras 11 fechas, Unión era el equipo más goleador del Torneo, ya que había convertido 20 goles en 11 partidos. Pero en los 13 encuentros siguientes apenas convirtió cuatro, un contraste notable y que ejemplifica el presente del equipo.
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En los primeros 12 encuentros, el Tate sumó 21 puntos, producto de seis victorias, tres empates y tres derrotas. Pero en los últimos 12, tan solo cosechó nueve unidades, como consecuencia de dos triunfos, tres empates y siete caídas. Por otra parte, en condición de visitante hace ocho partidos que no gana (cinco derrotas y tres empates).
El entrenador uruguayo fue cambiando de manera permanente, pero sin éxito. En realidad las variantes fueron de nombres, pero no de sistema (salvo cuando jugó con línea de tres) y el equipo jugó casi siempre de la misma forma. Dependía y mucho de lo que pudieran hacer los carrileros, ya que no tenía juego interno.
El plan A se fue agotando y nunca tuvo un plan B, en el medio aparecieron un sinfín de lesiones que fueron mermando el potencial del plantel. Pero más allá de esta cuestión hubo errores del cuerpo técnico y aquellos jugadores que habían tenido un buen comienzo se fueron apagando y cayendo en la decepción generalizada.
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La sensación es de un ciclo cumplido que se va consumiendo de manera irremediable. Con un referente como Diego Polenta bajándose del barco, con otro experimentado como Jonathan Álvez que en los últimos tiempos estuvo más afuera que adentro de la cancha. Y con los jugadores surgidos del club que bajaron y mucho su nivel.
Quedan tres fechas y el objetivo es terminar el campeonato de la mejor manera. No queda otro desafío por delante, luego llegará el tiempo del balance por parte de la dirigencia y de la secretaría técnica. Y obviamente que se analizará la labor de Munúa, quien pretende continuar, pero será decisión de los dirigentes, buscar una renovación o poner un punto final.
Lo cierto y concreto es que Unión en esta competencia, pasó de la ilusión a la decepción. El equipo entusiasmó, pero luego no supo mantener el nivel y se fue derrumbando. No ofreció respuestas futbolísticas, ni tampoco anímicas. Fue perdiendo ese gen que lo caracterizó de equipo combativo e incómodo para los rivales. Para transformarse en un equipo vulnerable y fácil de ganarle.