Martes 23 de Agosto de 2022
Desde que Gustavo Munúa asumió como técnico de Unión, el actual plantel es que más variantes tiene. Como nunca, el entrenador uruguayo dispone de distintas alternativas, sobre todo de mitad de cancha hacia adelante. Por lo cual, no puede aducir falta de recambio para mejorar al equipo.
Una prueba de ello es que en el partido ante Estudiantes, Munúa tenía sentados en el banco a: Jonatan Álvez, Mauro Luna Diale, Tomás González, Bryan Castrillón, Enzo Roldán y Mariano Peralta Bauer. Claramente no le faltan opciones, pero es indudable que por el momento no encuentra soluciones.
Da la sensación que el entrenador entró en un bache, que cambia de nombres pero el funcionamiento es el mismo. Unión juega siempre igual y no se advierte un plan B. Se siente más cómodo esperando que saliendo a buscar, pero perdió aquella identidad de ser un equipo intenso y dinámico.
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Cuenta con jugadores rápidos por las bandas pero precisamente el vértigo parece ser la única receta. Unión no tiene juego, no junta pases y depende de las corridas de sus extremos. Y cuando los neutralizan, carece de sorpresa. Se volvió un equipo previsible. Le falta juego interno, para no depender siempre de los carrileros.
Munúa tendrá que darles otras herramientas a sus jugadores, para que Unión no sea tan previsible. Alternativas tiene para jugar mejor, de eso no hay dudas. Como así también, cambiar de manera permanente no parece ser lo más adecuado.
El problema de Unión no son los nombres, sino el funcionamiento. Es cierto que el equipo tuvo una racha positiva de siete partidos invicto con cinco triunfos y dos empates, pero en ese lapso si bien los resultados fueron positivos, el rendimiento no estuvo a la par de las estadísticas.
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Es tiempo de que el cuerpo técnico potencie al equipo. En su momento Munúa lo hizo demostrando su capacidad y logrando objetivos importantes. Pero además lo consiguió con menos plantel, por lo que resulta llamativo, que a mayor calidad el equipo juegue peor.
Con menos hizo más y ahora con más hace menos, no se trata de un juego de palabras, sino del presente que atraviesa el equipo. Es verdad que algunos rendimientos individuales bajaron, pero también es cierto que el DT con 14 partidos jugados, aún no definió algunos puestos.
En el lateral derecho no se sabe si el titular es Federico Vera o Francisco Gerometta. Lo mismo sucede en el lateral izquierdo con Claudio Corvalán y Lucas Esquivel. En el carril derecho, jugaron Imanol Machuca, Daniel Juárez y Mariano Peralta Bauer. Y en el carril izquierdo arrancó Kevin Zenón y luego lo hizo Bryan Castrillón.
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En consecuencia, no está definido quienes son los laterales ni los carrileros titulares. Si bien al tener variantes le permite ir probando, no parece ser lo más adecuado cambiar de manera permanente. Eso habla a las claras de la dificultad de encontrar un equipo base.
La campaña de Unión es aceptable, en 14 partidos obtuvo seis triunfos, cinco derrotas y tres empates. Obtuvo 21 puntos sobre 42 en disputa con una eficacia del 50%. Sin embargo, lo que está a la vista es que el equipo involucionó en relación al juego.
Y así como Munúa fue responsable de los buenos momentos, también lo es en esta seguidilla de derrotas. No es para dramatizar, pero sí para preocuparse y ocuparse. Unión está en carrera detrás del objetivo de clasificar a una Copa, pero para eso tendrá que jugar mejor.
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No es casualidad que en los últimos tres partidos el equipo no marcó goles, pero tampoco generó chances. Con más variantes en ataque, el equipo no funcionó. Se acumularon delanteros, pero faltó juego y es allí donde Munúa tendrá que actuar, para que los nombres se respalden en un sistema.
Por lo demostrado desde que llegó, Munúa tiene el crédito abierto, pero le urge mostrar reacción frente a la adversidad, como lo hizo en otros momentos. Quizás ahora la crítica sea más directa, porque a diferencia de otros tiempos, ahora tiene más recursos y está obligado a mejorar.