Jueves 21 de Marzo de 2019
Los 11 que salen a la cancha están absolutamente convencidos de lo que le pide el técnico. No caben dudas de que estos jugadores se "matan" por el técnico. Existe un sentido de pertenencia muy marcado más allá de los resultados.
La fortaleza mental es la piedra basal de este Unión que entró en la historia del club. Pero además hay que sumarle la puesta a punto en lo físico que lo convierten en un equipo que no deja de correr a lo largo de los 90 minutos.
Para tratar de entender este presente, primero hay que mirar al banco y observar con la tranquilidad y el aplomo que se maneja Leonardo Madelón.
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Esa confianza que trasunta el técnico es la que le llega al jugador, cada futbolista sabe perfectamente y al pie de la letra lo que debe hacer dentro del campo de juego.Como si fuera una orquesta todos ejecutan la partitura que les corresponde.
Por eso no hay lugar a la confusión táctica. Porque justamente la idea es demasiado clara y sin rebusques. El 4-4-2 sale de memoria, los volantes centrales apretando, los carrileros yendo y viniendo y los puntas presionando la salida de los rivales.
Unión se mueve de manera coordinada, comprime muy bien hacia atrás y eso lo hace un equipo corto. Obviamente que hay partidos en donde las cosas no salen y el rendimiento no es el ideal.
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Pero aún así nadie puede reprocharle la falta de actitud, porque merece un párrafo aparte la preparación física de la mano de Mariano Lisanti. El equipo "vuela" se lo observa muy rápido y explosivo.
A cuatro días de haber jugado ante Lanús, terminó acorralando a Independiente del Valle y marcándole un gol en tiempo de descuento dejando bien en claro que a este equipo difícilmente lo superen en el aspecto físico.
En lo que va de este 2019 Unión jugó 10 partidos contando Superliga y Copa Sudamericana cosechando cinco triunfos, tres empates y dos derrotas. De las cuales una fue ante Boca y por la irresponsabilidad de Damián Martínez que se hizo expulsar.
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Y la restante con Independiente en donde comenzó ganando y después llegó el infortunio del gol en contra de Yeimar Gómez Andrade y el penal evitable que cometió Nereo Fernández.
Es decir que las dos derrotas tuvieron que ver más con errores propios que con virtudes del rival, más allá de que Boca en el segundo tiempo y con uno más justificó el resultado.
Pero lo cierto es que Unión se mostró como un equipo sólido, bien trabajado y que está muy bien de la cabeza. En el fútbol el factor anímico es decisivo y allí este equipo saca ventaja.
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Cualquier otro equipo después de errar dos penales se hubiese sumido en una depresión. Sin embargo, Unión reaccionó de inmediato y un minuto después llegó al gol en el cuarto minuto de descuento. Eso solo lo puede lograr un equipo que está óptimo mentalmente.
Obviamente que además de esos atributos un equipo debe contar con buenos futbolistas y Unión los tiene. Pero en estos casos, precisamente esos jugadores son los que se respaldan en una estructura colectiva que los termina potenciando.
El equipo está por encima de las individuales, ya que a Unión no lo salvan los nombres sino el desarrollo colectivo de una idea de juego. Este plantel está bien de la cabeza y de los pies y así todo resulta mucho más sencillo para lograr los objetivos.