Lunes 24 de Febrero de 2014
Roberto Lapalma
Especial para Diario UNO de Santa Fe
Un hombre de color, trabajador y de una situación social y familiar aceptable, es apresado por un mercader de esclavos, sólo por su condición de negro, y vendido como tal a quienes explotaban un feudo algodonero. Esto transcurre en el sur de los Estados Unidos, por supuesto (aunque el protagonista era oriundo del norte), antes de que la esclavitud fuese abolida. Ahí comienza la odisea de ese individuo, arrancado inescrupulosamente de su hábitat, de su mujer y de sus hijos. Una historia que, se asegura en los títulos, se basa en un hecho real, que narra las vicisitudes de una vida tortuosa y sometida a rigores múltiples y humillantes, propios de un medio segregacionista y despiadado, durante el siglo diecinueve.
Ese es el núcleo argumental de esta realización donde Steve McQueen desgrana los padecimiento de un ser que se proclama como un hombre libre, aunque nadie le reconozca esa condición. Desde su impotencia y los infinitos latigazos sufridos sobre sus espaldas, siempre intenta luchar contra esa pesadilla. Pero él y muchos otros se hallan inmersos en un infierno que, como decía Marcel Jouhaudeau, no era obra de Dios sino de los hombres.
Todos ellos conforman un núcleo de desventurados que comparten horrores semejantes, castigados y condenados a padecimientos, subsistiendo sin esperanzas ni expectativas. El tiene las suyas y, a pesar de las adversidades, suele mitigar sus penas ejecutando un violín que, sabiéndolo adepto a ese instrumento, le facilita uno de sus amos, más que nada para que amenice con música algunas reuniones sociales de la comarca. Pero su existencia nunca deja de ser un calvario dentro de un ámbito hostil, dominado por violentos terratenientes.
Elenco de buen nivel
Una atmósfera densa campea a lo largo del relato, apenas amortiguada por los restos de humanidad que todavía atesoran esas criaturas a la deriva, recostada sobre un impecable registro de imágenes (siempre sugerentes ellas) plasmado por el iluminador Sean Bobbitt. Por otra parte, hay un trabajo actoral de buen nivel, aunque el elenco carezca de de figuras rutilantes; sí aparece en un papel casi episódico, Brad Pitt, como alguien con ideas abolicionistas, quien además es uno de los productores de esta contundente realización. En días más, 12 Años…, estará en la competición de los Oscar de la temporada, al que aspira como mejor película y lo aguardan también su director, el actor principal y el de reparto (Chiwetel Ejiofor y Michael Fassbender), acompañados por Lupita Nyong’o, ésta en competencia con Julia Roberts como actriz también de reparto, entre otros, incluyendo al guionista John Ridley.