Sábado 29 de Febrero de 2020
En Colón nada está bien, los dirigentes encabezados por José Vignatti se equivocan y mucho, los jugadores dentro de la cancha hacen la cosas realmente muy mal y los técnicos que estuvieron y que están no aportan soluciones. Es un cúmulo de errores que se sintetizan en este presente.
En la semana se dijo que Colón vendería entradas para no socios y que estos iban a ocupar la cabecera sur, que finalmente estuvo cerrada. Ni siquiera se habilitaron boleterías. Se completó el estadio y la platea alta fue utilizada una sola vez. Antes del partido los jugadores llegaron al estadio en autos particulares porque el micro que los debía pasar a buscar se demoró.
Parecen cosas menores, pero no lo son, en realidad marcan el pulso de un club que está a la deriva, cuando Vignatti no está (viajó dos veces al exterior entre enero y febrero) no se toman decisiones. Se trajo a un secretario técnico (Francisco Ferraro) que no se sabe realmente cuál es su función.
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En la previa al inicio de la competencia de este 2020, la barra visitó al plantel, luego pintaron un escudo dentro del playón del club, los jugadores se retiraron de la concentración argumentando que les debían plata de salarios y de los premios de la Copa Sudamericana. El refuerzo estrella Brian Fernández simuló un robo para justificar su ausencia en un entrenamiento.
Hace algunos meses la escuelita de futbol debió suspender las actividades porque no se les pagaba a los profesores, luego se solucionó pero está claro que no se debía llegar a ese punto. En la previa al partido con Atlético Tucumán no se abrían las puertas por el eterno conflicto con Utedyc. Como así también recordar las cajas navideñas que los empleados de Unión le acercaron a los de Colón, como para visibilizar aún más el problema.
Y así se pueden seguir enumerando los eternos conflictos por los que atravesó y atraviesa Colón, sumado a jugadores que pidieron irse, como uno de los referentes que es Guillermo Ortiz, quien en el inicio del año se plantó y le dijo a Osella y Vignatti que no jugaba más en Colón.
Esta decadencia comenzó hace poco menos de dos años con los últimos meses de Eduardo Domínguez y se prolongó con Esteban Fuertes, Julio Comesaña, Pablo Lavallén y ahora Diego Osella. La final de la Copa Sudamericana resultó un espejismo que una vez concluida profundizó la crisis.
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Está claro que los técnicos son parte del problema, pero no el problema central, este contexto es mucho más profundo de analizar y varias de las razones fueron descriptas anteriormente. En Colón falla la conducción a nivel dirigencial y se traslada al plantel y cuerpo técnico.
Llegó Ferraro con el objetivo de tener injerencia en el terreno futbolístico, pero está claro que la persona que toma las decisiones es José Vignatti. Salvo cuando quiso despedir a Lavallén y Pancho lo aconsejó para que se quede. Quizás fue la excepción.
Ahora se habló de crear una subcomisión de fútbol como para enfrentar la tormenta, pero la realidad es que en Colón nadie sabe bien qué hacer. Corren detrás del problema y llegan tarde. En el medio están los hinchas que estoicamente siguen soportando humillación tras humillación dando el ejemplo como ante Boca alentando pese al resultado.
Este presente no es más que la consecuencia de una seguidilla interminable de equivocaciones, que lo tienen hoy al Sabalero en zona de descenso. De soñar con jugar el Mundial de Clubes y la Copa Libertadores a esta realidad de pelear para mantener la categoría. Estaba claro que la salida de Lavallén no era el problema y que por más que mataran al perro, la rabia continuaba.