Actividad metalúrgica en rojo: operan a menos de 40% de su capacidad

Con la capacidad instalada por debajo de 40%, el desplome de la actividad metalúrgica y la suba de importaciones ponen en jaque miles de puestos de trabajo

10:35 hs - Miércoles 17 de Junio de 2026

El entramado industrial argentino enfrenta horas cruciales y críticas. La actividad metalúrgica, considerada históricamente la “madre de industrias” por su efecto multiplicador, atraviesa una recesión tan profunda que ya perforó los niveles de descenso registrados durante el confinamiento de 2020.

De acuerdo con el último informe de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), la combinación de una persistente caída en el consumo interno y la apertura de las importaciones configuró un escenario de persianas bajas y líneas de producción paralizadas. El presidente de la entidad, Elio Del Re, fue categórico al advertir sobre la urgencia del cuadro actual y reclamar de forma inmediata la implementación de una política industrial integral para frenar el deterioro del sector y proteger el empleo nacional.

Trabajar por debajo del potencial real ya no es una contingencia temporal de las fábricas

Trabajar muy por debajo del potencial real ya no es una contingencia temporal, sino una constante alarmante para las fábricas argentinas. La utilización de la capacidad instalada en el sector metalúrgico se ubicó en un crítico 39,8%, un indicador que expone el bajísimo ritmo de un aparato productivo seriamente resentido. Según el relevamiento mensual elaborado por el Departamento de Estudios Económicos de Adimra, a cargo de su titular Elio Del Re, rubros claves como la fundición y la maquinaria agrícola lideran un retroceso generalizado que golpea con fuerza a las principales provincias industriales del país. Sin señales claras de reactivación en el corto plazo y con siete de cada diez empresarios proyectando un panorama contractivo o de estancamiento, el sector advierte que la pérdida de puestos de trabajo e incluso el cierre definitivo de talleres ya asoman como postales inevitables de la crisis.

La industria metalúrgica volvió a encender las alarmas. La actividad del sector retrocedió 5,1% interanual en mayo y cayó 1,4% respecto de abril, de modo que acumula una contracción de 6% en los primeros cinco meses de 2026. No se trata de un tropiezo puntual, sino de la consolidación de una tendencia recesiva que se extiende a lo largo de todo el año y que ya golpea a casi todo el entramado productivo.

El dato más elocuente, sin embargo, no es la caída de la producción, sino el grado de paralización de las plantas. La utilización de la capacidad instalada se ubicó en 39,8%, uno de los registros más bajos de toda la serie histórica y una baja de 6,8 puntos porcentuales respecto del mismo período del año anterior. La cifra perforó el umbral de 40% por primera vez desde marzo de 2020, en plena cuarentena por la pandemia. En términos sencillos: seis de cada diez máquinas del sector permanecen apagadas. El aparato metalúrgico nacional opera hoy con un nivel de ociosidad que, hasta hace poco, solo se había visto durante el confinamiento más estricto de la historia reciente.

Un deterioro transversal

La contracción no reconoce excepciones relevantes. Siete de los ocho sectores relevados exhibieron caídas interanuales, y solo el rubro de carrocerías, remolques y semirremolques logró escapar a la tendencia, con un leve crecimiento de 1,9%. El resto del tablero está pintado de rojo. La fundición –el verdadero corazón del proceso metalúrgico– se desplomó 8,9% interanual y acumuló una baja cercana a 14% en los últimos seis meses. Le siguieron maquinaria agrícola (–8,6%), bienes de capital (–6,8%) y equipamiento médico (–6,3%).

El detalle de la fundición no es un dato técnico menor: es estratégico. Cuando se enfría la fundición se enfría toda la cadena que viene después, porque es el insumo básico sobre el que se construye el resto del entramado metalmecánico. Su retroceso anticipa, como un termómetro adelantado, el enfriamiento del conjunto.

El golpe se distribuyó, además, por el mapa productivo del país. Las principales provincias metalúrgicas registraron caídas: Buenos Aires (–5,9%), Santa Fe (–5,1%) y Córdoba (–4,1%) encabezaron los aportes negativos. No es un fenómeno localizado ni atribuible a una coyuntura regional: es una contracción nacional y simultánea.