Cómo dominar la impulsividad
Detectar las formas de conductas y sus consecuencias puede ser beneficioso para definir la personalidad y hacer cambios, en el caso de que se consideren necesarios.
Domingo 28 de Junio de 2015
Todos hemos sido dominados en algún momento por la impulsividad. Por ejemplo: ¿alguna vez respondiste un correo electrónico que te enviaron y después te arrepentiste de lo que escribiste? Cuando cometés un acto impulsivo y luego sufrís las consecuencias, es común que te hagas preguntas como: “¿Por qué tomé esa decisión?” o “¿Por qué no me detuve a ayudar a esa persona?”. Actuar rápidamente no es malo, el problema es cuando se hace de manera impulsiva, es decir, rápido pero de forma incorrecta. A continuación voy a compartirte tres características que tiene una persona impulsiva y en las que quizás te veas identificado:
1- Actúa sin pensar.2- Actúa rápidamente.3- Es impaciente.Una persona impulsiva nunca se pone a pensar en las consecuencias que pueden tener sus actos. Además, tampoco puede posponer una recompensa inmediata por una que vendrá en el futuro, aunque esta tal vez sea mayor. Por ejemplo, si tiene hambre, es probable que vaya a comprarse una jugosa hamburguesa aun cuando el médico le indicó que esta comida era sumamente perjudicial para su salud. La persona busca así satisfacer su placer inmediato, porque no relaciona su presente con su futuro. Cree que nada de lo que haga hoy va a tener un efecto en el mañana y se ve como si fuera una persona distinta a la que va a sufrir las consecuencias en el futuro. A esta actitud se la observa comúnmente en aquellas personas que fuman compulsivamente para apagar su ansiedad y no piensan en el daño que ese hábito generará en su cuerpo en el futuro. Al no poder asociar el presente con el futuro las personas impulsivas no reflexionan acerca de los efectos negativos que puedan tener sus decisiones y actúan impulsivamente.¿Y, cómo actúa la impulsividad? En principio, es importante que sepas que todos tenemos deseos y que eso está bien: “Quiero casarme”, “quiero tener un hijo”, “quiero comprar una casa”, “quiero hacerme una cirugía estética”. Es importante saber que cuando se desea mucho algo, se le empiezan a otorgar ciertas virtudes. Por ejemplo, imaginá que sos una mujer grande que siente que se le está pasando su “cuarto de hora” y que querés casarte lo antes posible. Como tu prioridad es encontrar un hombre para casarte, una vez que encontrás al candidato comenzás a otorgarle virtudes. En alguna reunión es probable que les cuentes a tus amigas: “Conocí a un hombre muy respetuoso, atento y muy caballero. Es tan trabajador que se la pasa todo el día frente a la computadora y por su cara sé que va a ser un excelente padre. Tiene un aprecio inmenso por los chicos y además se nota que tiene dinero, porque cuando fuimos al cine el otro día compró dos baldes enormes de pochoclos. Si un hombre gasta en ese tipo de cosas es porque realmente se juega por mí. Como si lo anterior fuera poco descubrí que es una persona superinteligente. Sabe varios idiomas, arregla todo tipo de artefactos y hasta me enseñó a usar el celular. Sin duda es un buen hijo, porque cada domingo va a visitar a sus padres. Pero lo que más me agrada de él son las bromas que me hace. Su sentido de humor me hace ver que la vamos a pasar rebién cuando nos casemos”. Detrás de toda esta catarata de virtudes que le regalás, lo que a vos realmente te interesa es cumplir tu deseo de casarte. Por eso, cuando ese hombre se transforma en tu esposo, comenzás a ver que no era ese príncipe azul que te habías imaginado. Por tal motivo, es fundamental que no seas impulsiva y averigües primero con qué clase de persona estás comenzando una relación. Muchas veces nos concentramos solamente en el deseo y no pensamos en las consecuencias. Una persona impulsiva que quiere comer una hamburguesa, la mira y dice: “No es tan grave, es solo una hamburguesa. No tiene tantas calorías porque tiene lechuga y, en definitiva, es carne. Además, ayer no cené así que me merezco comer algo consistente que me sacie el apetito”. De esta manera, esta persona le coloca virtudes a un producto que en verdad no es nada saludable. Lo mismo sucede con aquellas personas que no resisten la provocación del otro y terminan yéndose a las manos o reaccionando de una manera inadecuada. Hay personas que creen que por seguir sus impulsos van a cambiar su realidad y dicen: “Tengo que hacerlo sin pensar, porque si no, mi vida no va a cambiar más”. Sin embargo, ese es un cambio dramático, porque las consecuencias son graves y esos arranques impulsivos no llevan a buen puerto. Quienes actúan de esta forma tienden a justificarse: “Si no lo hago ahora, ¿cuándo lo voy a hacer?” o “si ya estoy enfermo, ¡¿qué le hace una mancha más al tigre?!”. Desafortunadamente, las consecuencias de la impulsividad son desastrosas: cuentas en rojo por una mala administración, hijos no deseados, familias destruidas, cuerpos arruinados, depresión, culpa, pérdida de la libertad, por citar tan solo algunos ejemplos.¿Querés dominar tu impulsividad? En las próximas líneas te voy a explicar de qué manera hacerlo.1- Identificá tu deseo. No está mal desear algo, pero una vez que identificás tu deseo tenés que ver cuál es el pensamiento automático que está asociado al mismo. Si, por ejemplo, identificás que querés casarte, tal vez el pensamiento automático que te venga a la mente sea: “Si no me caso antes de los treinta, entonces me voy a quedar sola toda mi vida”. Quizás querés tener un hijo, pero decís: “Si no tengo un hijo ahora, entonces nunca voy a poder ser madre”. Es posible que tu deseo sea obtener prosperidad financiera y entonces pienses: “Si no gano mucho dinero ahora que soy joven, ¿cuándo lo voy a hacer?”. Cuando logres identificar tanto tu deseo como ese pensamiento automático comenzá a preguntarte: “¿Quién me enseñó eso? ¿Cómo es que yo pienso así? ¿Quién me hizo creer que si no me divierto de joven luego no podré hacerlo nunca más?”. Cuestioná la autoridad de ese pensamiento y desafiá el poder que este tiene sobre tu vida. Tal vez ese pensamiento automático sea la angustia que te trasmitieron tus padres con frases como: “Si a esta edad no pudiste, entonces no lo lográs más”. Esa angustia es la que en muchos casos hace que empieces a querer que las cosas ocurran de inmediato.2-Date tiempo para resolver. Tenés que aprender a tolerar la incomodidad de situaciones en tu vida que no se resuelven. Tal vez hoy no halles la solución o no tengas esa respuesta que estás necesitando, pero es importante que mantengas la calma y toleres esas circunstancias adversas, porque así aprenderás a tener carácter. Actualmente vivimos en una cultura en la que ante la más pequeña molestia, acudimos a tomar una pastilla que alivie de inmediato ese dolor. Tenemos que empezar a cuestionarnos: “¿Por qué tengo que resolver todo de inmediato? ¿Por qué no me doy más tiempo para encontrar la solución?”. Aunque hoy no tengas la respuesta, tal vez en el futuro venga a tu mente la sabiduría del cielo para resolverlo inteligentemente. Cuando sientas la urgente necesidad de hacer realidad un impulso, detenete y preguntate: “¿Por qué tiene que ser ahora? ¿No será mejor esperar?”. Una mujer que era impulsiva, todos los días iba a la heladera y comía todo lo que estuviera a su alcance. Esto le provocó un severo sobrepeso. Su terapeuta le aconsejó que antes de abrir la heladera subiera a su habitación, eligiera su mejor par de zapatos, se los colocase y que recién entonces fuera a la cocina. El tiempo que le llevaba seguir esos pasos hasta finalmente abrir la heladera le fue quitando el impulso de comer y así empezó a adelgazar. Del mismo modo, cuando el impulso te apure y te diga: “Hacelo ya. ¡Estás perdiendo el tiempo!”, detenete y cuestionate: “¿Por qué tiene que ocurrir ahora? ¿Por qué creo que si no hago pareja con ese hombre, ya nadie se volverá a fijar en mí? ¿Por qué creo que tengo que hacerme millonaria de golpe?” Pensá qué es lo que te apura y te lleva a actuar impulsivamente cuando tenés toda una vida para que la disfrutes en toda su extensión.3-Por último es imprescindible activar tu voluntad. Al hacerlo interrumpís una satisfacción inmediata para tener una satisfacción más grande en el futuro. Por eso, es importante que descubras que tenés un propósito mayor, ya que de ese modo dejarás de actuar impulsivamente y no te importará que los demás te juzguen como alguien débil. Quiero decirte que vos podés esperar, porque tenés un propósito más grande.No importa lo que te digan ni cuánto te apuren, honrá la capacidad de pensar que Dios te ha dado, y recordá que tenés toda una vida para crecer. Por Alejandra Stamateas - Especial para Diario UNO / redaccion.santafe@uno.com.ar