Sábado 08 de Septiembre de 2018
Por Ignacio Mendoza
La Justicia Federal de Santa Fe condenó a Gustavo Fabián Coria (49), el vendedor ambulante que durante el 2011 se encargó de explotar sexualmente a una joven de 19 años en la zona de la terminal de ómnibus y en las ciudades de Rosario y Córdoba. La pena fue resuelta luego de un juicio abreviado cerrado entre el fiscal general ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, Martín Suárez Faisal, y el defensor oficial, Julio Agnoli.
Coria fue declarado autor penalmente responsable del delito de "promoción y facilitación de la prostitución y explotación económica del ejercicio de la prostitución de una persona, agravados por mediar violencia, amenazas, abuso de la situación de vulnerabilidad de la víctima y relación de pareja conviviente". La sentencia fue resuelta el pasado 28 de agosto y estuvo a cargo de los jueces camaristas José María Escobar Cello, María Ivón Vella y Luciano Lauría.
El acuerdo abreviado tuvo la oposición de los abogados querellantes de la causa, Federico Lombardi y Agustín Robineau, del Centro de Asistencia Judicial (CAJ). Ambos impulsaron la causa desde un principio, cuando la víctima, identificada como B. P., en el 2015 logró tomar valor y denunciar al violento proxeneta que la golpeó en reiteradas oportunidades, la obligó a prostituirse y hasta la vendió, como una mercancía, a proxenetas de la región.
Coria fue detenido el 13 de diciembre del 2016 por agentes de la Policía Federal Argentina cuando, paradójicamente, se desempeñaba como vendedor ambulante frente al Tribunal Oral Federal de Santa Fe, lugar donde dos años después terminó firmando el juicio abreviado.
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El inicio de un infierno
El caso se retrotrae al 2011, cuando la víctima, que por ese entonces tenía 19 años, se encontraba en un complejo estado de vulnerabilidad. Estaba embarazada, no tenía dinero, y su padre, con el cual vivía en una pensión de la zona de la terminal de ómnibus, había quedado en prisión por una causa de drogas.
En medio de ese contexto, la joven conoció a Coria, quien le ofreció ayudarla con la renta de la pensión y también con la provisión de alimentos. Al tiempo se fueron a vivir juntos e inclusive el hoy condenado le ofreció hacerse cargo del hijo que la joven llevaba en su vientre.
Al llegar al séptimo mes de embarazo, Coria comenzó a cambiar su actitud. El cambio fue tan fuerte, que hasta la obligó a consumir cocaína bajo amenazas de que si no lo hacía la golpearía. "¿Vas a tomar o no? Dale porque te pego en la panza … Me pega un palazo en la panza. ¡Tomá! Tomo obviamente… Con Coria era vos tomás o te reviento la panza a palazos o te quemo con el cigarrillo…”, fueron algunas de las palabras que dijo la víctima en su declaración a los asistentes del caso.
En medio de ese contexto, y con una fuerte adicción a las drogas, la víctima dio a luz, pero como no podía hacerse cargo de su hijo terminó dejándolo al cuidado de su madre mientras que ella continuó viviendo junto con Coría, sin imaginar que la explotación sexual que iba a sufrir estaba a la vuelta de la esquina.
La venta
Un día, Coria le dijo a la joven que la llevaría a un lugar a comprar ropa para el bebé. Ambos tomaron un colectivo con destino a Rosario. Al llegar, subieron a un taxi y descendieron en un burdel. A Coria le entregaron quince mil pesos y la joven debió quedarse allí.
En su relato, la victima destacó que en el prostíbulo le inyectaban droga para no sentir dolor y que la regente la obligaba a maquillarse, vestirse con ropa sugerente para que junto con otras mujeres atendieran a los clientes desde las 19.30 hasta las 6 del día siguiente.
La joven logró escapar del lugar por un ventiluz y llegar hasta la terminal de Rosario, donde tomó un colectivo con destino a la ciudad de Santa Fe. Pero al arribar a la capital provincial, el propio Coria estaba esperándola. La mujer bajó del ómnibus y fue llevada hasta una camioneta donde un sujeto le pedía a Coria que le devolviera los "quince mil pesos". Por esa "deuda", la joven debió "hacer la calle", durante dos semanas, en inmediaciones de la plaza España, donde estaba controlada por hombres.
La explotación continuó en la provincia de Córdoba capital, donde Coria la vendió a un proxeneta que le advirtió que si no se comportaba no había "devolución". La joven se enfermó y fue buscada nuevamente por su captor, quien la trajo a Santa Fe. Al llegar, el imputado le pidió que lo ayude a "saldar una cuentita más" en la ciudad de Paraná.
Cuando la joven fue llevada a la terminal, junto con otra chica, para ir hasta la capital de Entre Ríos, logró escaparse y regresar a la casa de su madre. Pero a los días, Coria se presentó allí acompañado por uno de los "hombres de Rosario" y avisándole que iba a llevarse al hijo de la joven. Pero nunca lo hizo.
Un año después, a fines del 2012, la víctima indicó que Coria se hizo nuevamente presente con "toda la banda", pero no sucedió nada más hasta que lo cruzó a la salida de un banco, donde el imputado la volvió a amenazar. Por ese hecho, la joven decidió denunciarlo y abrir así un expediente en la Justicia provincial.
El 11 de noviembre del 2015, la mujer radicó la denuncia con el patrocinio de los abogados del Centro de Asistencia Judicial (CAJ) y a partir de allí se inició una causa en la Fiscalía Federal Nº 1, que en ese entonces tenía a Claudio Kishimoto como titular.
Con el avance de la pesquisa, el juez de Instrucción resolvió (luego de la declaración en cámara Gesell) el 7 de diciembre del 2016 que se detenga a Coria para que sea indagado y posteriormente quede bajo la medida cautelar de prisión preventiva. El 28 de ese mes, el magistrado Reinaldo Rodríguez dictó el procesamiento por trata de personas, el cual fue confirmado en julio del año siguiente por la Cámara Federal de Apelaciones de Rosario.
El 29 de diciembre del año pasado, el juez puso punto final a la investigación y remitió las actuaciones al Tribunal Oral Federal, donde el pasado 28 de agosto, la historia tuvo su final con cinco años de prisión para Coria.