El próximo episodio de El Niño podría ser uno de los más intensos y aumentar las probabilidades de precipitaciones extraordinarias. Especialistas advierten que el riesgo para Santa Fe dependerá no solo de cuánto llueva, sino también de la vulnerabilidad de las zonas expuestas
12:37 hs - Miércoles 12 de Agosto de 2026
La posibilidad de que el próximo episodio de El Niño alcance una intensidad "muy fuerte" vuelve a poner bajo la lupa a Santa Fe, una de las provincias que históricamente sufrió las consecuencias de las grandes alteraciones en los patrones de lluvias y las crecidas de los ríos.
Organizaciones internacionales siguen con atención la evolución del fenómeno y, según los últimos reportes difundidos, existe una probabilidad superior al 90% de que El Niño alcance una categoría muy fuerte, un escenario que podría ubicarlo entre los episodios de mayor intensidad registrados.
Para Santa Fe, la preocupación está puesta especialmente en la posibilidad de que se registren precipitaciones superiores a las habituales, además de eventuales crecidas de los ríos Paraná y Uruguay. El impacto podría alcanzar a localidades ubicadas en zonas bajas y expuestas, infraestructura vial, rutas, caminos rurales, áreas productivas y sectores urbanos.
Fuentes con conocimiento de la situación en distintas provincias señalaron que desde hace meses existen advertencias sobre la posibilidad de lluvias extraordinarias y sobre las dificultades que podrían enfrentar algunos territorios para responder ante un escenario extremo.
"Va a quedar mucha provincia debajo del agua", advirtió una de las fuentes consultadas, al tiempo que calificó el eventual escenario como una "catástrofe" si no se adoptan medidas preventivas.
Qué puede pasar en Santa Fe
Entre las regiones que aparecen bajo mayor vigilancia se encuentra el Litoral argentino y, particularmente, la Cuenca del Plata. Santa Fe, junto con Corrientes, Misiones, Entre Ríos y Chaco, presenta mayores probabilidades de registrar precipitaciones por encima de los valores normales.
En el caso santafesino, el seguimiento está especialmente vinculado con el comportamiento de los grandes cursos de agua. Una combinación de lluvias abundantes y persistentes y una eventual crecida del Paraná podría incrementar el riesgo de anegamientos e inundaciones en zonas ribereñas.
El impacto no se limitaría a las ciudades ubicadas directamente sobre el río. Las precipitaciones extraordinarias también pueden generar problemas en los sistemas de drenaje, afectar caminos y rutas, comprometer áreas productivas y aumentar la presión sobre infraestructura ubicada en zonas vulnerables.
Por eso, los especialistas insisten en que el fenómeno climático no permite anticipar de manera exacta cuánto lloverá en una determinada localidad.
"El Niño corre las probabilidades a gran escala, pero no dicta cuánto llueve en una ciudad determinada una semana determinada. La pregunta abierta sigue siendo el dónde y el cuánto", explicó el meteorólogo y especialista en gestión del riesgo Mauricio Saldívar.
Un escenario climático diferente
Saldívar sostuvo que El Niño ya está en curso y que los principales organismos científicos internacionales coinciden en que la fase cálida del ENOS continuará activa durante los próximos meses. El especialista también señaló una diferencia respecto de grandes episodios anteriores: el fenómeno se desarrolla sobre un planeta con una atmósfera y un océano más cálidos.
"Este El Niño se monta sobre un océano y una atmósfera más cálida que la de episodios anteriores. El calentamiento de fondo hace que un evento de intensidad comparable pueda entregar valores absolutos más extremos: más calor, más vapor de agua disponible y lluvias más torrenciales cuando se disparan", explicó.
Según el meteorólogo, existe una alta probabilidad de que el fenómeno alcance una categoría muy fuerte, conocida popularmente como "Súper Niño".
La preocupación, además, no está únicamente vinculada con la intensidad del fenómeno. Desde los grandes episodios de 1982-83 y 1997-98, aumentó la población expuesta, avanzó la urbanización sobre áreas inundables y se incrementó la superficie impermeabilizada de las ciudades.
También existe una mayor cantidad de infraestructura crítica localizada en sectores que pueden quedar expuestos ante lluvias intensas o crecidas extraordinarias.
Los antecedentes que preocupan a Santa Fe
La provincia conoce de cerca las consecuencias de los grandes episodios de El Niño. Uno de los antecedentes más recordados corresponde al fenómeno de 1982-83, considerado uno de los más fuertes del siglo XX. Las lluvias extraordinarias y las crecidas provocaron inundaciones, evacuaciones y graves daños en infraestructura.
En Santa Fe, aquel episodio tuvo consecuencias particularmente severas. La magnitud de las crecidas llevó incluso a detonar tramos de la Ruta Nacional 168, uno de los principales enlaces entre Santa Fe y Paraná, mientras que el histórico Puente Colgante sufrió daños que terminaron provocando su caída.
Quince años después, el episodio de 1997-98 volvió a mostrar la capacidad destructiva de las lluvias persistentes. En Corrientes, las precipitaciones prácticamente diarias durante un extenso período provocaron una de las mayores crisis hídricas de su historia y llegaron a anegar cerca del 58% del territorio provincial.
El último gran episodio regional se produjo entre 2015 y 2016, cuando se registraron desbordes de ríos, evacuaciones y miles de hectáreas anegadas.
El riesgo no depende solamente de cuánto llueva
Para los especialistas, los antecedentes dejan una enseñanza central: la magnitud de una emergencia no depende exclusivamente de la intensidad del fenómeno climático.
"El daño casi nunca es solo meteorológico; es la exposición y la vulnerabilidad que construimos sobre las planicies de inundación", sostuvo Saldívar.
En Santa Fe, esa advertencia adquiere especial relevancia por la presencia de extensas áreas ubicadas en el valle de inundación del río Paraná, además de la concentración de población, infraestructura y actividad productiva en zonas que pueden quedar expuestas.
El desafío, por lo tanto, será convertir los pronósticos climáticos en medidas preventivas concretas, mejorar los sistemas de alerta y monitoreo y preparar a las localidades potencialmente afectadas antes de que se produzcan lluvias o crecidas extraordinarias.