Pablo Mainer, integrante de Argentinos por la Educación y de la ONG Hablemos de Bullying, advirtió que la violencia escolar está naturalizada y que las instituciones carecen de herramientas reales para prevenirla
19:28 hs - Martes 31 de Marzo de 2026
El tiroteo en la escuela Mariano Moreno de San Cristóbal que le costó la vida a Ian Cabrera, de 13 años, abrió un debate urgente que va mucho más allá del hecho en sí: el estado real de la convivencia escolar en Argentina, la salud mental adolescente y el rol de los adultos frente a una generación que, según los especialistas, está enviando señales que nadie termina de escuchar.
En diálogo con UNO Santa Fe, Pablo Mainer, integrante de Argentinos por la Educación y de la ONG Hablemos de Bullying, fue categórico: "Estos casos son excepcionales, pero no son aislados. Se dan en el marco de un contexto social donde la violencia, el insulto y la exclusión están muy naturalizadas."
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Un sistema sin herramientas
Para Mainer, el problema de fondo es estructural. La formación docente no incluye, o apenas roza, los contenidos vinculados al clima escolar y la convivencia. "Nosotros trabajamos varias veces en institutos de formación docente y los chicos lo agradecen enormemente, porque estos temas directamente no están", señaló.
A eso se suma el estado de los gabinetes psicopedagógicos: en las escuelas que los tienen, funcionan de manera reactiva, atendiendo urgencias individuales, en lugar de operar como herramienta transversal a toda la institución. Y muchas escuelas, directamente, no los tienen.
"De nada sirve tener dos psicólogas en la escuela si en la clase de matemáticas el docente habilita que los chicos se insulten", graficó. "El proyecto de convivencia escolar tiene que ser igual de importante que el proyecto pedagógico. Un chico que la pasa mal tampoco aprende."
Los protocolos que nadie lee
Uno de los puntos más críticos del análisis de Mainer fue el destino real de los protocolos de actuación. "Están, pero muchas veces están mal construidos o directamente duermen en un cajón. Los chicos no los conocen, no participaron de su elaboración y por lo tanto no los sienten como propios", explicó.
La propuesta de la Alianza Antibullying Argentina, de la que forma parte su organización, apunta a que esas normas de convivencia sean co-construidas con docentes, familias y alumnos, y que se trabajen de manera permanente, no como actividades aisladas. "No sirve juntar a los chicos un viernes por mes para hablar de discriminación si el lunes la escuela sigue siendo exactamente igual", afirmó.
El rol de los adultos: el eslabón roto
Mainer puso el foco también en la responsabilidad de los adultos —tanto en la familia como en la escuela— en generar espacios de escucha real. "Muchas veces los chicos no cuentan lo que les pasa porque minimizan su problema, porque temen la reacción, o porque directamente quieren cuidar a su familia de un problema más", explicó.
"Tenemos que revisar cómo generamos un espacio de diálogo abierto. La adolescencia es una etapa donde las emociones y lo impulsivo están por sobre lo reflexivo, eso es normal. Pero los adultos tenemos que tener las herramientas para habilitar ese diálogo", agregó.
En ese sentido, destacó que el preceptor es una figura clave y muchas veces subestimada: "Los estudios muestran muy fuerte la figura del preceptor como adulto referente. Hay que hacer equipo: familia, docentes, preceptores."
Pantallas, identidad y frustración
El especialista también señaló el impacto de las redes sociales y los videojuegos en el desarrollo emocional de los adolescentes. "Los chicos desde muy pequeños consumen contenido violento para el que no están preparados, se exponen a estereotipos inalcanzables que frustran su autoestima, y muchas veces no hay un adulto observando ni hablando de lo que consumen", advirtió.
Esa combinación —vulnerabilidad emocional, aislamiento digital y ausencia de contención adulta— es el caldo de cultivo en el que crecen la depresión, la ansiedad, las autolesiones y, en los casos más extremos, la violencia hacia otros.
La posvención: lo que viene ahora
De cara al regreso a clases en la escuela Mariano Moreno, Mainer fue claro sobre lo que se necesita: contención antes que explicación. "Vamos a ver chicos afectados en el sueño, chicos que no van a querer volver, chicos muy angustiados. Hay que escucharlos, habilitar la palabra sin forzar y evitar la sobreexposición mediática."
En ese punto fue crítico con la cobertura periodística del día del hecho: "Vimos periodistas cazando niños en la plaza para que salgan en cámara. Eso no corresponde y no está alineado a ningún protocolo de comunicación para este tipo de casos. Es una localidad chica, y eso impacta en toda la comunidad."
El cierre de Mainer fue a la vez un diagnóstico y un llamado a la acción: "Hoy en internet están las herramientas, están los materiales, están los profesionales trabajando. No hay que inventar nada. Lo que hay que hacer es buscar, adaptar a cada institución y ponerse a trabajar. Pero tiene que ser un trabajo sistémico, transversal y sostenido en el tiempo. No actividades aisladas. No protocolos en un cajón."