El oficio de trabajar la madera a partir de la mirada del arte
Julián Esquivel vivió muchos años en Brasil. En 2008 regresó a Santa Fe “con una mano adelante y otra atrás”. Hoy tiene su taller en donde hace trabajos artesanales que respetan la naturaleza.

Domingo 29 de Septiembre de 2013

Hipólito Ruiz

Diario UNO de Santa Fe

Julián Esquivel trabaja la madera con una concepción artística. Su relación con el oficio de carpintero comenzó hace unos 13 años, cuando vivía en el Brasil. Pero su relación con el arte es de toda la vida. “Veo el trabajo desde una mirada artística”, define mientras empieza a preparar la restauración de una cama antigua en su taller Cuido el Verde, de calle Santiago de Chile 2.050.

El fuerte de su trabajo es la restauración de muebles de estilo como sillas, puertas, ventanas, entre otros objetos. Esquivel asegura que en la actualidad “hay muchas personas que son la tercera o cuarta generación que empieza a heredar los muebles de su familia y que los quieren recuperar y mantener” y que ése es uno de los principales motivos por los que hoy lo están llamando y lo que surge “son trabajos muy interesantes”.

“Lo que más me gusta de la madera es que dentro de todo lo que es la plástica es uno de los elementos más noble en todos los sentidos. Por un lado es muy versátil, sobre todo para tallar. Pero, por otro lado, la madera es muy saludable para trabajar, salvo la parte del lustrado que ya no la puedo hacer porque tengo problemas de salud que no me permiten estar en contacto con los químicos. Por ejemplo, la paso mal cuando tengo que pintar. En cambio, la madera es un material natural, curativo, terapéutico y es rentable. Porque si no fuese así uno le dedicaría el tiempo que le dedica a otras cosas como ir a remar o ir a pescar. Dentro de lo que uno sabe hacer, que es lo manual, la madera es algo que me gusta. Porque, además, me permite aplicar el sentido estético. Las terminaciones requieren tener ojo, dependen de la experiencia y también de un concepto visual formado”.

“Este trabajo –continuó–, si bien no tiene el título de ser una obra de arte, se vuelve una obra de arte a través de la consideración y la impronta que uno le pone. Tiene que ver la actitud con que uno lo hace. No vamos a ponernos a discutir qué es arte, pero arte es hacer las cosas, primero que nada, con cariño”.

La relación que tiene el carpintero con la madera es muy especial y, también, muy personal. “La madera a mí me inspira a estar en contacto con ella, a lijarla, a tocarla y, sobre todo, a verla terminada. Porque muestra una parte interior muy fantástica. A través de la madera uno puede leer la historia, cómo se manifiesta la naturaleza”.

“Además, te lleva a una meditación. Si vos te distraés, errás. La madera te hace crecer mucho como persona en el sentido de que no te podés equivocar. Porque así como cuando herís a una persona es muy difícil retornar, la madera es igual. Una vez que la cortaste, no tiene arreglo. Uno puede unir dos maderas. Pero cuando la cortaste a lo largo de la veta y le erraste, perdiste la madera o tenés que hacer un mueble más chico. No hay arreglo. Requiere de cuidado, de mucha atención”.

“Uno trabaja con todas cosas que son expuestas. Por eso a muchos carpinteros le faltan dedos o pedazos de los brazos. Es un oficio peligroso. Requiere de una meditación constante. Si te equivocás, perdés un dedo; si te equivocás, perdés plata. Si te apurás y no lo terminás bien, el cliente ya no queda conforme. Porque hoy, nosotros, como consumidores siempre estamos esperando que las cosas queden perfectas. Muchas veces uno va a una tienda donde hacen los trabajos con unas máquinas impresionantes y no quedan bien o están fallados. Este trabajo requiere una actitud especial en ese sentido y trabajar con la madera se presta para eso. Hay que cuidar los detalles y hacerlo con cariño. A mí me gusta que cuando me paguen, vean el trabajo y me digan: «Ahora tengo este otro para hacer»”.

La historia de una elección de vida

Esquivel cuenta que se inició en el oficio como una opción laboral. Durante mucho tiempo había estudiado artes plásticas y desde muy joven decidió vivir en el Brasil. Según sus palabras, en ese país hizo de todo hasta que empezó a trabajar la madera “porque era más viable, tenía más salida comercial”. En el 2000 pudo conseguir sus primeros trabajos en algunas carpinterías y a generar algunos trabajos propios. En ese sentido recordó: “Cuando arranco con los trabajos de carpintería ya empiezo a dejar de lado los otros que tenían que ver con la pintura y la resina. El oficio del carpintero lo aprendí en el Brasil, que es un país que tiene mucha abundancia de madera. En los primeros tiempos iba juntándola en las calles o pedía en los aserraderos para poder armar pequeñas mesas o mueblecitos”.

“Hasta que en un momento, una clienta que tenía mucha plata me trajo una foto de un mueble hindú y me pidió que le haga una copia. Ella me conocía de cuando yo hacía decoraciones de templos hindúes y por eso sabía que podía trabajar un mueble de ese estilo. Ahí alquilé una carpintería y no paré más. Pero siempre trabajando por el lado de lo artístico, de lo artesanal y de lo que es diferenciado”, aclara.

Todavía en Brasil, Esquivel en una oportunidad fue a comprar madera a un aserradero muy grande y el dueño le dijo que tenía un trabajo para él. “Al otro día fui, me subió a un auto y me llevó a una cárcel del Estado de San Pablo; me mostró un salón lleno de máquinas y había diez presos. «Éstos son tus empleados y vos les vas a tener que enseñar carpintería», me dijo. Me soltó en el medio de la cárcel y estuve yendo todos los días durante dos años aprendiendo con ellos el oficio. Había personas que tenían 10 años arriba de un torno y que me enseñaron muchísimo. Ahí empecé a delirar y a hacer muebles copiados exactamente como los que había en la India. Tenía toda la maquinaria y una mano de obra superior. Eran muchachos que estaban sólo para eso y de los 500 presos había 15 que ya eran carpinteros de antes y que me enseñaron muchísimo. Fui a dirigir la carpintería, pero aprendí mucho”, aseguró.

Sin embargo, en 2008, se separó y decidió regresar a la Argentina. “Cuando llegué estaba seco, tenía una mano adelante y otra atrás. Mi primo me dio una mano y empecé a hacer changas de carpintería, fundamentalmente restauraciones de aberturas”, expresó.

Si bien la creatividad está presente en todo momento, el trabajo que más le gusta a Esquivel es empezar a construir un mueble de cero. Pero como la carpintería se llama Cuido el Verde, sólo trabaja con madera reciclada.

Esa decisión la tomó hace mucho tiempo. Asegura que el nombre del taller tiene que ver con haber vivido mucho en el Brasil y con haber atravesado el Amazonas, en 1987. “En ese momento ya lo vi tapado de madera. Uno miraba a lo lejos y veía cómo la gente iba caminando arriba de los troncos en el medio del río Amazonas. En esa época era una atrocidad lo que estaban sacando. Por eso Cuidar el Verde es aprovechar lo que ya se cortó. Compro lotes de tirantería vieja, barata. Yo no puedo comprar un metro de pinotea a 150 pesos. Compro otras maderas muy nobles como el pino Brasil. Intento aprovechar lo que ya fue cortado”, afirma.

“La madera noble que hoy tenemos es producto de la deforestación y la destrucción del planeta. Por eso compro como mucho, y sólo cuando es inevitable, un 10 por ciento de la madera que utilizo. Lo que sí uso mucho es madera de reforestación, que es una madera mucho más ecológica, menos perniciosa porque ya son áreas destinadas a plantar y cortar. Eso está constantemente presente en mi trabajo. Por eso, hacer muebles con madera que se reaprovecha, no sólo le da un look diferente porque la madera es noble y tiene la ventaja de que está seca, sino que el resultado final que se consigue es maravilloso y más saludable”.