La situación de la planta santafesina volvió a poner en discusión la caída del consumo, el avance de las importaciones y los problemas de costos que atraviesa la actividad. Desde el gremio cárnico remarcan que la cadena tiene capacidad para expandirse y generar empleo, aunque reclaman financiamiento y políticas públicas para acompañar ese crecimiento.
16:23 hs - Lunes 21 de Septiembre de 2026
La situación del frigorífico Don Juan, que derivó en 27 despidos y la continuidad de 25 trabajadores en la planta, volvió a poner el foco sobre las dificultades que atraviesa la industria porcina. Para Daniel Roa, representante del gremio cárnico, el caso puntual también permite observar los problemas que afectan a distintos eslabones de una cadena productiva que, al mismo tiempo, conserva margen para crecer.
Roa explicó que, tras el conflicto registrado en Don Juan, el objetivo fue garantizar la continuidad de una parte de la actividad y avanzar en una reestructuración que permita recuperar progresivamente los niveles de producción. Según señaló, la empresa retomó la actividad con 25 trabajadores y mantiene la intención de sostener la producción mientras consigue hacienda y financiamiento.
Pero para el dirigente gremial, la situación de Don Juan no puede analizarse de manera aislada. "Hay una cadena de valor dentro de la industria", planteó en declaraciones a LT10, y explicó que una menor actividad en un frigorífico repercute sobre otros establecimientos que participan de la faena y sobre los productores que necesitan colocar sus animales.
Como ejemplo, mencionó el caso de un frigorífico de Recreo que, según indicó, pasó de faenar unas 800 cabezas de cerdo por día a alrededor de 650. Roa describió esa situación como un "efecto dominó" dentro de una actividad en la que los distintos eslabones se encuentran vinculados.
La caída del consumo y el avance de las importaciones
Entre los factores que, según Roa, complican al sector aparece también la caída del consumo de carnes. El dirigente sostuvo que esa situación genera una modificación en el consumo de proteínas y señaló que la carne de pollo aparece como una de las principales opciones por una cuestión de costos, mientras que también se consume carne de cerdo.
A ese escenario sumó el incremento de las importaciones de carne porcina desde Brasil. Según los datos que mencionó durante la entrevista, Argentina pasó de importar unas 14.000 toneladas en 2014 a un volumen estimado de 60.000 toneladas para este año.
Roa sostuvo que ese crecimiento de las importaciones afecta directamente al sector productivo argentino y señaló que el problema viene siendo planteado por el sector porcino desde hace años.
El dirigente también hizo referencia a las diferencias en los costos de producción entre Argentina y Brasil y a las condiciones bajo las cuales se desarrolla la actividad en ambos países. En ese punto, mencionó el uso en Brasil de determinados productos que, según explicó, no están permitidos para la producción porcina en Argentina.
Un sector que también creció
Sin embargo, Roa evitó presentar al sector porcino argentino únicamente desde una perspectiva negativa. Por el contrario, remarcó que la producción nacional registró un crecimiento importante durante la última década.
Según explicó, en ese período aumentó la cantidad de vientres porcinos y también mejoró la productividad. De acuerdo con los números que aportó, se pasó de unos 320.000 a 460.000 vientres, mientras que la cantidad de capones producidos por cada vientre por año habría aumentado de entre 20 y 22 a alrededor de 30.
También señaló un incremento en el peso de los animales terminados: de unos 100 o 110 kilos a 120 o 125 kilos.
Para Roa, esos cambios muestran el impacto que tuvieron la genética, la tecnología y la alimentación sobre la producción. En ese sentido, destacó el aporte de organismos como el INTI, el INTA y el CONICET, además de las universidades y la investigación vinculada al desarrollo productivo.
"Ha crecido enormemente y tenemos todavía para crecer un 40 o 50% más en la próxima década", sostuvo el dirigente, al referirse a las posibilidades de expansión que observa para el sector.
El desafío de sostener el crecimiento
La contracara de ese potencial aparece, según Roa, en las condiciones necesarias para que ese crecimiento pueda concretarse. El dirigente planteó que la actividad necesita financiamiento y políticas públicas estratégicas, tanto a nivel provincial como nacional.
En el caso de Don Juan, el objetivo inmediato es sostener los 25 puestos de trabajo que permanecen en la planta y recuperar paulatinamente la producción para posibilitar nuevas reincorporaciones. Roa explicó que la empresa está dispuesta a continuar trabajando mientras pueda conseguir hacienda y financiamiento, y que existe una discusión en el Ministerio de Trabajo para avanzar en la reestructuración de la planta.
Pero, en una mirada más amplia, el gremio busca que la situación no se limite a resolver el conflicto puntual.
Roa sostuvo que la industria porcina puede seguir creciendo y generando fuentes de trabajo. En ese sentido, afirmó que se trata de un rubro "autosustentable" y planteó que, una vez que se establezcan los lineamientos y las condiciones de financiamiento, la actividad puede continuar expandiéndose.
Así, el conflicto del frigorífico Don Juan aparece como una expresión concreta de las dificultades que atraviesa la cadena, pero también como parte de una discusión más amplia: cómo sostener la producción local frente a la caída del consumo y el crecimiento de las importaciones y, al mismo tiempo, aprovechar el potencial de crecimiento que el propio sector reconoce.