La pasión de la juventud maduró en un emprendimiento
Rubén Curioni aprendió a tallar la madera de chico. Luego de cumplir 65 y jubilarse como bancario, se dedicó de lleno a su hobby. Hoy expone sus obras en la Plaza Puyrredón.

Domingo 25 de Mayo de 2014

Rubén Curioni asegura que siempre le gustó dibujar y pintar. Desde pequeño también descubrió su gusto por trabajar la madera. Sin embargo, los caminos de la vida lo llevaron a trabajar en algo totalmente distinto. Ingresó al Banco Nación, le salió un traslado a Villa Trinidad, en el noroeste provincial y se alejó de su hobby un tiempo.

En esa localidad del departamento San Cristóbal trabajó durante 14 años, hasta 1985, cuando decidió regresar. Curioni quería estar más cerca de Coronda, su ciudad natal, y que su hija tenga cerca un lugar donde poder cursar sus estudios superiores. Así llegó a Santo Tomé, donde actualmente vive.

“Acá volví a incursionar en la madera y en el tallado bajorrelieve. En este lugar conseguí aserraderos y todo lo que necesitaba para trabajar la madera. Por eso empecé a hacer cosas mientras trabajaba en el banco”, le dijo a Diario UNO.

Curioni hoy recuerda cómo empezó su relación con el tallado de la madera y asegura que fue desde muy chico. En esas épocas hacía trabajos pequeños y con las herramientas que tenía a mano porque no contaba con dinero para comprarse los elementos necesarios.

“A mí nadie me enseñó a hacer estos trabajos y es posible que en la técnica esté equivocado. Pero esta es la forma en la que yo aprendí a hacerlo y veo que a la gente le gusta”, asegura.

Luego continuó: “El emprendimiento es totalmente familiar. Yo hago la obra, se la muestro a mi mujer y le pido que me diga la verdad. Después hay otras personas que me dicen que les gusta lo que hago. Todos los trabajos que hacía los iba poniendo en bolsas de residuos y los guardaba en el garage de mi casa. Hasta que en un momento ya no tenía más lugar y alguien me dijo que vaya a la feria de la Plaza Pueyrredón, en Santa Fe”.

Sin embargo, Curioni dice que ir a las ferias no es lo que más le gusta y que, a pesar de que ya hace un tiempo que viene vendiendo sus trabajos, todavía sigue siendo un hobby el tallado de la madera. “No me llama mucho la atención estar detrás de un stand para vender mis trabajos. Pero como es solo los domingos y de 15 a 20, voy a mostrar lo que hago. Y a la gente le encanta”, afirmó.

“A veces –agregó– uno se encuentra con que no hay mucha plata y no se vende. Pero a mis obras las tengo que cobrar porque tienen entre 20 y 25 horas de trabajo arriba. Eso hay que cobrarlo y en esta época hay muchas personas no quieren gastar lo que valen. Yo los entiendo. Pero también hay gente a la que le encanta lo que hago y me vienen a comprar. Hay un muchacho de Santo Tomé que pasa y me pregunta qué hice de nuevo y siempre se lleva algo”.

Para Curioni cualquier madera se puede tallar, pero hay algunas que son más nobles que otras. Por eso en sus trabajos se inclina por el algarrobo y otra que se llama zoita. “Son maderas duras, nobles y cuando uno da un mal golpe no se quiebran”, argumenta el artesano.

“El color de la madera es muy importante. Al algarrobo yo lo utilizo para hacer los relojes, mientras que para hacer las caras utilizo la zoita porque es una madera clara y eso, cuando se termina de tallar la cara, uno le puede dar una sombra”, explicó y añadió: “Hay detalles que los trabajo con la tinta que se usa para teñir la pintura y eso viene en diferentes tonos como el roble, el algarrobo. Después le pongo cera virgen de abejas o una laca para impermeabilizar la obra”.

“El trabajo que se me presenta yo lo hago, pero lo que más me gusta es hacer el bajorrelieve. Esa técnica consiste en bajar todo lo que es el contorno de la figura y después empiezo a tallar la figura misma. Yo me siento realizado cuando hago una obra, porque de un trozo de madera se saca algo. Eso me llena de satisfacción”, aseveró.

Rubén asegura que los trabajos que hace le tienen que gustar a él y en el caso de que sea un trabajo a pedido, le tiene que encontrar la manera de ponerle algo personal a ese trabajo.

A mediados de 2012 optó por tomar un retiro en el banco y hace tres meses le salió la jubilación. Eso le dejó más tiempo para dedicarle al emprendimiento.

Por eso, desde hace un tiempo se puso a hacer caras de personajes que dejaron una marca en la historia. Entre otros hizo a Nelson Mandela, el Che Guevara, Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges. La última que hizo fue la del Papa Francisco. “En ese tipo de obras, cuando las termino, se las muestro a mi mujer y le pregunto: «¿Quién es?». Si me dice el personaje correcto, es que está bien hecho. Sino lo tengo que tirar porque esa obra no tiene sentido. A la de Francisco tengo ganas de mandarla al Vaticano porque me gustó mucho cómo quedó”, finalizó.