Norberto Gabutti: una vida ligada a los motores y atada a los pedales
Apasionado por los fierros y reconocido por sus medallas ganadas sobre la bicicleta, relató su historia y compartió anécdotas. En homenaje a él, hoy se correrá la 5ª Vuelta de la Constitución.

Sábado 24 de Mayo de 2014

Hoy se corre una nueva edición del rally de autos antiguos y clásicos llamado la 5ª Vuelta de la Constitución y este año será en homenaje a Norberto Gabutti. Este hombre de barrio San José tiene 87 años y dos pasiones intactas en su vida: la mecánica y el ciclismo. A partir de ser el protagonista de este reconocimiento, Diario UNO visitó su casa y recorrió cada una de las habitaciones en donde alberga sus más preciados tesoros y recuerdos, además de descubrir su impecable taller y conocer una reliquia que cobija detrás de una cortina azul: su Coupé Chevy de 1975.

Es hijo de José y Rosa, una familia de agricultores de la localidad de San Justo. Está casado con Nélida hace 62 años y tiene tres hijos: Rubén, Norberto y Beatriz, y completan el árbol genealógico sus nietos y bisnietos. Su historia está ligada al automovilismo, por la mecánica, y al ciclismo, como deporte. El ser mecánico fue un sueño que tuvo desde chico y lo pudo concretar a los 22 años cuando se radicó en Santa Fe. Hace 65 años que ejerce esta profesión y sus conocimientos siguen intactos. 

“La bicicleta es mi alma máter, si me la sacan, me sacan la vida. Lloré tanto de chico para que mis padres me regalaran una bicicleta que cuando me la puede comprar fui la persona más feliz del mundo”, dijo Norberto sobre su amor por este rodado y aprovechó para recordar que en esa época sus padres no se la podían comprar, “costaba y además éramos 11 hermanos y comprarnos a todos no era fácil”, agregó.

Alcanzar la meta

Norberto nació en San Justo el 18 de octubre de 1926 a las 6 de mañana. A los 12 años tuvo que dejar la escuela para ayudar a su familia en las tareas rurales. Pero con sus limitaciones y carencias se las ingeniaba para crear sus propios juguetes, sobre todo autos. A los 22 años llegó a Santa Fe y comenzó a trabajar como mecánico en un taller que montaron con un socio amigo. Más tarde ingresó a una empresa de transporte de pasajeros, función que desempeñaba durante la mañana y por la tarde, le dedicaba su tiempo al taller. “Allí hacíamos todo: chapa, pintura y la reparación en general, el auto se reconstruía entero. Hacíamos un trabajo artesanal”, agregó Gabutti, en referencia al taller que estaba en barrio María Selva.

Llegó el momento de independizarse y el traslado a barrio San José donde vive desde hace 64 años y donde montó su taller. En este lugar pareciera que el tiempo no hubiera pasado. A pesar de que ya son más de seis décadas, está impecable. No hay una mancha de grasa y cada tuerca, tornillo, herramienta, llave y máquina está donde le corresponde. “Ahora no hago muchos trabajos, solo afinación de motores, cosas más livianas porque no puedo hacer mucha fuerza. Reparo para otros mecánicos”, dijo Norberto mientras prendía las luces para mostrar cómo relucía “su pequeño lugar en el mundo”.

Y luego dijo: “Me mantiene en movimiento, me deprimo si no trabajo. Ejercito mi mente y perfecciono lo que sé y sigo aprendiendo a pesar de los años. Además estoy integrando a muchas asociaciones en las cuales colaboro y trabajo porque no soy un número más en la lista de autoridades. Es decir: siempre tengo algo para hacer”.

Tras recorrer el taller y observar cada maquinaria y herramienta que adquirió con el tiempo y mucho sacrificio, lo mejor aún estaba por venir. Antes de abandonar el lugar, que queda al fondo del patio de la casa ubicada en Estanislao Zeballos 3.400, corrió un gran cortinado azul y detrás de él su joya más preciada: la coupé Chevy modelo 1975, de un color gris muy particular.

Orgulloso, comenzó a abrir sus puertas, el capot y a mostrar cada rincón prolijamente cuidado y reluciente. No lo usa casi nunca, solo los domingos para dar una vuelta por la Costanera con Nélida, además de exhibirlo en alguna exposición o muestra de autos antiguos. “Nunca corrí en auto, solo en bicicleta. Pero participé una vez de un rally que se hizo hasta Recreo, ida y vuelta, cuando integraba un club de autos antiguos”, contó.

Su segundo amor

Pero Norberto Gabutti no solo es admirable por su memoria y capacidad para detallar su larga lista de anécdotas, sino también porque no es mezquino y comparte todas sus vivencias y colecciones como la de bicicletas. Detrás de una puerta que da al comedor diario, una habitación alberga 11 rodados. La más vieja es de 1907 y la más moderna es de 2013. Tienen todos los chiches: radio, espejos retrovisores, luz, sirena, cornetas especiales y hasta una aún conserva sus llantas de madera. En este lugar también están sus recuerdo más preciados como recortes de diarios y revistas, fotografías, cuadros, regalos, premios, reconocimientos, proyectos y hasta un minisantuario con la imagen de la Virgen de Guadalupe, entre otros.

“La práctica en bicicleta la hago hace 74 años y lo sigo haciendo y cuando no puedo salir a entrenar a la ruta tengo mi rodillo de entrenamiento. Hoy lo hago por una cuestión de salud, para la circulación de la sangre. La bici es muy buena; en invierno, que salgo menos, uso el rodillo, pero no es lo mismo porque no estás al aire libre, pero antes que nada, prefiero eso”, relató.

Su pasión por la bicicleta lo llevó a ser el organizador de la primera peregrinación de ciclistas a la Basílica de Guadalupe para venerar a la Virgen. Desde entonces se hace de manera ininterrumpida y este 29 de mayo la travesía cumplirá 65 años. “En 1949 trabajaba en un taller mecánico de los hermanos Rafael y Roberto Méndez en General Paz y Pasaje Koch. Con Rafael se nos ocurrió hacer una peregrinación ciclística a partir de la devoción a la Virgen. En ese momento eran muchos los ciclistas, los hermanos López, Clodomiro Cortoni, los Rizzatto, entre otros. Hablaron con el padre Miguel Genesio, que solía cargar combustible en el surtidor que había en el taller, estuvo de acuerdo y en dos meses organizamos todo”, relató más adelante Norberto. 

Se realizó un día lluvioso y convocaron unos 400 ciclistas y desde ahí se hace todos los años. Empezaron con el padre Genesio y luego y por 40 años siguieron con el padre Edgardo Trucco y ahora los apoya el padre Olidio Panigo. 

“Le pedí al padre Panigo que la procesión pasara a la Basílica porque cuando yo no pueda más quisiera que no se pierda”, agregó a Diario UNO, Norberto Gabutti.

Ser solidario y apoyar el prójimo

Para resumir, Gabutti manifestó: “Mis pasiones son la mecánica y el ciclismo y colaborar con el prójimo, ser solidario, ayudar en lo que puedo, no negarle nada a nadie y compartir lo que uno sabe, no ser egoísta, si uno sabe algo tiene que transmitirlo a los demás para que no se sigan cometiendo errores”. 

Al ser consultado sobre este homenaje que le harán hoy y que no es el primero, porque en el transcurso de su vida cosechó muchos premios y reconocimientos, expresó: “Agradezco este homenaje, estoy muy contento. Estoy de acuerdo en que los homenajes hay que hacerlos en vida porque una vez que uno desaparece para qué sirven. A veces los familiares se preguntan: «Y se acordaron del viejo ahora»”. 

También destacó el apoyo de su familia. “Son incondicionales porque cuando estás muchas horas afuera ya sea por el ciclismo o por un montón de actividades que uno tiene, es necesario contar con ellos”, dijo.

Alegre, cordial, amable, simpático... son solo algunos de los calificativos para este hombre con una vida ejemplar. Pero él también se definió como “un apasionado de todas las cosas que hago” y al mismo tiempo agregó: “Me gusta hacer las cosas con gusto, con cariño, si me va mal trato de arreglarlo para que luego salga bien pero no me enojo, aprendo. La mecánica me encanta desde chico porque recuerdo que hacía autitos de chiquito. Vivíamos en el campo y no había herramientas ni medios para hacerlo, sin embargo me las rebuscaba y hoy trato de contar todo lo que sé. No me quiero llevar nada”.