Lunes 14 de Abril de 2014
Según se detalla en el capítulo XX del libro Para Conocernos, un prolijo trazado de los jardines, su pérgola, el jardín francés con la hermosa fuente, la caja armónica, grupos escultóricos, numerosos bancos de madera y bien cuidadas especies florales y variedad de árboles, dentro de un diámetro oval, caracterizaban al Parque Oroño ubicado al sur del acceso al Puente Colgante, entre el murallón costanero y la calle Grand Bourg, teniendo como límite sur la prolongación ideal de la calle Ituzaingó, junto al Club de Regatas, en la zona que para muchos santafesinos que hoy ya son maduros, se conocía como “la punta del Bulevar”.
Este parque que por años fue orgullo y satisfacción de quienes querían a la ciudad, comenzó a desaparecer cuando la gran crecida del río de 1966 significó primero el desplome del murallón y parte de la vereda contigua de éste. Luego el agua arrasó a la calle paralela al anterior sector y ocasionó otros daños.
Finalmente, la decisión de las autoridades de construir el nuevo puente, que se conoce como Oroño y sus accesos, significó la desaparición del resto del parque y también de la zona edificada que comprendía dos manzanas de tamaño reducido encuadradas por Grand Bourg al este, Laprida al oeste, Bulevar Gálvez al norte e Ituzaingó al sur, con Balcarce en el centro.
También cabe recordar que desapareció una plazoleta triangular emplazada en el encuentro de avenida Alem con las calles Laprida e Ituzaingó, y de un jardín en talud del acceso al puente Colgante, que dio alegría a miles de niños que allí veían, sobre el verde césped, corporizados en imágenes, a Blancanieves y los Siete Enanitos.
Cabe recordar que en 1955, el intendente de la ciudad, el teniente coronel Benito Ortiz, dispuso que en las distintas plazas y paseos se colocaran figuras de los personajes de los cuentos infantiles más conocidos, como motivo de ornamentación y también para entretenimiento de los niños. En este lugar se decidió instalar estas ocho figuras escultóricas que representaron a Blancanieves y los Siete Enanitos que fueron diseñados y construidos por Miguel Ferrari, jefe de la Oficina General de Festejos y Ornamentaciones de la Municipalidad.
También se colocó una iluminación especial para resaltar las figuras y para que sean vistas de noche.
Santa Fe, ciudad cordial
La fuente que estaba colocada en el paseo, obra del escultor santafesino (ya desaparecido) Baldomero Banús, fue separada en varios sectores y estuvo abandonada en dependencias municipales, hasta que no hace muchos años se la reubicó y rehabilitó en la cabecera este del puente Oroño, donde se le dio el nombre de Fuente de la Cordialidad, como símbolo del eslogan “Santa Fe, ciudad cordial”.
Esto trae aparejado el recuerdo del Congreso Eucarístico Nacional, que se concretó en 1940 con un gran altar erigido en el comienzo del bulevar Gálvez; las frecuentes carreras de bicicletas en el óvalo del parque Oroño y también las carreras de automóviles que abarcaban ese sector y la avenida costanera Siete Jefes.