Martes 16 de Mayo de 2023
Unión juega como si fuera un equipo que ya está descendido. Y la realidad es que falta una vida para que se decreten los tres descensos. De hecho, el Tate aún tiene por delante 26 partidos, 12 de la actual Liga y 14 de la Copa de la Liga. Por lo cual, a esta altura el único aliado con el que cuenta es el tiempo. Pero tiene que darse cuenta que no puede continuar dilapidando oportunidades. No es posible, que de los últimos 27 puntos que disputó, apenas rescató tres unidades (tres empates y seis derrotas). Y encima, perdió con rivales directos en la lucha por los promedios, caso Arsenal y Sarmiento.
Jugó esos dos partidos, como si fueran uno más, sin la convicción de entender que se trataba de dos encuentros de los denominados de seis puntos. Unión es un equipo liviano, inocente, que aún no entendió el momento que atraviesa. Le falta temperamento, carácter, rebeldía, no tiene líderes dentro de la cancha, nadie que se enoje y pegue tres gritos para ordenar a sus compañeros. No hay caciques, son todos indios. No hay generales, solo soldados rasos.
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Y así le va, último en la tabla, con apenas una victoria en el torneo y dos en los últimos 25 cotejos. En el actual certamen, ocupa la última posición de la tabla, con apenas nueve puntos, sobre 45 en juego, con una efectividad del 20%. La realidad es que no hay argumentos como para aguardar una reacción, quizás el único sea el tiempo.
Pero al calendario, hay que ayudarlo y eso es lo que Unión no hace. Ni los dirigentes, ni los jugadores y en menor medida el cuerpo técnico, tienen un plan como para sobreponerse a la crisis. Unión es un barco a la deriva, que no tiene timonel, ni capitán, Y lo más grave, es que nadie de la tripulación se dio cuenta que el iceberg cada vez está más cerca. Jugando de la manera en que lo viene haciendo, salvar la categoría resultará una utopía.
Claramente, el Tate es el peor equipo de los 28 que juegan en la máxima categoría del fútbol argentino, quizás en nombres o en plantel, haya otros que tengan menos, pero lo que le juega en contra al elenco rojiblanco es el aspecto mental. En la parte psicológica, Unión es un equipo detonado, derrumbado anímicamente, que ante la primera adversidad cae de rodillas. Basta que el rival le convierta el primer gol, para que el partido se termine, la excepción fue el partido ante Barracas Central, que arrancó perdiendo y luego alcanzó a empatarlo.
En los restantes encuentros, cuando el otro equipo marcó el primer gol, el Tate terminó perdiendo. Y ante Sarmiento, la sensación que se apoderó del estadio, fue que ante el primer gol de Javier Toledo, le sería muy difícil, por no decir imposible, dar vuelta la historia. Terminó cayendo sin atenuantes, ante un rival limitado, que entiende lo que se está jugando, a diferencia de Unión, que es un equipo ingenuo y demasiado verde.
Con un mes de trabajo, Sebastián Méndez no logró torcer el rumbo, Unión juega igual y en todo caso peor, que cuando el entrenador era Gustavo Munúa. Ni siquiera se respira ese aire de renovación que siempre se genera con el arribo de un nuevo cuerpo técnico. Es verdad que el Gallego Méndez es el menos responsable, pero a esta altura de los acontecimientos, ya se lo podría evaluar por su trabajo. A algunos técnicos, les basta con pocos días para revitalizar a un plantel y los ejemplos abundan.
No es el caso de Méndez, que a excepción de un rato con Tigre y parte del segundo tiempo con Godoy Cruz, lo demás fue realmente muy pobre. Lo alarmante es que Unión debe afrontar los próximos 12 partidos con este plantel, al que no le sobra nada y más bien le falta casi todo. Por lo cual, ahora no es tiempo de pensar en refuerzos, sino de potenciar lo que haya a mano.
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No hay tiempo para lamentos, ni reproches, todos deben tirar para el mismo lado, caso contrario, el abismo estará muy cerca. Unión debe darse cuenta que jugando como lo viene haciendo no le alcanzará para mantener la categoría. Y que estos jugadores deben sacar a relucir el amor propio que tiene cualquier deportista para dar pelea. No pueden resignarse antes de tiempo, una vez finalizado este torneo llegará el tiempo del balance, apuntando a la pésima conducción que encabeza Luis Spahn.
Pero ahora, Unión no gana nada, si derrocha sus energías en peleas internas y con críticas que nada van a cambiar. No tiene sentido agitar las diferencias, es momento de apoyar y aguantar lo que viene, pero tratando de mantener la unidad. La reunión entre el oficialismo y la oposición debe servir para aunar fuerzas, eso no implica que los futbolistas vayan a jugar mejor, pero es un gesto de acercamiento. Unión debe pacificarse y mantener la calma, en un momento tan adverso.
No es momento para seguir ahondando las divergencias, con más conflicto no se sale de esta crisis. Hay que apelar a la mente fría y al corazón caliente para dar batalla. Unión no descendió y eso los hinchas lo tienen que gritar bien fuerte, porque parece que los dirigentes, los jugadores y el cuerpo técnico todavía no se enteraron.