Tomás Paredes fue una de las figuras de Colón ante Racing de Córdoba con dos atajadas clave y vivió un partido inolvidable dentro y fuera de la cancha.
Miércoles 15 de Abril de 2026
El triunfo de Colón ante Racing de Córdoba dejó varios puntos altos, pero hubo uno que se llevó todos los flashes: Tomás Paredes. El arquero, que tuvo que saltar a la cancha en reemplazo de Matías Budiño, respondió con creces y fue determinante para sostener el cero en el Brigadier López.
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Con dos intervenciones decisivas, una de ellas en un mano a mano que parecía gol, Paredes no solo aseguró la victoria, sino que también vivió una jornada que difícilmente olvide. En diálogo con Yo soy Sabalero de Sol Play (FM 91.5), el joven guardameta abrió su corazón y dejó ver todo lo que le generó ese momento.
Tomás Paredes, una noche sin dormir y la emoción a flor de piel
Lejos de la tranquilidad, la noche posterior al partido fue una mezcla de sensaciones imposibles de controlar. “No me podía dormir, estaba pasado de rosca. Me fui a bañar dos veces, no entendía qué me pasaba”, confesó. La adrenalina, la emoción y el peso del debut como protagonista se mezclaron en una experiencia única.
Al día siguiente, la dimensión de lo ocurrido empezó a tomar forma, aunque todavía le cuesta asimilarlo. “Fui a ver a mi abuela como siempre y un vecino me abrazaba y me decía ‘gracias’. Yo no lo podía creer, no sabía cómo reaccionar”, relató. Esa conexión con su gente, con el barrio, fue uno de los momentos que más lo marcaron.
La atajada que valió un gol para Colón
Una de sus intervenciones más recordadas llegó en un mano a mano que sostuvo el resultado en el final del encuentro. Paredes describió esa jugada como una experiencia casi fuera del cuerpo.
“Fueron tres segundos donde la pelota no salía. Cuando vi que iba despacio, sentí que me salí del cuerpo. Después fue un silencio total y el grito”, contó.
La reacción del público fue inmediata: la atajada se gritó como un gol. Y él lo vivió con la misma intensidad, fundido en un abrazo con sus compañeros.
El partido también tuvo un condimento especial: fue la primera vez que ingresó al campo con su hija. “Cuando la vi en la manga me emocioné, no me pude contener”, dijo. En las tribunas, su familia vivió el partido con la misma intensidad, en especial su madre y su padre, que reaccionaron de distintas maneras pero con el mismo orgullo.
Un grupo que empuja y contiene
Más allá de lo individual, Paredes destacó el presente del plantel y el clima que se vive puertas adentro. “Tenemos un grupo de la puta madre. Hay gente grande que te acompaña, que te hace sentir parte. Eso no es casualidad, ayuda a que las cosas salgan bien”, aseguró.
Incluso remarcó el respaldo de sus compañeros, incluidos los que compiten por el mismo puesto, en una muestra clara del espíritu colectivo que hoy atraviesa al equipo.
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Todavía en proceso de asimilar lo vivido, Paredes dejó una frase que resume todo: “No terminé de caer de lo que significa esto”.
De ser un pibe del barrio a figura en el arco sabalero, su historia empieza a escribirse con páginas importantes. Y si mantiene este nivel, seguramente vendrán muchas más.