La Policía Federal confirmó las conexiones a partir de evidencia digital y secuestró dispositivos clave en allanamientos
11:52 hs - Miércoles 08 de Abril de 2026
El comisario inspector Guillermo Díaz, jefe del Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, brindó precisiones sobre el avance de la causa por el crimen ocurrido en San Cristóbal y confirmó la identificación de un segundo menor señalado como colaborador del atacante.
Según explicó, la intervención de la fuerza federal se inició a partir de la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo del Ministerio Público Fiscal, en coordinación con los fiscales que llevan adelante la causa, entre ellos los doctores Vottero y Schiappa Pietra.
Díaz detalló que el trabajo investigativo comenzó con un barrido de redes sociales, teniendo en cuenta que el hecho “se genera en el ámbito digital y luego se manifiesta en la realidad”. En una primera etapa, se realizaron allanamientos en el domicilio del autor del ataque y una reconstrucción de lo sucedido en el ámbito escolar.
Uno de los puntos clave fue el análisis de la copia forense del teléfono celular del agresor, realizado en los laboratorios de la Subsecretaría de Investigaciones Federales. “A partir de ese estudio empezamos a observar una estrecha vinculación con otro menor”, explicó.
En base a esos indicios, se logró identificar a un segundo adolescente, lo que fue informado a la fiscalía interviniente. Con esa información, se dispuso una consigna policial en su domicilio y, posteriormente, su detención en la vía pública cuando intentaba retirarse junto a sus padres.
Tras el procedimiento, se realizaron allanamientos en los que se secuestraron dispositivos electrónicos y material vinculado a estas comunidades digitales.
Antecedentes
El comisario remarcó que el caso no es aislado y se inscribe en una problemática que la fuerza viene investigando desde hace al menos dos años. “Tenemos 15 casos de características similares detectados en el país y cuatro más en análisis, aunque nunca se había registrado un hecho con este nivel de concreción”, afirmó.
En ese sentido, explicó que estas investigaciones apuntan a una subcultura digital conocida como TCC (True Crime Community), caracterizada por la fascinación por crímenes reales y, en algunos casos, la glorificación de sus autores.
Díaz describió una evolución en etapas dentro de estos entornos: desde el consumo de contenido sobre hechos violentos, pasando por la interacción en foros abiertos, hasta la migración a grupos cerrados en plataformas como Discord o Telegram, donde se intensifica la identificación con los agresores.
“La mayor preocupación es la emulación. En una etapa avanzada, estos jóvenes comienzan a planificar ataques para imitar a otros perpetradores, a quienes consideran referentes”, advirtió.
Comunidades digitales
El origen de este fenómeno, según indicó, se remonta a la masacre de Columbine en 1999, en Estados Unidos, que marcó un punto de inflexión en la proliferación de comunidades digitales que analizan y reproducen este tipo de hechos.
Además, el investigador señaló la presencia de otras corrientes como el movimiento incel (célibes involuntarios), que también fue detectado en los casos bajo análisis en Santa Fe. “Se trata de grupos con un fuerte componente de odio, especialmente hacia las mujeres y hacia quienes logran vínculos afectivos”, explicó.
Díaz también hizo referencia a la llamada agrupación 764, considerada organización terrorista por el FBI, aunque aclaró que no se trata de estructuras tradicionales. “No estamos frente a organizaciones físicas, sino a redes digitales descentralizadas, transnacionales y multifacéticas”, precisó.
Finalmente, insistió en la necesidad de detectar tempranamente estos indicadores, especialmente en adolescentes de entre 13 y 19 años, el grupo más expuesto a este tipo de dinámicas. “La clave es anticiparse a la etapa en la que pasan de consumir contenido a intentar replicar la violencia en el mundo real”, concluyó.