La esquina de Regimiento 12 de Infantería y Gaboto volvió a ser el epicentro de una masiva concentración de motociclistas. Hubo corridas, peleas y denuncias por ruidos molestos desde las 3:30 hasta las 6:00 de la mañana de este sábado. Exigen la intervención de las fuerzas de seguridad antes de que ocurra una tragedia.
19:58 hs - Lunes 01 de Junio de 2026
Los habitantes del populoso complejo habitacional de barrio Las Flores II, en el norte de la ciudad de Santa Fe, vivieron otra madrugada de terror, desvelo y extrema tensión. Durante las primeras horas de este sábado, lo que comenzó como un agrupamiento masivo de motos derivó en violentos enfrentamientos cuerpo a cuerpo, vandalismo y corridas que se extendieron de forma ininterrumpida por casi tres horas, dejando en evidencia la desprotección que sufren las familias de la zona.
El epicentro de los disturbios se localizó con precisión en la intersección de Regimiento 12 de Infantería y Gaboto, un sector neurálgico rodeado por los tradicionales monoblocks y las torres de departamentos del barrio. Las imágenes grabadas con teléfonos celulares por los propios frentistas desde sus ventanas exponen una postal alarmante: decenas de jóvenes cortando el tránsito, motos obstruyendo veredas y peatonales, y feroces peleas de puños en plena calle.
Un calvario cronológico que arranca a las 3:30 AM
Según la reconstrucción realizada a partir del testimonio de los damnificados, el conflicto del fin de semana no es un hecho aislado, sino el pico de una problemática que se reitera de manera sistemática de jueves a domingos:
[03:30 hs] Comienza el arribo de caravanas de motos desde distintos puntos de la ciudad.
[04:30 hs] Consumo de alcohol, ruidos por caños de escape libres y picadas ilegales.
[05:15 hs] Se desatan las batallas campales, corridas y piedrazos entre bandas rivales.
[06:00 hs] Desconcentración parcial tras más de dos horas y media de desvelo vecinal.
“Estamos cansados de los disturbios y el rejunte de motos”, expresó con indignación Salomé, una vecina de las torres afectadas. El entorno familiar remarcó que, si bien el fenómeno comenzó a visibilizarse con fuerza a mediados de 2025, la agresividad de las bandas y el volumen de asistentes se agravó notablemente con el paso de los meses, transformando el descanso de los fines de semana en algo imposible.
Del hartazgo al terror por la inseguridad
La preocupación en la comunidad de Las Flores II ya superó la barrera de la queja por ruidos molestos de los caños de escape liberados o las motos circulando a contramano por los pasajes internos. Hoy, el temor principal de los vecinos está ligado directamente a la supervivencia física y la preservación de sus bienes.
La disposición arquitectónica del barrio vuelve a los residentes sumamente vulnerables: la gran mayoría de los departamentos de los monoblocks poseen ventanales y balcones que orientan de manera directa hacia las calles y playones donde se producen las concentraciones.
“Los chicos corren, tiran botellazos contra las paredes y se enfrentan con armas. Ya pasó que a un vecino del complejo le entró un tiro en el interior de su casa por una bala perdida”, advirtió con angustia una de las residentes históricas del cuadrante comprendido por Regimiento 12 de Infantería, Gaboto y La Madrid.
Críticas a la respuesta policial y el "efecto dispersión"
Los habitantes de Las Flores apuntaron con dureza contra la falta de prevención vial y la inacción de las patrullas del Ministerio de Justicia y Seguridad de la provincia. Denuncian que los llamados al 911 no surten efecto preventivo y que los móviles policiales suelen ingresar al barrio cuando las batallas campales ya se consumaron o cuando amanece.
Además, explicaron la aceitada estrategia de evasión que utilizan los motociclistas para burlar los escasos controles estatales:
El destello como alerta: ante la llegada de los patrulleros y el destello de las balizas azules, los infractores se dispersan de forma coordinada y a alta velocidad utilizando los pasajes peatonales internos de los monoblocks, donde los autos policiales no pueden ingresar.
Zona liberada temporal: tras esconderse unos minutos en los pasillos oscuros del barrio, los motociclistas aguardan a que los móviles se retiren del lugar para volver a copar las esquinas y reiniciar las picadas.
El peligro, concluyen las uniones vecinales, es transversal: los violentos grupos ponen en riesgo directo no solo a las viviendas y a los vehículos particulares que duermen estacionados en la vía pública, sino también a los trabajadores y esenciales que deben salir de sus casas a las 5:00 o 6:00 de la mañana para caminar hacia las paradas a esperar el colectivo de línea.