Unión volvió a perder, esta vez ante un San Lorenzo golpeado, y acumula tres derrotas en cinco fechas del Clausura. Se encendieron las alarmas.
10:45 hs - Domingo 16 de Agosto de 2026
Unión atraviesa uno de sus momentos más preocupantes del año. El 0-1 ante San Lorenzo en el 15 de Abril no fue solamente una nueva derrota: volvió a dejar expuestas las mismas falencias que el equipo de Leonardo Madelón viene arrastrando en los últimos partidos.
Lo más inquietante es que esta vez el rival llegó a Santa Fe golpeado, en crisis y con un plantel de jerarquía limitada, pero igualmente consiguió imponer condiciones y llevarse los tres puntos.
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San Lorenzo venía de perder el clásico ante Huracán en el Nuevo Gasómetro, donde cayó después de 25 años, y previamente había sido derrotado por Central Córdoba en Santiago del Estero. En la semana, además, el plantel fue increpado por integrantes de la barra. Sin embargo, nada de ese contexto se trasladó al campo de juego.
Unión casi no generó peligro sobre el arco de José Devecchi y volvió a mostrar un equipo sin respuestas, con dificultades para elaborar, poca profundidad y demasiadas dudas en prácticamente todas sus líneas.
Tres caídas en cinco fechas y cinco en los últimos siete partidos para Unión
Los números comienzan a ser difíciles de disimular. Unión perdió tres de los cinco partidos que disputó en el Torneo Clausura y ya acumula cinco derrotas en sus últimas siete presentaciones, tomando también en consideración las eliminaciones ante Belgrano, por el Apertura, e Independiente, por la Copa Argentina.
El dato adquiere mayor peso cuando se observa la producción del equipo. Más allá de los resultados, Unión no consigue transmitir la sensación de ser un conjunto preparado para competir por uno de los objetivos que se planteó Madelón: clasificar a una competencia internacional.
Hoy, por rendimiento, está lejos de ese propósito.
El recambio realizado durante el mercado de pases tampoco consiguió modificar la estructura. Los refuerzos todavía no lograron elevar el nivel general y, en varios casos, el equipo parece haber perdido respuestas que sí tenía durante la primera parte del año.
Una defensa que dejó de ser confiable
Uno de los principales problemas aparece en el fondo. Matías Mansilla atraviesa un momento muy flojo y dejó de transmitir la seguridad que necesita cualquier equipo que pretende pelear arriba.
La situación tampoco se limita al arquero. Los centrales llevan tiempo compartiendo la última línea, pero siguen mostrando problemas de coordinación y demasiadas dificultades para sostener la solidez defensiva.
Maizon Rodríguez está lejos de su mejor versión, mientras que Juan Pablo Ludueña compensa algunas limitaciones con entrega, personalidad y temperamento. Lautaro Vargas, además, no consigue recuperar el nivel de la primera parte del año y encima se lesionó la rodilla.
Y aparece otro interrogante: Bruno Pittón todavía no mostró méritos deportivos actuales suficientes para justificar su titularidad, aunque la partida de Mateo Del Blanco dejó debilitado ese sector.
El caso de Lucas Ayala también genera preguntas. El juvenil tuvo una muy buena actuación frente a Lanús, luego quedó afuera ante Central Córdoba por un inconveniente muscular y, pese a estar disponible, no apareció ante San Lorenzo. En un momento en el que Unión necesita respuestas, su ausencia resultó llamativa.
El mediocampo tampoco logra levantar vuelo en Unión
En la mitad de la cancha, las dificultades se repiten. Julián Palacios está lejos de aquella versión de la primera parte del año, cuando podía darle dinámica y desequilibrio al equipo.
La dupla conformada por Lucas Menossi y Joaquín Mosqueira tampoco consiguió acercarse al rendimiento que en otro momento habían aportado Mauro Pittón y Rafael Profini, dos futbolistas que dejaron el club y cuya ausencia comienza a sentirse cada vez más.
Mosqueira, además, terminó el encuentro con un problema en una de sus rodillas, lo que suma otra preocupación para Madelón.
En el caso de Ignacio Malcorra, la decisión de utilizarlo como volante por izquierda tampoco parece favorecerlo. El puesto le exige un despliegue físico que hoy no está en condiciones de sostener durante los 90 minutos y, además, le quita participación en sectores donde podría ser más influyente con la pelota.
Ante San Lorenzo, el experimentado mediocampista terminó dejando la cancha con evidentes signos de una posible lesión muscular, otro problema que deberá confirmarse en los próximos días.
Tarragona pide juego y Estigarribia no encuentra su lugar
En ataque, Unión tampoco encuentra soluciones. Marcelo Estigarribia juega muchas veces a contramano de las acciones, llegando tarde a las jugadas y sin conseguir tener la influencia que se esperaba de él.
Y Cristian Tarragona fue contundente después del partido al explicar una de las razones de su bajo protagonismo: no está recibiendo el abastecimiento que necesita.
El delantero realiza un desgaste enorme, retrocede, lucha y participa lejos del área, pero ese esfuerzo termina atentando contra aquello que debería ser su principal función: aparecer cerca del arco rival.
Unión necesita que Tarragona tenga más contacto con el área. Para eso, primero necesita generar juego y conseguir que la pelota llegue con mayor frecuencia y mejores condiciones.
El recambio no funcionó y Madelón vuelve a quedar bajo la lupa
El problema parece ser integral. El recambio no funcionó como se esperaba y la propuesta más ofensiva tampoco consiguió traducirse en mejores actuaciones.
Madelón llegó a Unión sin un consenso absoluto entre los hinchas, aunque rápidamente consiguió revertir esa situación gracias a resultados que le dieron respaldo. Ahora, justamente esos resultados comenzaron a escasear.
Como ocurre con cualquier entrenador, las derrotas vuelven a ponerlo bajo análisis. Tres caídas en cinco fechas del Clausura y cinco en los últimos siete partidos conforman una estadística demasiado pesada para un equipo que pretende mirar hacia arriba.
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No se trata solamente de perder. Unión tampoco está jugando como para ilusionarse con una clasificación internacional. La producción futbolística disminuye partido a partido y la preocupación crece en la misma proporción.
El gran interrogante que queda planteado es si Leonardo Madelón podrá encontrar rápidamente las respuestas, recuperar futbolistas, acertar con los cambios y conseguir que Unión vuelva a parecerse al equipo que supo convencer durante buena parte del primer semestre.
Por ahora, los números y el juego dicen lo contrario. Y el margen para reaccionar comienza a achicarse.