Unión volvió a ser Unión cuando más lo necesitaba

El empate ante Vélez le devolvió a Unión algo más importante: identidad, carácter y respuestas futbolísticas en el momento límite.

11:12 hs - Martes 28 de Abril de 2026

Unión llegó al José Amalfitani con la mandíbula floja. Las derrotas ante el muleto de Estudiantes y un Newell’s desdibujado no solo le habían sacado puntos: le habían quitado confianza. Y lo más preocupante era el patrón repetido: empezar ganando y terminar perdiendo. Un equipo que no sabía sostener lo que construía.

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Por eso, la visita a Vélez no parecía el mejor escenario para reaccionar. El rival tenía jerarquía, ambición de liderazgo y un contexto favorable. Pero el fútbol, a veces, ofrece revancha en el lugar menos esperado.

Competir cuando todo está en contra

El arranque confirmó los temores. El gol de Florián Monzón, tras una acción colectiva de alto vuelo entre Matías Pellegrini y Diego Valdés, expuso nuevamente a un Unión frágil, superado y en riesgo de repetir la historia reciente.

Sin embargo, esta vez hubo algo distinto: reacción. No fue inmediata ni brillante, pero sí significativa. Unión logró atravesar el peor momento sin quebrarse. Y cuando parecía no tener argumentos, encontró fútbol.

La jugada del empate no fue casualidad: Del Blanco y Palavecino construyeron con criterio, y Julián Palacios definió con precisión. Fue un gol que dijo más que el resultado: el equipo todavía tenía con qué.

Unión, entre errores propios y decisiones que pesan

El partido entró en una zona de equilibrio, donde Unión incluso pudo haber pasado al frente. Pero ahí apareció una de sus deudas: la toma de decisiones. El mano a mano que Palacios resolvió mal es una síntesis de lo que le viene pasando.

Y después, lo evitable. La infracción innecesaria, la intervención del VAR, el penal. Otra vez abajo. Otra vez obligado a remar.

Ahí es donde este Unión mostró una evolución. Porque en otros partidos, ese segundo golpe lo sacaba del partido. Esta vez no.

La respuesta desde el juego

El complemento fue, quizás, el tramo más valioso desde lo conceptual. Unión adelantó líneas, presionó, incomodó a Vélez y dejó de ser espectador. Palavecino empezó a gravitar, Palacios generó peligro constante y el equipo encontró continuidad.

Vélez Unión Mauro Pittón

Unión sacó pecho ante el poderoso Vélez y sumó un punto que le sirve más desde lo futbolístico y anímico.

Y hubo una decisión clave: el ingreso de Agustín Colazo. No solo por el gol, sino por lo que representó. El cabezazo tras el centro de Lautaro Vargas no fue solo el 2-2: fue justicia futbolística. Unión no lo empató por azar. Lo fue a buscar.

Un punto que no alcanza… pero explica

Desde lo matemático, el empate es insuficiente. Unión no logró el objetivo de asegurar su lugar y deberá jugarse todo ante Talleres. Ganar o depender. No hay más margen. Pero reducir el análisis a la tabla sería quedarse en la superficie.

Este empate explica otra cosa: Unión recuperó su esencia ofensiva. Volvió a asociarse, a generar, a lastimar. Vargas, Pittón, Palacios, Palavecino, Tarragona… nombres que volvieron a tener peso específico.

Claro que el problema de fondo sigue ahí. Defensivamente, el equipo continúa siendo vulnerable. Y en instancias decisivas, eso se paga.

Para Unión, más que un resultado, una señal

Lo más valioso no fue el punto. Fue la reacción. Después de dos derrotas que golpearon fuerte, Unión se levantó dos veces en un mismo partido, ante un rival de jerarquía y en una cancha históricamente adversa. No es un dato menor. Es una señal.

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Ahora, la historia se escribe en 90 minutos. Pero llegará a esa final con algo que había perdido: convicción.

Porque si algo dejó claro en Liniers, es que cuando recupera su ADN, Unión puede competir contra cualquiera. Incluso contra sí mismo.