Del laboratorio al mercado: qué tiene que proteger una startup santafesina en cada etapa

Miércoles 21 de Octubre de 2020

Santa Fe se consolidó como uno de los polos de innovación más activos del país. En el Parque Tecnológico del Litoral Centro conviven empresas de biotecnología, software y agroindustria, y algunas ya tienen reconocimiento internacional. Es el caso de Infira, la empresa fundada por tres santafesinas que propone otra forma de cultivar y que fue distinguida por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI).

Ese reconocimiento no es casual. En una empresa de base tecnológica, buena parte del valor no está en las oficinas ni en los equipos, sino en activos intangibles: una invención, un código, un nombre que el mercado reconoce. Protegerlos no es un trámite que se hace una sola vez, sino una tarea que cambia a medida que el proyecto crece. Esta es una hoja de ruta, etapa por etapa.

Etapa 1: la idea y el prototipo

Todo empieza en un laboratorio, un taller o una computadora. En esta etapa, el principal riesgo es perder la novedad de la invención por contarla antes de tiempo. Una presentación en un congreso, un paper o un posteo en redes pueden convertir un desarrollo en "estado de la técnica" y dejarlo sin posibilidad de patente, sobre todo fuera de la Argentina.

Hay tres cuidados básicos:

  • Documentar el desarrollo con fechas: cuadernos de laboratorio, versiones, informes internos.
  • Firmar acuerdos de confidencialidad antes de compartir información con potenciales socios, clientes o proveedores.
  • Definir la titularidad desde el principio. Muchos desarrollos santafesinos nacen en la UNL, la UNR o institutos del CONICET, como la tecnología de una científica del CONICET en Santa Fe que permite obtener dos cosechas con una sola siembra. Cuando hay una institución pública detrás, la propiedad suele ser compartida o pertenecer a la institución, y la startup necesita un convenio o una licencia para explotarla.

Cuando el desarrollo está maduro, llega el momento de evaluar el registro de patente en Argentina. La patente otorga un derecho exclusivo de explotación por veinte años desde la presentación de la solicitud, a cambio de describir públicamente la invención. Por eso conviene decidir con asesoramiento qué se patenta y qué se mantiene como secreto industrial.

Etapa 2: la búsqueda de inversión

Cuando la startup sale a buscar capital, la propiedad intelectual pasa a estar en el centro de la conversación. Fondos de inversión, aceleradoras y programas públicos, como el fondo de $30.000 millones que lanzó Santa Fe para impulsar startups y proyectos científico-tecnológicos, analizan qué activos tiene realmente la empresa y si son suyos.

Las preguntas típicas de una auditoría de inversores son concretas. ¿La patente está solicitada a nombre de la empresa o de un fundador? ¿El código fue escrito por empleados, por freelancers o por un socio que ya se fue? ¿Hay contratos que cedan esos derechos a la sociedad?

El software merece una atención especial. En la Argentina, los programas de computación no se patentan como tales: se protegen por derecho de autor. Lo mismo ocurre con bases de datos, manuales, materiales de capacitación y contenidos digitales. El derecho nace con la creación, pero el registro de derechos de autor en Argentina ante la Dirección Nacional del Derecho de Autor deja una prueba fehaciente de la fecha y de la titularidad, algo que un inversor valora a la hora de medir el riesgo.

Etapa 3: el lanzamiento comercial

Con el producto listo, aparece el nombre. Y con el nombre, uno de los errores más repetidos del ecosistema: invertir en branding, sitio web y presencia en ferias antes de verificar que la marca esté disponible.

Una búsqueda de antecedentes y el registro de marca en Argentina ante el INPI deberían ir antes del lanzamiento, no después. La marca se registra por clases, es decir, por rubros de productos y servicios, y una startup tecnológica suele necesitar más de una: por ejemplo, la del producto, la del software y la de los servicios asociados. Para armar el presupuesto con criterio, conviene revisar cuánto cuesta registrar una marca en Argentina según la cantidad de clases que el negocio vaya a cubrir.

Etapa 4: la expansión y la exportación

Muchas empresas santafesinas nacen con vocación exportadora. La provincia también empuja en esa dirección: en Agroactiva presentó herramientas para que pymes y emprendedores vendan al exterior, en una muestra donde Santa Fe desplegó su potencia industrial y anunció créditos por más de 85.000 millones de pesos.

Lo que muchas veces se pasa por alto es que la propiedad industrial es territorial. Una marca o una patente registrada en la Argentina protege solo en la Argentina. Si el plan es vender en Brasil, Estados Unidos o Europa, hay que proteger en esos mercados también.

La buena noticia es que existen plazos de prioridad internacional: a partir de la primera presentación en el país, hay doce meses para extender una patente y seis meses para extender una marca a otros países que integran el Convenio de París, conservando la fecha original. Planificar la expansión dentro de esos plazos evita que un tercero se adelante en el mercado de destino.

Etapa 5: la madurez

Una empresa consolidada ya no tiene una marca, sino una cartera: marcas, patentes, diseños, software. Y una cartera hay que administrarla.

Las patentes requieren el pago de anualidades para mantenerse vigentes, y un pago olvidado puede hacer caer un derecho que costó años obtener. Las marcas duran diez años, deben acreditar su uso con una declaración jurada a mitad de ese período y luego hay que renovarlas. Llevar un calendario de vencimientos y gestionar a tiempo la renovación de marca registrada en Argentina es tan importante como haberla registrado. También es el momento de revisar si la marca acompaña los nuevos productos o si hace falta ampliar las clases.

Una ventaja competitiva que hay que cuidar

El ecosistema santafesino enfrenta desafíos, como advirtieron desde el propio Parque Tecnológico del Litoral Centro sobre el impacto de los recortes en ciencia. En ese contexto, cada desarrollo que logra llegar al mercado tiene todavía más valor, y protegerlo bien puede ser la diferencia entre licenciarlo, atraer inversión o perderlo.

La propiedad intelectual no es una etapa del proyecto, sino una capa que lo acompaña desde el primer prototipo hasta la exportación. Las empresas que la incorporan temprano llegan a cada conversación con inversores, socios y clientes con algo más que una buena idea: con activos que les pertenecen.