El adiestrador santafesino, Juan Carlos Filippi, cuestionó la falta de responsabilidad en la tenencia de caninos y reclamó educación, controles y sanciones para sus propietarios tras dos ataques que dejaron tres personas heridas en la ciudad. "No existe la raza peligrosa, existe el dueño peligroso", su tajante análisis.
20:32 hs - Martes 03 de Noviembre de 2026
Dos ataques protagonizados por perros de raza pitbull en apenas 24 horas encendieron la preocupación en la ciudad de Santa Fe y reabrieron el debate sobre la tenencia responsable de animales. Los episodios dejaron tres personas heridas y motivaron la intervención de las fuerzas de seguridad y los servicios de salud.
El primero ocurrió el domingo por la tarde en la Costanera Oeste, donde un nene de 9 años fue mordido en uno de sus brazos mientras caminaba junto a sus familiares. El segundo se registró este lunes 2 de noviembre en una vivienda de barrio Sur: un joven de 24 años intervino para defender a su madre del ataque del perro familiar y terminó herido con un cuchillo durante el forcejeo. El animal murió y ambos integrantes de la familia fueron trasladados al Hospital Cullen.
En este contexto, el adiestrador de perros Juan Carlos Filippi planteó que el problema no debe centrarse exclusivamente en las características de una raza, sino en la responsabilidad de quienes deciden incorporar un animal a su hogar.
“Indignación por ahí y bronca. Pero no por el tema de los perros, no”, sostuvo. Y remarcó: “La gente no entiende lo que yo quiero decir cuando hablan sobre todo sobre razas peligrosas. No existe la raza peligrosa, existe el dueño peligroso”.
“La culpa la tiene el dueño, no el animal”
Con casi 49 años de experiencia en el adiestramiento canino, Filippi consideró que muchas personas adquieren perros sin preguntarse si están preparadas para manejar determinadas razas ni si cuentan con los conocimientos necesarios para educarlos.
“Cuando van a adquirir un perro no se preguntan si están capacitados para tener determinada raza, para poder manejarlos, o si están capacitados para tener perros directamente, o cualquier otro animal”, señaló en Radio EME.
Según su análisis, en ocasiones la elección está vinculada con la apariencia del animal o con la sensación de seguridad que puede transmitir, sin considerar las responsabilidades que implica su cuidado.
“Compran los animales porque es lindo, porque les gustó, porque les brinda el porte, les brinda seguridad, y no tienen carácter para manejar. Como lo digo siempre, para manejar un canario y se compran un león”, expresó.
Para el adiestrador, las consecuencias de esa falta de preparación también recaen sobre los propios animales. “El animal no tiene la culpa, la culpa la tiene el dueño, porque el raciocinio lo tiene el humano, no el animal”, afirmó.
En ese sentido, insistió en que la elección de un perro debe contemplar las características del animal y la capacidad de la persona para hacerse cargo de su educación y manejo.
“El perro tiene que tener un dueño responsable. Alguien que sepa lo que es tener un perro, o por lo menos que pregunte”, remarcó.
Educación con afecto y límites
Filippi sostuvo que la educación del animal debe comenzar desde sus primeros momentos en el hogar y estar basada en el afecto y los límites. “Es como educar un hijo”, comparó. Y explicó: “El perro tiene que ser educado y adiestrado con afecto y límites, como educar un hijo. Sin castigo y sin comida, afecto y límites”.
También cuestionó algunas prácticas de juego que, según su experiencia, pueden estimular conductas de mordida en determinados perros. Mencionó especialmente los juegos con sogas en los que se incentiva al animal a tirar y sostener objetos con la boca.
“Eso no se debe hacer, porque están ejercitando el ataque en forma de juego”, advirtió.
El adiestrador relató que durante su trayectoria recibió perros con comportamientos agresivos que, según explicó, estaban relacionados con la falta de límites y el manejo de sus propietarios.
“He recuperado muchos perros y he tenido muchos perros agresivos, pero todo porque el dueño no tiene carácter para manejar, no le pone límites”, afirmó.
Perros sueltos: reclama controles y sanciones para los dueños
Otro de los puntos que planteó Filippi fue la necesidad de reforzar los controles sobre las personas que llevan animales sueltos en la vía pública, independientemente de su raza.
El adiestrador advirtió que esa conducta también puede generar situaciones de riesgo para otros perros y sus propietarios. “Vos podés llevar un pitbull atado con bozal y viene otro perro que está suelto, lo muerde, y el perro no se puede defender”, ejemplificó.
Como respuesta, propuso que los animales que circulen sin sujeción puedan ser retirados y que sus responsables deban pagar una multa para recuperarlos.
“Los que van con su perro suelto, le secuestran el perro, así de simple, y tiene que ir a buscarlo y tendrá que pagar una multa. Vos le tocás el bolsillo y te puedo asegurar que no llevan más un perro suelto”, manifestó.
También consideró que el municipio debería contar con un espacio adecuado para alojar a los animales mientras se resuelve cada situación. Aclaró que su propuesta no apunta al sacrificio de los perros, sino a establecer mecanismos de control y sanción para sus responsables.
En relación con los registros y la identificación mediante chips, sostuvo que esas herramientas deben estar acompañadas por medidas concretas para garantizar su cumplimiento.
“No sirve de nada si no actúan como se debe, porque acá los que tienen que tener una sanción, pero que sea ejemplificadora, es el dueño”, afirmó.
La responsabilidad detrás de cada ataque
Los dos episodios registrados en Santa Fe volvieron a poner en discusión la convivencia con perros de gran porte, los cuidados necesarios y las responsabilidades que implica tener un animal.
Para Filippi, el debate no debería quedar reducido a la raza de los perros involucrados. La prevención, sostuvo, requiere propietarios preparados, educación desde el hogar y controles que permitan evitar situaciones de riesgo.
Su planteo apunta a que las consecuencias de una tenencia irresponsable no recaigan sobre los animales ni sobre las personas que pueden resultar heridas. “El que tiene que pagar las consecuencias es el dueño del perro”, concluyó.
