Unión perdió un partido increíble ante Estudiantes, que presentó una formación alternativa y a quien vencía en La Plata. Sigue en retroceso desde lo futbolístico.
12:11 hs - Domingo 12 de Abril de 2026
De la euforia a la preocupación en apenas 45 minutos. Unión dejó pasar una oportunidad inmejorable en La Plata y terminó pagando caro sus propias limitaciones en la derrota 2-1 ante Estudiantes. Un partido que tenía controlado, que incluso lo encontraba arriba en el marcador, se le escurrió entre las manos y terminó dejando una sensación mucho más profunda que la caída en sí.
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Porque el equipo de Leonardo Madelón no solo perdió tres puntos: perdió identidad.
Unión no supo sostener lo que construyó
El gol de Marcelo Estigarribia sobre el cierre del primer tiempo parecía encaminar la historia. Unión había hecho lo más difícil en un contexto favorable: un rival con desgaste por el viaje a Medellín y una formación alternativa dispuesta por Alexander Medina.
Pero el segundo tiempo mostró la otra cara. Un equipo que no pudo sostener la ventaja, que retrocedió peligrosamente y que, ante la primera exigencia real, volvió a mostrar grietas. Los cambios del DT rival hicieron efecto inmediato. Fabricio Pérez primero, y luego Mikel Amondarain sobre el cierre, dieron vuelta una historia que Unión nunca supo cerrar.
Unión, de candidato a equipo en duda
El impacto de la derrota va más allá de la tabla. Unión pasó de ser líder transitorio a mirar de reojo su lugar dentro de los clasificados a playoffs en la Zona A. Y eso, en este tramo del campeonato, no es un detalle menor.
Lo más preocupante es la tendencia. El Tatengue viene profundizando un bajón futbolístico que ya no se puede disimular. Ganó, sí, pero con lo justo y ante rivales que ofrecieron muy poco: Agropecuario en Copa Argentina y Deportivo Riestra en Santa Fe. Incluso en contextos favorables —con un hombre de más— tampoco logró imponer condiciones.
Y cuando el nivel del rival sube, Unión se desarma. Ya le había pasado ante Defensa y Justicia, y volvió a evidenciarse en La Plata.
Un equipo que perdió sus rasgos
Este Unión dejó de ser ese equipo incómodo, intenso, punzante en transición. Hoy es un conjunto que perdió agresividad, que no lastima y que, lo más alarmante, ya no transmite solidez defensiva.
Cuando lo atacan en serio, sufre. Y mucho. El final del partido ante Estudiantes fue una muestra clara: desorden, poca respuesta y errores que se repiten.
Un recambio que no responde
A eso se le suma otro problema: las variantes no están a la altura. La ausencia de Lautaro Vargas se sintió más de la cuenta, y Nicolás Paz no logró cubrir ese vacío. Tampoco aportó soluciones cuando le tocó ingresar Augusto Solari, sin peso en ataque ni firmeza en la marca.
Las decisiones desde el banco también dejaron dudas. Las salidas de Julián Palacios y Mateo Del Blanco, cuando el equipo necesitaba sostener juego y amenaza ofensiva, terminaron debilitando a Unión. El ingreso de Nicolás Palavecino y Bruno Pittón no solo no resolvió problemas, sino que abrió el sector por donde Estudiantes terminó haciendo la diferencia.
Un cierre sin margen
La sensación final es clara: Unión se volvió con las manos vacías y con más preguntas que respuestas. Dejó pasar una gran oportunidad y llega al tramo final del torneo en plena involución.
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Ya no hay margen. Quedan tres fechas y el equipo no solo necesita sumar, sino recuperar urgente su identidad. Porque si no vuelve a ser ese equipo competitivo y confiable, la ilusión de pelear arriba puede desvanecerse mucho antes de lo esperado.
El golpe en La Plata no fue uno más. Fue un aviso. Y el tiempo para reaccionar, cada vez, es menos.