Jueves 29 de Julio de 2021
No hay un horizonte claro, ni en lo deportivo ni en lo institucional. La sensación es que Unión está a la deriva y lo más preocupante es que nadie se hace cargo. Parece estar en una nebulosa, en un peligroso lertargo y lo peor de todo es que esta situación se va naturalizando.
Unión se acostumbró a vivir de esta manera. Conformándose con poco desde lo deportivo, sin demasiadas ambiciones, y por momentos funcionando con el piloto automático. No hay reacción por parte de la dirigencia y últimamente tampoco por parte del cuerpo técnico.
El Vasco Azconzábal entró en una confusión importante. Y con el agravante de que tampoco existen interlocutores que dialoguen con el técnico y que puedan interpelarlo. En los últimos años el presidente Luis Spahn se recostó en la figura de Martín Zuccarelli. Pero Zuccarelli renunció a principios de marzo y no llegó nadie.
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Un puesto que resultó clave, hoy quedó vacante. Se demoró la llegada de un secretario técnico y eso repercutió en el último mercado de pases. Con el presidente alejado por cuestiones familiares, pero además con la política de priorizar las obras en el estadio, llegaron apenas dos refuerzos (Nicolás Cordero y Emanuel Britez). Y ahora con casi cuatro fechas jugadas se sumarán Nicolás Blandi y Dylan Gissi.
El plantel fue perdiendo jerarquía y quedó libre Nelson Acevedo el mejor jugador del equipo rojiblanco. Perdió en cantidad y en calidad, ni el título obtenido por Colón pareció sacudir las fibras íntimas de aquellos encargados de conducir al club. Como si nada hubiese pasado.
Pero a las responsabilidades dirigenciales que son muchas y variadas, se le debe agregar los desaciertos que viene evidenciando el DT. Llegó hace un año y la primera conclusión es que en vez de mejorar con el tiempo de trabajo, Unión fue involucionando.
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Al Vasco se lo nota desorientado. Nunca logró conformar una base estable y permanentemente fue sacando y poniendo jugadores. Es verdad que no le trajeron algunos refuerzos que solicitó, pero más allá de eso colaboró y mucho para que el equipo no logre una identidad de juego.
Su principal mérito fue promover varios jóvenes y darles continuidad. Pero esos futbolistas si luego no tienen a mano una estructura que los cobije irán mermando su rendimiento. Y eso es lo que viene sucendiendo, porque en muchas ocasiones terminan jugando en posiciones que no los benefician.
Como por ejemplo el caso de Juan Carlos Portillo que en los últimos partidos pasó de ser defensor a mediocampista central. O Gastón González que naturalmente es delantero y juega como carrilero con más responsabilidades defensivas. Juan Ignacio Nardoni queda relegado, después es titular, luego vuelve a salir, por citar algunos casos.
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Ni hablar de la decisión de jugar con cuatro defensores ante River en el Monumental y con una línea de cinco para recibir a Banfield. No tomó recaudos para enfrentar al Millonario, pero sí para hacerlo ante el Taladro que no atraviesa un buen presente. Utilizó Federico Vera como visitante y a Brian Blasi como local, una decisión difícil de avalar.
A favor de Azconzábal se podrá decir que la sangría del plantel fue significativa y que no llegaron jugadores de jerarquía como para potenciar al equipo. No obstante, el entrenador poco hizo para al menos sostener una idea de juego. Cambia de manera constante y eso no ayuda.
Pero además en cada conferencia de prensa, la autocrítica brilla por su ausencia. Su análisis de los partidos poco tienen que ver con lo sucedido dentro de la cancha. Y eso es un problema, porque si el DT observa algo que no sucede, entonces el futuro asoma desesperanzador.
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La sensación unívoca es que Unión se cayó a pedazos en lo futbolístico. Pasó de tener un equipo competitivo y serio de la mano de Leonardo Madelón, a una formación con muchos jóvenes y a la que le falta jerarquía y líderes que se hagan cargo de la situación.
En ese sentido, los primeros responsables son los dirigentes y luego el cuerpo técnico. Madelón se fue sabiendo que la política del club no era dar un salto de calidad y el tiempo le dio la razón. Si bien el contexto económico no ayuda, en los últimos años Unión generó recursos económicos importantes con distintas ventas.
Por lo cual, pudo hacerse un esfuerzo mayor para conformar un equipo de más categoría. Pero se eligió recorrer otro camino con las consecuencias lógicas. La realidad indica que hoy Unión no tiene plantel para ser protagonista y que tiene pocas chances para clasificar a la Copa Sudamericana.
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Si bien está cuatro puntos por debajo del último clasificado a la Sudamericana, la sensación es que no cuenta con los recursos futbolísticos como para sostener una regularidad que lo meta en zona de Copas. Aunque esto es fútbol y de eso puede agarrarse Unión para soñar con ese objetivo.
De todos modos, el futuro no parece alentador. Con una dirigencia casi ausente y un técnico confundido, la ecuación da resultado negativo. Unión está sumido en una crisis futbolística e institucional, pero lo más grave es que los protagonistas parecen no haberse dado cuenta.