En 2012, el Gobierno Nacional dispuso la apertura de una embajada en la República de Azerbaiyán, con sede en su ciudad capital, Bakú. Así, se convirtió en una de las representaciones diplomáticas más jóvenes del país en el exterior. Azerbaiyán había instalado en Argentina, en 2010, su primera embajada en Sudamérica.
Un santafesino, en misión diplomática en Azerbaiyán
Desafío. Lisandro Basílico trabaja en el país euroasiático como secretario de embajada y cónsul de tercera clase. Los objetivos de un joven de 28 años que proyecta “construir puentes” entre Argentina y la nación del Cáucaso
2 de mayo 2015 · 21:47hs
Esa nación ubicada a 13.800 kilómetros de nuestro país y a orillas del mar Caspio, posee la particularidad de que la mitad noreste de su territorio está en Europa y la mitad suroeste se encuentra en Asia, a partir de una división natural generada por las montañas del Cáucaso. Azerbaiyán tiene solo 24 años de democracia. Reconquistó su independencia tras la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
Lisandro Basílico nació en la ciudad de Santa Fe, tiene 28 años y es casi tan joven como la democracia de ese país rico en petróleo y gas. En 2011, se recibió de abogado en la Universidad Nacional del Litoral, pero tiempo atrás ya había decidido que su futuro iba a estar ligado a la diplomacia.“De chico en el colegio La Salle tuve una profesora que nos hablaba mucho de la carrera. También conocí del tema por unos amigos de mis padres que son diplomáticos, por eso me entusiasmé y a partir de sus consejos comencé a estudiar abogacía en la UNL como paso previo”, relata. Con el título de abogado en la mano, Basílico comenzó a cursar en Capital Federal la Maestría en Estudios Internacionales de la Universidad Di Tella, con vistas a concursar para poder ingresar al Instituto del Servicio Exterior de la Nación (Isen), organismo único de selección, formación e incorporación de los funcionarios diplomáticos argentinos. “Ya cursando la maestría (durante el primer año) rendí para ingresar al Isen y tuve la suerte de entrar rápido, cosa que no es habitual”, afirma. Los 1.001 diplomáticos (de carrera) que hoy tiene Argentina surgieron de ese organismo dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores, de los cuales 600 se encuentran distribuidos entre las 152 representaciones en el exterior y los 401 restantes residen en las diferentes cancillerías. Por fuera se ubican los embajadores políticos, designados por el Poder Ejecutivo. Ya concluida su formación en el Isen, Lisandro se convirtió en secretario de embajada y cónsul de tercera clase. A partir de ese momento, era cuestión de ir tras la chance que había soñado: tener su primera misión diplomática. —¿Cómo llega la oportunidad de trabajar en Azerbaiyán? —De mi promoción, de los 50 egresados, siete fueron destinados a diferentes lugares del mundo. Cancillería pone en conocimiento a los funcionarios que quieren irse al exterior una lista de vacantes de lugares a cubrir y el rango correspondiente. A su vez, cada uno arma su lista de preferencias y de acuerdo a ellas y a las necesidades de las cancillerías se designa el lugar. En mi caso, nos ofrecieron las vacantes que no se habían cubierto el año pasado. Las opciones que yo tenía eran Kenia, Nigeria, Trinidad y Tobago, China, Venezuela o Azerbaiyán. —¿Optaste por Azerbaiyán y por qué? —Sí, opté por Azerbaiyán porque es una de las embajadas más jóvenes que tiene Argentina. Está abierta hace solo tres años. Además, en su estructura tiene una sección consular (N. de la R: lugar que ocupa desde el pasado lunes 27 de abril). Creo que como primer destino para mí este país tiene mucho para ofrecer en el sentido de la conciencia que posee sobre política internacional, por su historia y por su contexto. Son muy precisos y estudian mucho qué movimientos hacer o qué declaración hacer. Por eso estar ahí me permitirá aprender mucho, en un contexto particular. Será una experiencia enriquecedora. —¿Cuáles son tus objetivos? —Primero, es una gran responsabilidad para mí estar al frente de la sección consular ya que voy a ser una de las caras visibles a la hora de defender los derechos e intereses de los argentinos en ese país. Como la relación entre Argentina y Azerbaiyán es nueva, una de las metas es construir puentes lo más amplios posibles. En ese sentido, nuestro país tiene un gran capital para explotar que es el de la cultura. En cualquier parte del mundo hay grupos que bailan tango, en todos lados se habla del fútbol argentino o de escritores argentinos. Por eso nos resultará más fácil contactarnos con Azerbaiyán. —¿Qué actividades desarrollan los argentinos que residen en Azerbaiyán? —Hay jugadores de fútbol (como en todo el mundo), personas que trabajan en universidades que llegaron becados o por un intercambio y se quedaron ante un ofrecimiento laboral, gente que trabaja en el sector petrolero y esporádicamente argentinos que van por cuestiones humanitarias, por ejemplo de Médicos Sin Fronteras, o aquellos que hacen trabajos de capacitación. —¿Dentro de la carrera, cuáles son tus proyectos a largo plazo? —Para mí una de las cosas más atractivas que tiene esta carrera es que uno nunca sabe qué va hacer y dónde lo va hacer. En cancillería, uno puede estar un día llevando temas de desarme nuclear y al otro día estar dando asistencia de argentinos que tuvieron un inconveniente en Perú, en el Machu Picchu. Entonces, esto es lo desafiante, que la carrera nos obliga a estar abiertos y preparados a saber de todo un poco para defender los derechos de los argentinos en el mundo. Esa plasticidad que nos exige la cancillería para mí es lo más interesante y atractivo. Mauro Bacca / [email protected]













