Unión debe sostener su proyecto sin caer en los extremos

Unión eligió un camino, con una fuerte apuesta por los futbolistas surgidos de sus inferiores. Llegó el momento de respaldarlo sin ir de un extremo al otro.

11:42 hs - Lunes 14 de Septiembre de 2026

Unión tomó una decisión política y deportiva que está a la vista: apostar por los jugadores surgidos de sus divisiones inferiores. Y ese camino tiene una característica inevitable: habrá momentos de ilusión y partidos en los que los juveniles serán protagonistas, pero también habrá derrotas en las que aparecerán las preguntas sobre si al equipo le falta experiencia, jerarquía o temperamento.

Lo que no debería ocurrir es que Unión pase de un extremo al otro dependiendo exclusivamente del resultado.

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Después de la victoria ante Instituto, por ejemplo, se destacó —con absoluta razón— que el equipo terminó el partido con siete de los diez jugadores (había sido expulsado Cristian Tarragona) surgidos de las inferiores. Fue una señal contundente de una política que el club decidió llevar adelante y que Leonardo Madelón aceptó conducir. Antes también había ocurrido algo similar en los triunfos ante Sarmiento y Aldosivi.

Ahora, después de una derrota ante Talleres, aparecen las críticas por la juventud del plantel, por la falta de experiencia o por la necesidad de incorporar más jugadores. Y ahí es donde conviene detenerse.

El mercado fue austero, pero hubo decisiones en Unión

Unión tuvo un mercado de pases austero. Eso es indiscutible. El club vendió futbolistas por casi 10 millones de dólares, pero también tomó la decisión de reinvertir de manera medida y apostar fundamentalmente por los recursos propios.

Según explicó el presidente Luis Spahn, Madelón había planteado dos pedidos concretos: Eric Ramírez y Juan de Dios Pintado. Ambos llegaron. Además, el club hizo un esfuerzo para repatriar a Ignacio Malcorra, un futbolista conocido por el entrenador y por la institución.

La gran discusión, en todo caso, aparece alrededor de Maizon Rodríguez. Su salida con el mercado ya iniciado dejó un agujero difícil de disimular, porque era titular indiscutido y no llegó un reemplazante de características similares.

La venta, desde el punto de vista económico, fue excelente para Unión. Pero desde lo deportivo dejó una consecuencia evidente: se fue un jugador importante y no llegó otro de esa jerarquía.

También es cierto que, a esta altura del mercado, los jugadores de mayor nivel ya tienen club o requieren esfuerzos económicos que Unión, por su realidad financiera, probablemente no esté dispuesto a realizar.

El camino elegido tiene riesgos para Unión

La apuesta quedó entonces planteada: juveniles propios, potenciados por jugadores de experiencia y jerarquía como Matías Rocha, quien prácticamente no tuvo participación todavía, más allá de los minutos que sumó ante Aldosivi en Mar del Plata. Ese es el proyecto. Y como todo proyecto, tiene riesgos.

Unión probablemente pierda partidos. Habrá tardes en las que un juvenil tendrá un rendimiento extraordinario y otras en las que cometerá errores propios de su falta de experiencia. Habrá encuentros en los que la frescura de los chicos será una ventaja y otros en los que el rival impondrá su jerarquía.

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Eso no convierte automáticamente al proyecto en bueno o malo.

Talleres es un ejemplo. Es cierto que venía atravesando una situación irregular, pero también es un equipo con futbolistas de mucha cotización y jerarquía individual. Perder ante ese rival no debería provocar que Unión tire por la borda todo lo construido durante las semanas anteriores.

Madelón tiene que bancar el proyecto en Unión

También hay una responsabilidad importante que recae sobre Leonardo Madelón. El entrenador contó en diálogo con Dame Gol, por Telefe Santa Fe, que mantiene poco diálogo con Luis Spahn y que incluso en algún momento se preguntó si debía aceptar o no la salida de jugadores importantes. La decisión final fue continuar.

Y si Madelón aceptó esas reglas de juego, también debe asumir el desafío de conducirlas. Es decir, poner toda su espalda cuando los resultados no acompañen, del mismo modo que recibió el reconocimiento cuando apostó por los juveniles y consiguió resultados.

Porque el entrenador es, justamente, quien debe encontrar las herramientas para que ese plantel competitivo pueda atravesar las dificultades.

Ahí estará su verdadera capacidad. No solamente en elegir un equipo cuando todo funciona, sino en encontrar soluciones cuando aparecen las derrotas, cuando un juvenil pierde confianza, cuando falta un jugador importante o cuando el rival demuestra una jerarquía superior.

Ni todo está bien cuando se gana ni todo está mal cuando se pierde

Unión no puede vivir en esa lógica. No todo estuvo perfecto cuando venció a Instituto, Sarmiento y Aldosivi. Tampoco todo está mal porque perdió ante Talleres. La realidad está en el medio.

El club eligió un camino. La dirigencia decidió apostar por sus inferiores, realizar un mercado austero y potenciar a sus jóvenes. Esa decisión puede ser discutible, pero es la que está vigente y, como mínimo, deberá sostenerse hasta fin de año.

Por eso, cuando lleguen nuevas derrotas —porque podrían llegarán— habrá que analizar por qué se perdió, qué hizo bien el equipo, qué hizo mal, qué errores cometió Madelón y qué juveniles están preparados para dar un paso adelante.

Pero no se puede pasar del elogio desmedido a la crítica feroz en función del resultado.

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Unión tiene que transitar este proceso con paciencia y coherencia. Y Madelón tendrá que sacar toda su experiencia, su capacidad y su enorme espalda para conducirlo.

Porque el desafío no es solamente ganar el próximo partido. El verdadero desafío es hacer competitivo a un equipo joven dentro de un proyecto que la propia institución decidió construir.

Y para eso, tanto en las victorias como en las derrotas, Unión necesita algo fundamental: no perder el rumbo.