La escuela Domingo Cullen es una secundaria con orientación en informática. Por la mañana asisten jóvenes de 13 y 20 años provenientes de barrios de la periferia este de la ciudad (Alto Verde, la Vuelta del Paraguayo, Colastiné Sur y Norte, y otros), y a la tarde funcionan talleres de tejido y de modista. Por la noche la población es aún más diversa, viene de otras ciudades, de otros pueblos, y de diversos barrios de la ciudad.“Juntos es mejor”, es el lema de la escuela, y no es solo enunciativo. La semana pasada volvieron a ponerlo en práctica. El martes, las alumnas del taller de modista que funciona por la tarde en el establecimiento ubicado en Avellaneda 3211 hicieron entrega de 80 juegos de sábanas para la Terapia Intensiva del Hospital Iturraspe.
Donaron sábanas para la Terapia Intensiva del Hospital Iturraspe
Fueron confeccionadas por alumnas de los talleres que se dictan en la escuela Domingo Cullen. Es la segunda entrega en el año.
27 de mayo 2015 · 12:32hs
Quién recibió la donación en nombre del nosocomio fue su vicedirector, Adrián Berdini que agradeció la colaboración y la calificó como muy importante: “Cuando se habla de hospitales, uno piensa en medicamentos, en alta complejidad, en aparatología o tomógrafos, pero los problemas cotidianos los tenemos con estos insumos que son habituales y de uso continuo. Las sábanas para un nosocomio que brinda camas a 250 personas, son un insumo crítico, que tiene un uso intensivo dado que deben cambiarse diariamente. Además, el lavado frecuente deteriora fácilmente la fibra de las telas, por lo cual es algo que rota permanentemente”.
El hospital Iturraspe cuenta con un taller de costura, pero el personal no da abasto y la escasez de sábanas se empezó a sentir. Fue entonces que a través de la Dirección de la Escuela ofrecieron la ayuda. Esta es la segunda entrega del año, en la que el nosocomio aporta la materia prima y la institución educativa, la mano de obra, y de acuerdo a lo que manifestó Berdini, en la medida de lo posible, la idea es continuar con el trabajo de colaboración entre ambas instituciones, e incluso lograr acrecentar la relación.En este sentido, Silvia Bournissent, directora de la Escuela, dijo a Diario UNO que la institución “siempre busca generar lazos de solidaridad de distintas maneras”, y contó cómo nació la relación con el hospital: “El año pasado, hicimos una propuesta con las señoras que vienen al taller de tejido, y logramos hacer ropita para los chicos recién nacidos. Nos pusimos en contacto con la cooperadora del hospital, y en ese momento nos dijeron una cosa que nos impactó muchísimo: que hay madres que van a parir y que no tienen ni siquiera un pañal. Nosotros nos comprometimos a que se vayan por lo menos con un par de mudas. Así surgió el contacto y así siguió. Este año se dio la posibilidad de colaborar con las sábanas, y para nosotros es una ayuda recíproca, porque muchas veces también nos cuesta que las alumnas tengan las telas para practicar la costura a máquina”. Los talleres y sus protagonistas La población de tejido y de costura tiene dos franjas con dos objetivos distintos. Un grupo es de gente joven que busca una salida laboral y quiere desarrollarse como modista o como tejedora, y a su vez, hay otra franja de personas que concurre solamente para aprender. Son en su mayoría mujeres jubiladas y que se ven motivadas a hacer otra actividad para tener un segundo ingreso, o simplemente para tejerles a sus nietos e hijos.Entre todos ellos se generan lazos que hacen que las mujeres que asisten a los talleres se reciban y quieran seguir participando. “No las podemos hacer ir”, sostuvo Bournissent y destacó los niveles de solidaridad de todos los alumnos: “Los adultos que asisten a los cursos de la noche, son a veces personas que trabajaron todo el día, y que vienen a cursar de 19 a 22 y terminan un curso y se inscriben al otro. Esto da cuenta de que ellos se sienten muy contenidos por la institución, y la solidaridad es muy fuerte, porque los mismos que asisten a los cursos de la noche (carpinteros, albañiles, gasistas, electricistas, etcétera) son los que nos ayudan a que la escuela no se caiga y ahora por ejemplo están trabajando para terminar la obra de gas”.A su vez, Graciela Morales, profesora del curso de modista destacó que sus alumnas están constantemente dispuestas a colaborar, y que a la vez aprenden. “Uno ve que hay gente que viene con más preparación y otra que no tanto, pero aunque no les llame demasiado la atención el ser modistas, el estar dentro de un grupo que tiene esa iniciativa de colaborar y también aprender un oficio es contagioso y se forman grupos muy lindos. Además, la mayoría está con la inquietud de aprender a trabajar, y desde aquí se les enseña todo el proceso, para después lograr una salida laboral, ya que las modistas salen preparadas para hacer moldería, para hacer sus propios diseños y se brinda una formación muy sólida”, relató.Por su parte, Cecilia Roig, docente de tejido contó que las mujeres que participan del taller lo hacen con muchas ganas y se forman grupos de mujeres muy trabajadoras y agregó: “El año pasado ya habíamos hecho una donación al hospital de ropa tejida, y la idea es seguir haciéndolo porque es un incentivo colaborar y nos reconforta”.Las estudiantes Viviana Fernández, alumna de costura se enteró del taller después de jubilarse. “Hacía mucho tiempo que quería aprender a coser. Entonces empecé a averiguar dónde podía hacerlo, y por intermedio de una amiga, de una amiga, de una amiga, llegué acá. Me anoté y empecé el año pasado, y la verdad es que lo recomiendo, porque de no saber más que coser un botón, hoy estoy fascinada porque ya hago camisas, chalecos, remeras y hasta pantalones. Además, el grupo que se armó es muy lindo, y si hay que colaborar en algo, siempre vamos a estar predispuestas a hacerlo”, contó.En tanto, Dina Drago, alumna del taller de tejido, es una de las que más tiempo lleva. Hace cuatro años que participa y dice que no se puede ir porque se ha formado un grupo tan lindo de gente que le cuesta abandonarlo. “Mientras la directora nos deje venir, vamos a seguir. Además siempre aprendemos y surgen cosas nuevas. Toda la vida quise aprender tejido, pero recién después de jubilarme pude hacerlo”, finalizó. Una rifa para colaborar con la escuela Cullen Debido a la gran cantidad de gente que concurre a los cursos de oficios y talleres que se dictan en la escuela Domingo Cullen, desde la institución se está organizando una rifa para conseguir fondos que permitan comprar materiales y también aumentar el número de máquinas de coser. Según comentó a Diario UNO, la directora de la institución, Silvia Bournissent, la intención es que el sorteo se realice la primera semana de julio. Más allá de que los talleres están equipados hay necesidades concretas de telas, y otros insumos, como así también de máquinas de coser, para que las alumnas puedan aprender cada una en su máquina, y no de a cuatro o de a cinco por máquina como sucede actualmente. Además contó la docente, “a veces se rompen, porque son viejas”, y se necesitaría además una máquina industrial. “Si bien no van a estar trabajando con ella todo el tiempo, por lo menos tienen que saber usarla y desde el establecimiento se quiere poder brindar la experiencia.“La escuela tiene muchas necesidades porque se trata de una institución pequeña que muchas veces todos se olvidan, y no se puede pedir mucho de los padres, porque los chicos también tienen muchas carencias, y no es mucho en lo que los papás pueden colaborar”, contó la directora y agregó que “actualmente hay serios problemas de goteras, los talleres no alcanzan, las aulas no son adecuadas para los chicos, y las necesidades son muchas”.Por este motivo decidieron pedir la colaboración de la comunidad. Todo aquel que quiera y pueda brindar ayuda se puede comunicar con la escuela al teléfono 4572964 o ir hasta la institución en Avellaneda 3211.
















