Hace medio siglo atrás era impensado que una mujer se desempeñe en profesiones como las ingenierías. Hoy la historia cambió y por el contrario el porcentaje de chicas que ingresan a carreras de este tipo en las universidades es cada vez más alto. Un informe de la UTN de este año mostró que las mujeres representan al 40% del estudiantado de primer año en Ingeniería Industrial, cifra que resulta muy similar a la UNL en carreras como Ingeniería Química, donde entre 2003 y 2010 las mujeres representaron el 43,77% promedio de la población estudiantil.
La mujer en el mundo de la química
Asimismo, y a pesar de que la historia no destacó ni destaca a las grandes mujeres que brillaron en esa área, hoy hay una similar ocupación en el ámbito laboral, donde las chicas están ganando cada vez más terreno. ¿Cuáles son los roles que ocupan?, ¿por qué eligen dedicarse a esto?, ¿hay competencia de géneros? Estas y otras preguntas fueron contestadas a Ser UN@ por las ingenieras químicas Carolina Cornaglia, quien se desempeña en el área fisicoquímica del Instituto de Investigación en Catálisis y Petroquímica, Incape- UNL-FIQ-Conicet; y María Virginia Sarsotti, que trabaja en la Compañía Cervecerías Unidas Argentina.
—Haciendo foco en lo cotidiano, teniendo en cuenta que cada una se desempeña en un ámbito diferente (Carolina en laboratorio y María Virginia en fábrica), ¿qué hace una ingeniera química?
María Virginia Sarsotti: Muchas veces el nombre de la carrera presta a confusión y se tiende a considerar que los químicos trabajamos, como su nombre lo indica, exclusivamente con “la química”. Lo cierto es que si bien es uno de los pilares fundamentales en nuestra formación, el abanico de posibilidades es aún más amplio. Un ingeniero químico es un ingeniero de procesos. En nuestra profesión, buscamos aplicar los conocimientos técnicos que adquirimos en diferentes etapas de la industria: ya sea en el diseño, en el desarrollo, como en el día a día de la misma. Respecto a este último punto, en líneas generales, acompañamos los procesos interviniendo tanto de manera directa (en producción propiamente dicha) como en otros sectores vinculados. Nos encontramos continuamente en la búsqueda de optimizar procesos, ahorrar recursos (físicos y económicos) a fines de alcanzar la condición de máximo beneficio.
Carolina Cornaglia: El trabajo de un ingeniero químico investigador abarca desde trabajo en laboratorio hasta armado y puesta a punto de sistemas de reacción, con todos los desafíos que estas actividades conllevan. Además, es indispensable la búsqueda de bibliografía como ayuda en la interpretación de resultados. Lo interesante del trabajo es que diariamente van surgiendo desafíos y dificultades, y cuando se logra la resolución de problemas, la satisfacción personal es muy grande. Muchas veces uno se va del trabajo con alguna inquietud, y puede ser que mientras esté cocinando o al despertar a la mañana se encuentre la respuesta. Como diría mi director, la investigación es un trabajo “full time”, lo que puede ser estresante en ciertas ocasiones.
—En general la química es presentada como un conocimiento muy especializado y difícil, que no tiene relación con nuestras vidas, ¿qué pueden decirnos ustedes de ella y su utilización cotidiana?
Carolina Cornaglia: En realidad según mi teoría, no hay nada fácil o difícil. Es solo cuestión de sentarse en la silla y estudiar. Todos pueden hacer lo que desean si así se lo proponen. La química como la matemática son consideradas asignaturas básicas, ya que nos relacionamos con ellas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Todo lo que tocamos, vemos, comemos, respiramos, está formado por moléculas y dado que la química estudia las moléculas, toda nuestra vida es química. El agua que empleamos para el consumo, la cual fue tratada previamente física y químicamente de modo que nos resulte inocua. Productos que empleamos para el cuidado de nuestro cuerpo tales como jabón, champú, han sido desarrollados para atraer las grasas (suciedad) a fin de cumplir con su función. El llorar al cortar una cebolla es químico, ya que la cebolla contiene compuestos con azufre; al cortarla, estos compuestos reaccionan con la humedad de los ojos generando ácido sulfúrico, produciendo la sensación de quemazón. Ante esto, el cerebro reacciona diciéndole a los conductos lacrimales que produzcan más agua, es decir lágrimas, para diluir el ácido y proteger así los ojos. De esta manera se pueden explicar miles de fenómenos que son cotidianos y cuya explicación está seguramente relacionada con la química.
—¿Fue esto quizás los que las llevó a estudiar y desempeñarse en esta carrera?
M.V.S.: Siempre me sentí mayormente atraída por las ciencias exactas (física, química y matemáticas), igualmente creo que en general al momento de elegir la profesión uno no está ciento por ciento seguro de si será la elección adecuada. Uno se va convenciendo (o no) a medida que va avanzando. En mi caso ahora, con título en mano, puedo decir que la disfruté, aunque más de una vez pensé: “¿Quién me mandó a estudiar esto?”. Realmente es una carrera que significa mucho esfuerzo y dedicación, infinitas horas de estudio invertidas y a pesar de eso los resultados no son siempre los que uno espera. Hoy es un orgullo absoluto para mí, se me viene a la cabeza la felicidad que tenía cuando “tachaba” una por una las materias del programa que pegué en el escritorio, y que guardo como recuerdo.
C.C.: El porqué de la elección no lo sé. En mi caso particular, yo comencé estudiando Ingeniería en Alimentos, pero en el segundo año de la carrera me aconsejaron cambiarme a química y luego especializarme en alimentos. Si bien esto último me queda pendiente en un futuro, solo hoy sé que puedo decir que me encanta todo lo que aprendí y aprendo a diario afirmando mi buena elección a la hora de elegir una carrera.
—La sociedad tilda a los ingenieros como “resolvedores de problemas”. ¿Se consideran así?, ¿por qué?
M.V.S.: Creo que todas las profesiones y oficios buscan “resolver problemas”. Quizás se encasilla a los ingenieros en este rol ya que se tiene cierto respeto o miedo a las ciencias exactas.
C.C.: En la facultad (FIQ-UNL) nos enseñaron gran cantidad de herramientas para poder enfrentar problemas y resolverlos. Yo creo que con la práctica y necesidad, es que se va desarrollando la capacidad de análisis, de interpretación de problemas y resultados a fin de lograr solucionarlos de la mejor manera posible. Muchas veces para la solución de ciertos problemas se debe buscar una solución de compromiso, priorizando ciertos factores mientras se resignan otros.
Desde ese punto de vista la joven ingeniera, que ya realizó el doctorado en esta materia, contó una anécdota a modo de ejemplo: “Es muy lindo darte cuenta cómo con pocas cosas uno puede hacer mucho. Como generalmente uno está limitado económicamente, se la rebusca para intentar armar el sistema de reacción o lo que necesita para trabajar; con lo que tiene a mano, con lo que hay en el instituto o es barato para comprar. Hace dos años tuve la posibilidad de investigar en el instituto ENEA–UT de Frascati (Roma), donde me di cuenta de que si bien ellos tenían infraestructura, gran cantidad de equipamientos y de insumos, los aprovechaban solo en un bajo porcentaje. Por ejemplo, mencionando un caso particular, ellos tenían un cromatógrafo nuevo con menos de dos años (el que yo utilizo tiene más de 20 años) operando de manera discontinua. Insumían gran cantidad de tiempo en llenar una bolsa de muestreo y luego otro tanto en introducirla al cromatógrafo. Al llegar a dicho instituto, propuse el cambio de la utilización de dicho equipo en continuo, lo cual solo requirió un trabajo de dos horas, incrementando practicidad y optimización en el funcionamiento del sistema. Son cosas sencillas, pero que te llenan muchísimo al darte cuenta de la capacidad que uno ha desarrollado a lo largo de los “tantos” años de estudio”.
El mundo laboral y sus roles
Atrás quedaron los tiempos en que la mujer era considerada solo para ocuparse de los quehaceres del hogar y la crianza de los hijos. En la actualidad, después de un largo camino de luchas y despojo de tabúes, muchas ocupan un lugar en el mercado laboral, posicionándose incluso en rubros que antes eran tradicionales de los hombres, como la economía, la política y la ingeniería. Sin embargo, la implantación de la cultura machista, la carga de la maternidad y el llamado techo de cristal hacen pensar que el lugar de las mujeres en el trabajo no alcanzó los objetivos anhelados y que aún persisten trabas a la hora de lograr un reconocimiento propio y ajeno.
Al respecto también opinaron las ingenieras químicas santafesinas, las cuales aseguraron que si bien aunque la presencia masculina aún es mayoritaria en los cargos jerárquicos, “no encuentran limitaciones de ascenso por género”. “Creo que lo importante es que nosotros como mujeres no incorporemos estos estereotipos y prejuicios, y que por supuesto nos esforcemos para estar a la altura de las circunstancias”, dijo María Virginia Sarsotti.
—“Hay mujeres letradas como hay mujeres guerreras, pero nunca ha habido mujeres inventoras”, afirmó Voltarie en 1764, y sin dudas se equivocaba. ¿Qué pueden acotar a esos dichos?
C.C.: Hay gran cantidad de mujeres inventoras en la ciencia, como Marie Curie, pionera en el campo de la radiactividad entre otros méritos en el siglo XIX; Lillian Moller Gilbreth, inventora del refrigerador con estantes, el tacho de basura con pedal y la batidora eléctrica; Stephanie Kwolek, la cual sintetizó en 1965 el poliparafenileno tereftalamida, creando un material tan resistente que se convirtió en el elemento principal de los chalecos antibalas. También podemos mencionar a Mary Anderson, inventora del limpiaparabrisas de los autos en 1903 y Grace Murray Hopper, inventora del lenguaje Cobol en 1960 considerada pionera en el mundo de la informática. En síntesis, ese dicho quizás era cierto en el momento en que se dijo, pero la historia lo fue revirtiendo.
La frase de Carolina deja abierta una puerta hacia la reflexión, ya que demuestra que a futuro la situación puede seguir cambiando y las mujeres ganando más y más terreno en este ambiente que, al parecer, es infinito.













