El juicio por las torturas y el secuestro del exintendente, Noé Adán Campagnolo y el expresidente de la Cámara de Diputados, Rubén Dunda entró a su etapa final con los alegatos de la fiscalía, que solicitó la aplicación de penas de 20 años de prisión para los dos militares acusados y 18 años de cárcel para el policía.
Piden 20 años de prisión por torturas a Campagnolo y Dunda
En su alegato, el fiscal Martín Suárez Faisal, acusó al exteniente coronel Jorge Roberto Diab y al excoronel José María González, primer interventor de la dictadura, y al policía Ricardo José Salomón, como autores penalmente responsables de los delitos de tormentos agravados, secuestro, agravado por violencias y amenazas y allanamiento Ilegal de domicilio todos en concurso real.
Para el fiscal, la clave está en la determinación y compromiso de Diab y González en cumplir las violentas órdenes emanadas de la jerarquía militar: el secuestro y la tortura a la que sometieron a Campagnolo y Rubén Dunda, directamente vinculada a su posicionamiento político, fue parte de la participación local para aniquilar a todo el que se opusiera al modelo de país que persiguió la dictadura cívico militar.
El por entonces intendente de Santa Fe, Noé Adán Campagnolo y quien en aquel momento presidía la Cámara de Diputados de Santa Fe, Rubén Dunda, fueron secuestrados el mismo día del golpe. También coincide la fecha en que fueron liberados, ambos salieron de la cárcel de Coronda el 3 de abril de 1978.
En su testimonio ante el tribunal, integrado por Luciano Lauría, José María Escobar Cello y María Ivón Vella, Dunda contó que cuando lo secuestraron, le realizaron un simulacro de fusilamiento y lo picanearon. Dijo que nunca le preguntaron nada, sino que lo insultaban le decían que lo que le estaba pasando era por su ideología política y pertenencia partidaria.
Además, Dunda contó que el 5 de septiembre de 1976, fue trasladado a la cárcel de Coronda, pero que en dos oportunidades fue llevado a la GIR por algunas horas. En una de esas ocasiones, lo acusaron de haber intentado fugarse: “Eso nunca pasó, nunca intenté fugarme. Creo el plan habría sido simular una fuga, para justificar mi asesinato, como lo han hecho en tantos casos de detenidos políticos”, sostuvo.
Salomón, el torturador
Por su parte, Salomón, fue oficial auxiliar, desde el 9 de diciembre de 1969 hasta el 25 de abril de 1983. En esa época, cumplió funciones en la Guardia de Infantería Reforzada y tuvo una participación directa en el secuestro y las torturas al exintendente.
El segundo día de audiencias de este juicio el expolicía, Silvio Caballero, prestó declaración testimonial y contó que él estaba de guardia en la GIR, cuando llegó su jefe, Salomón, junto a otra persona vestida de civil, y traían ya –con signos de torturas– a Campagnolo.
Le ordenaron custodiar la puerta de la sala, y pusieron la música fuerte. Pero los gritos de dolor se escuchaban igual. Como el picaporte de la puerta no funcionaba, la hoja de madera se abrió y Caballero alcanzó a ver a Campagnolo desnudo sobre una camilla. Dijo que Salomón lo sostenía de las piernas y recordó que cuando terminó la sesión de torturas, Salomón y el hombre vestido de civil salieron riéndose. Se jactaban de los tormentos que le habían aplicado a Campagnolo. Y entre las risas llegó la amenaza: Salomón le dijo a Caballero que se olvidara de lo que había visto.
La constatación médica
Uno de los testimonios más reveladores sobre los tormentos que recibió Campagnolo fue uno de los médicos que lo atendió en el Hospital Piloto (Cullen) de Santa Fe, una semana después de su detención. Raúl Pautasso declaró ante el tribunal y contó que el exintendente tenía perforado el recto y la vejiga. Explicó que eran lesiones claras de un empalamiento y que debió practicarle una colostomía. Campagnolo pasó nueve meses internado. Cuando le dieron el alta médica fue llevado nuevamente a la GIR. Recién el 6 de abril de 1977 fue trasladado a la Cárcel de Coronda y liberado un año después, el 3 de abril de 1978.
Caballero no fue el único expolicía que vio torturas a detenidos políticos. En este juicio se incorporó el testimonio que Juan Rafael Loréfice prestó ante el juez Federal Nº 1 de Santa Fe, que también vio a Campagnolo en la GIR muy malherido. Y enumeró los nombres de quienes estaban a cargo de la dependencia policial en ese momento: Jorge Alberto Márquez, como jefe, Ricardo Salomón y José El Punga Salazar. En este sentido, el fiscal destacó que el hecho de que no existan registros de la actividad que desplegaba Salomón en la GIR es una prueba más de cómo la represión operaba a la sombras y cómo la GIR se había convertido en un centro clandestino de detención donde se retenía en calidad de desaparecidos a militantes políticos .
















