En varias oportunidades las agrupaciones que luchan por el respeto de los derechos del colectivo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) han expresado su preocupación y rechazo a la exclusión de la posibilidad de ser donantes de sangre. En la provincia, en el ámbito público, se trabaja para desalentar preguntas que ahonden en la intimidad y resulten estigmatizantes. En el sector privado la situación hace años que no cambia.
Un “no” a la sangre de infieles, gays y trabajadoras sexuales
Es un formulario de dos carillas y se le entrega a todas las personas que se acercan a donar sangre al centro transfusional con el que trabajan la mayoría de los sanatorios privados. Allí, en los incisos 36, 37 y 38 se marcan preguntas que resultan excluyentes si se responden de manera afirmativa.
Es que si ha recibido dinero o drogas a cambio de sexo, ha sido infiel o es un varón que ha tenido relaciones sexuales con otro varón, su sangre no es aceptable. Las preguntas no están orientadas para conocer si las prácticas sexuales han sido de riesgo –sin preservativos, por ejemplo– sino a la intimidad de las personas.
Mientras aún se escuchan las críticas a una publicidad del PRO de Córdoba que proponía que las mujeres se cuiden del VIH no teniendo relaciones sexuales, en Santa Fe –cuando se quiere donar sangre– se mantiene la idea de que las infecciones de transmisión sexual (ITS) están vinculadas al ejercicio libre de la sexualidad y no a las prácticas sin la protección adecuada.
“Lo más importante que se busca en esa encuesta tan extensa y personal es proteger al receptor porque en algún tipo de infecciones se puede estar en el período de ventana y no detectarse. Por eso se busca que la encuesta sea respondida de la manera más honesta posible”, explicó Pedro Zukas, presidente de la Fundación Donar Santa Fe, que promueve la donación voluntaria.
De todas maneras, manifestó que esa protección del receptor no debe representar situaciones discriminatorias. “No se busca conocer la condición sexual. Se apunta a proteger al receptor por eso si el donante no está en condiciones es mejor que no se ofrezca. El tema es ver la promiscuidad o no de la persona, si ha tenido ese tipo de relaciones se lo debe descartar como donante. Eso es así en todo el mundo y en todo el mundo ha surgido la polémica”, reconoció Zukas.
Por su parte, el director provincial de Políticas de Género e Interculturalidad en Salud, Oraldo Llanos, sostuvo que existen acciones encaradas desde la cartera de salud provincial para terminar con cualquier situación que pueda resultar estigmatizante para determinados colectivos. De todas maneras, reconoció que el alcance de las medidas está todavía muy limitado al ámbito público y que se intenta concientizar a los profesionales que trabajan en el sector privado.
“En los efectores públicos tratamos de evitar cualquier elemento estigmatizante. Se trabajó durante un tiempo largo para tratar de evitar ese tipo de preguntas y, en general, está bastante consolidado que no se deben hacer preguntas que tengan que ver, ni siquiera, con la intimidad”, subrayó el funcionario y agregó que “hay conductas que tienen que ver con una alta prevalencia de patologías de transmisión sexual”.
En ese sentido, explicó que esas situaciones que puedan tener ventanas donde no se detecta la patología no implican que la persona no pueda donar sino que no puede hacerlo de manera inmediata.
Llanos agregó que es importante que se realice la entrevista personal y en total intimidad, donde la persona que va a donar pueda sincerarse y expresar si ha estado expuesta a alguna situación de riesgo. “No hay que preguntar cuestiones de identidad de género, autopercepción u orientación sexual sino sobre las prácticas concretas que haya tenido para no desperdiciar la sangre y la buena voluntad de la persona. Pero toda definición de perfil sexual o de género nosotros no la avalamos”, concluyó.













