Final abierto para todos y todas

Lunes 10 de Junio de 2013

Los peronistas no kirchneristas y los hombres de Maurico Macri están negociando a ritmo de vértigo para terminar de armar las listas de candidatos y evitar que la Presidenta tenga la más mínima posibilidad de perpetuarse en el poder. La primera fecha límite es el miércoles que viene, cuando venza el plazo para inscribir a las organizaciones políticas. La segunda es el próximo 22 de junio, cuando tengan que presentar los nombres que figurarán en cada boleta. Los puentes entre Francisco De Narváez y Macri, para acordar en la provincia de Buenos Aires, parecen estar rotos.

Hace dos semanas que los referentes de De Narváez sospechan que Macri no quiere ‘arreglar’ porque, en el fondo, tiene un ‘acuerdo de conveniencia’ con Cristina Fernández: ser, ambos, de los pocos sobrevivientes para las presidenciales de 2015. También piensan que es injusto y caprichoso que Macri les exija a todos sus candidatos que lo apoyen, con tanta anticipación, en su proyecto de suceder a la Jefa de Estado. Y al final interpretan: “El problema no es ‘El Colorado’ en la provincia. El problema es Mauricio en todo el país. ¿Por qué tampoco quiere ir en una misma lista en Córdoba con El Gallego (José Manuel de la Sota)? ¿Por qué se niega a negociar con el peronismo disidente de Santa Fe y de Entre Ríos? O tienen una visión gorila de la política formateada por (Jaime) Durán Barba o tienen un acuerdo con el gobierno nacional para romper al peronismo opositor”. En cambio los hombres de Mauricio sostienen que el que no quiere ir en la misma lista es su exsocio, porque tiene la impresión de que no necesita al PRO para hacer una elección parecida a la que ganó en junio de 2009.

“Francisco está seguro que (Sergio) Massa no va a competir, y en ese caso supone que no precisa del apoyo de Jorge (Macri) Gustavo (Posse) o Jesús (Cariglino) para ganarle a cualquier candidato del gobierno” me dijo un asesor del jefe de gobierno de la Ciudad. Quizá, la hipótesis de De Narváez no suene descabellada. El sabe que, en la provincia, los votantes usarán las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) para elegir a cualquiera que vaya contra el Frente para la Victoria (FpV). Y que esa elección servirá de filtro para que en octubre, el opositor que le vaya mejor, absorba todos los votos de los anti-k.

Pero hay varias preguntas todavía sin respuesta. ¿Habrá, al final, PASO? Existe una fuerte sospecha de que el gobierno nacional podría utilizar la actual indefinición judicial sobre la validez o no de votar a los miembros del Consejo de la Magistratura como la excusa perfecta para anular esta instancia electoral. “Si yo fuera Cristina, las eliminaría por única vez” me dijo un diputado nacional experto en asuntos electorales. “Porque las PASO, así como están, terminarán juntando el voto de casi toda la oposición, lo que supondría una derrota peor que la que sufrieron Kirchner, Massa y (Daniel) Scioli con las testimoniales”.

La casi certeza de que no hay espacio para acordar en la provincia de Buenos Aires entre De Narváez y el PRO contrasta con el dato de que se volvió a abrir una puerta entre Macri y Roberto Lavagna para que el ex ministro de Economía se transforme en el primer candidato a senador nacional acompañado por la exvicejefa de gobierno Gabriela Michetti en la ciudad de Buenos Aires. “Mauricio y Lavagna se encontraron cara a cara la semana pasada. Mauricio le dijo que era imprescindible su presencia en el Senado Nacional a partir del año que viene. Lavagna todavía estaba muy dolido por la crítica que le hicimos después de la foto en Córdoba.

El martes o el miércoles nos va a responder”, informó un hombre de Macri. El exministro no quiere ir ‘pintado de amarillo’ y pugna por terminar de armar una lista donde se incluyan a peronistas históricos y hombres de los sindicalistas Hugo Moyano y Gerónimo ‘Momo’ Venegas. Los armadores porteños del jefe de gobierno de la Ciudad tratan de convencerlo de lo contrario, porque piensan que todo lo que en el distrito huela a gremialistas camioneros es ‘piantavotos’. Macri vive días de suma tensión. “La semana pasada nos juntó a todos y nos dijo que nos preparemos para ir solos tanto en la Ciudad como en la provincia. Nos dijo que está cansado de ser siempre la variable de ajuste de las internas del peronismo”. Mientras tanto, la Presidenta y el intendente de Tigre Sergio Massa no terminan de mostrar sus cartas para una de las elecciones más importantes de la década. La que determinará el principio del fin del modelo ‘nacional y popular’ o la continuidad de un ciclo caracterizado por la prepotencia oficial y la lógica amigo/ enemigo.

¿Por qué Cristina no anuncia a sus candidatos? ¿Está pensando de verdad en anular las PASO y evitar una derrota anticipada? ¿Por qué Massa no se termina de decidir? ¿Busca, en efecto, protagonizar una campaña ‘corta’ para quitarle tiempo a la agresión que recibiría desde el gobierno? ¿O ya tiene decidido, como creen quienes dicen conocerlo más, que no va a jugar este turno, para evitar el desgaste prematuro de su figura como eventual candidato presidencial en 2015?

Daniel Scioli los mide, se sienta y espera. Si Cristina Fernández no tiene candidatos competitivos y lo sigue atacando y Massa, al final, se repliega en Tigre como parte de su estrategia personal, el gobernador de la provincia saldrá a comunicar, al otro día de la elección, que su carrera para suceder a la Presidenta habrá comenzado, de manera oficial.

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