Santa Fe

La historia de una santafesina en Cuba y una cubana en Santa Fe

Antonela estudió medicina en Cuba y se alojó con la familia Gisselle, quién está de visita en Santa Fe. Diario UNO habló con ellas de su experiencia, de la actualidad cubana y del fin del bloqueo.

Domingo 21 de Diciembre de 2014

Antonela Marchi y Gisselle Ricardo Chapelli se conocieron hace unos años en Cuba y se hicieron amigas. En 2006, Antonela ganó una beca para estudiar medicina en ese país y la familia de Gisselle le abrió las puertas de su hogar en Camagüey. Hoy le toca a Antonela devolver la generosidad en su casa en Santa Rosa de Calchines. Hace un mes, Gisselle consiguió permiso para salir de la isla y vino a conocer la Argentina y ver si puede hacer experiencia en el campo audiovisual. Ambas pasaron por Diario UNO y contaron su historia y analizaron la realidad cubana y el restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos tras 53 años. 

La historia de Antonela

—¿Cómo se dio la posibilidad de estudiar medicina en Cuba?

—Fue por un sistema de becas que se otorgaron en 2006, y que llegaron a distintos lugares del país, incluida la comuna de Santa Rosa de Calchines, de la cual soy oriunda. Fuimos 10 chicos de mi pueblo para Cuba, e hicimos la carrera completa. Al principio tuvimos una etapa de familiarización, después un curso premedico y después iniciamos la carrera. Fueron seis años de cursado y en septiembre del año pasado pegué la vuelta. En realidad el último examen fue en julio, pero hasta que salió el titulo y demás se extendió hasta septiembre. 

—¿Por qué aplicaste para esa beca? 

—Inicialmente estudié radiología, y después estuve trabajando en Santa Fe un par de años, y no había mucho futuro con esa carrera. Me ofrecieron la beca y decidí tomar otro rumbo. La beca incluía todo, estudio, alojamiento y comida. Obviamente el alojamiento y la comida eran dentro de las posibilidades que tenía el país. Convivíamos diez personas en una misma habitación, y fue toda una cuestión de adaptación importante. 

—¿Dónde te hospedaste?

—Estuve casi tres años en Pinar del Río, y después los tres años restantes los hicimos en Camagüey, una localidad en el centro este del país. 

—¿Cuál fue tu impresión del país cuando llegaste?

—La verdad muy buena. Una de las características es que la gente es supersolidaria, y amable. En ese sentido no sentimos tanto el desarraigo de dejar la familia y de irnos ta lejos. Siempre tuvimos contención, eramos casi quinientos argentinos que aplicamos a la beca, y era prácticamente un poblado argentino en Cuba. Los tres últimos años en Camagüey tuvimos mucho más contacto con la gente y es ahí donde la conocí a Gisselle y su familia. Me invitaron a vivir a su casa y ahí tuve un poco más de comodidades que las que otorgaba la beca en sí. Fue un intercambio de culturas, ellos enseñaron mucho de allá y yo, en la medida de lo posible trataba de compartir lo que era Argentina, la cultura, las comidas, etc.

—Se habla de Cuba como un país de referencia en medicina. ¿Qué significó para vos estudiar allí?

—La verdad que más allá de lo que es la economía, que tiene su precariedad, en salud, que es el sector con el que más estuve en contacto no había nada de que quejarse. Los cubanos tienen acceso desde la más mínima consulta médica, hasta las cirugías de alta complejidad totalmente gratis. Lo bueno que tiene el sistema de estudio, es que desde un principio te van introduciendo y llevando a los hospitales. En el último año se hace un internado, y hacíamos guardias y consultas médicas dentro del hospital. Es como el trabajo de un médico recibido, pero estás dentro del último año de carrera y ayuda mucho a la formación. Trabajabamos de las 8 de la mañana hasta las 4 de la tarde. 

—Comparado con nuestro sistema de salud, ¿cómo es el cubano? ¿Te trajo alguna ventaja para trabajar haberte formado allá?

—Allí no hay sistema privado, es todo público. La atención la tenés garantizada de forma gratutita y se encamina mucho a la promoción y a la prevención. Ese aspecto de la salud es algo que acá recién está empezando. Igualmente, hasta ahora nunca he tenido problemas para conseguir trabajo, siempre he tenido propuestas. Allá se inculca mucho la relación médico paciente y la salud no está tan comercializada. Escuchar al paciente, tener un poco de psicología, tomarte el tiempo necesario para atenderlo. Por ahí acá, para facturar se atiende y no se escucha al paciente. Esto nos lo remarcaron mucho, por eso trato acá de practicarlo y hasta ahora ha tenido aceptación. 

—¿Adonde estás trabajando actualmente?

—Cuando volví, estuve en Rafaela, también en el sur, y hace poco tuve una propuesta en Santa Rosa y decidí empezar a trabajar en mi lugar. Me pareció interesante y en enero voy a empezar en el Samco haciendo algunas guardias.

La historia de Gisselle 

—¿Esperabas la noticia del reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre tu país y EEUU?

—Realmente no me lo esperaba. El pueblo cubano siempre soñó que alguna vez se pudieran unir los lazos, sobretodo porque la mitad de los cubanos tiene familiares en Miami y queríamos que ese puente se levantara de una vez por todas. La noticia me sorprendió y me vinieron mil pensamientos a la cabeza, frases, murales, la historia tantas veces repetida en la escuela. Las consignas sobre el enemigo y las estatuas de Martí apuntando al norte. Por otro lado, recordaba todas las familias, todas las amistades que vi marcharse y que no volvieron. Toda la gente que vi llorar volviendo de la Oficina de los Intereses de los EEUU porque no les permitían viajar a visitar a sus padres que hacía 22 años no veían. Por esto me alegró mucho la noticia. Y también me alegró la posibilidad que tengo y que no tienen muchos en la isla de ver otra realidad. Poder comparar y decidir que es lo que está bien y lo que está mal. Tener esa posibilidad de elección, que se abran puertas para los cubanos, sobretodo los de mi generación.

—¿Cómo se vivió allá esta noticia?

—Ahora mismo Cuba está de fiesta. Por lo menos mis amigos, y las personas de mi generación están felices, sobre todo porque piensan en lo que puede significar económicamente, sino también desde lo sentimental de poder ver arribar con mayor frecuencia a sus familiares o poder viajar a la casa de sus hermanos, o de sus padres, sin tantas dificultades. Obama habló de hacer una embajada americana en Habana, y hasta ahora lo que hay es una Oficina de Intereses, donde todos los días miles de personas hacen la fila para conseguir el visado y a veces solamente se conceden dos visas. Me imagino que con una embajada este trámite será menos engorroso.

—¿Sentís que hay un quiebre generacional en Cuba?

—Mi generación es hija de la crisis económica en su punto máximo. Crecimos con el comunismo, y queremos que todos los viejos rencores  de una vez por todas se acaben de enterrar. Me molesta muchísimo cuando veo en redes sociales la opinión de los cubanos que viven hace 50 años en Estados Unidos y acusan a los cubanos jóvenes de que no se involucran con la política. Los acusan de lamerle las botas a los comunistas. Yo creo que nada que ver, son generaciones que se han criado con el comunismo y son capaces de analizar lo que está bien y lo que está mal y sencillamente tienen sus criterio que no tiene porqué ser el mismo que el de las personas que se fueron hace ya muchos años. 

—Precisamente, los que más se opusieron a al restablecimiento de relaciones, son  los cubanos disidentes, ¿qué pensás de esa postura?

—Me parece que es una idea obsoleta. Son personas que vivieron muchos años de hacer ese tipo de política, o “politiquería” y ya no tiene sentido su discurso. Tenemos un Papa argentino y Estados Unidos tiene un presidente negro, las cosas han cambiando en 50 años. La gente de la isla cambió, el pensamiento cambió, y es hora de dejar esas ideas atrás y que haya paz y los lazos se vuelvan a unir.

—¿Qué tipo de gobierno y de país están buscando los cubanos?

—Creo que Cuba va llegar a tener un gobierno democrático, eso es lo que quiere el pueblo y poco a poco estas medidas llevan a eso. Pero es un proceso que obviamente no puede ser de la noche a la mañana y tampoco con una guerra u otra revolución. El pueblo cubano quiere tener la oportunidad de conocer, de viajar, de comparar, de obtener una salida económica en el país. Los jóvenes no solo quieren tener educación y salud gratis, sino saber que cuando terminen su carrera van a tener la oportunidad de vivir y comer con su salario.

—¿Es difícil conseguirlo eso hoy?

—Muy difícil. Vivimos prácticamente de las remesas familiares, y del mercado negro. A los niños en Cuba a los 7 años les quitan el derecho a la leche. Es un litro diario que garantiza el gobierno solo hasta esa edad. La otra leche que hay es muy cara, inaccesible. La economía de Cuba está en un estado alarmante. Por eso es importante que se abra el bloqueo y se retomen las relaciones.

—¿Qué ha cambiado en la isla desde que no gobierna Fidel?

—Han cambiado algunas leyes, hubo una apertura. Se pueden comprar y vender propiedades legalmente. Antiguamente, el gobierno te daba la autorización para viajar, y ahora lo tramitas con la embajada del país, y ellos acuerdan si te dan la visa o no. Además, Cuba se abrió a las inversiones de capital extranjero, y se brindó seguridad fiscal que para la economía es un paso adelante. Esto ha sido una apertura del gobierno de Raúl. 

—¿Qué imagen tenés vos de EE UU?

—Yo no me puedo apartar, más allá de esta noticia,  de la imagen que tengo de los EE UU no solo por Cuba, sino por la historia que ha tenido con todos los pueblos de América. Los cubanos no podemos olvidar que cuando teníamos ganada la guerra con España, Estados Unidos intervino y nos sometió a una neocolonia. Es imposible olvidar todos esos años, donde cada vez que ellos querían nos amenazaban con enviar a los marines y disponían del presidente de Cuba a su antojo. Tampoco podemos olvidar la dictadura de Fulgencio Batista, que fue la playa de todos los mafiosos de los EEUU. 

—El mundo cambia velozmente gracias a la tecnología y las redes sociales, ¿cómo se vive esto en Cuba?

—El acceso a Internet en la isla está muy regulado. Es una cuestión que marcha muy lento y es una de las exigencias más grandes que tiene el pueblo en estos momentos. El acceso a Internet y a las redes sociales, que hoy no se tiene es importante. La gente se pregunta por que tienen miedo a que tengamos acceso a todas estas cosas. Por ejemplo, yo conocí Youtube aquí en Argentina, hace un mes. Me parece muy interesante poder buscar la información que uno desea, para estudiar y para todo.  Me sorprendió la cantidad de información que hay. En Cuba la mayoría las páginas no abren y además es muy caro. Hay cibers que los provee el mismo Estado, y cuesta 100 pesos cubanos la hora. Son 4 dólares, y un médico gana 40 al mes. 

—¿Cuál fue tu primera impresión de Argentina?

—En Cuba tenemos una imagen de gran pueblo culto, y esperaba que todo el mundo en la calle me puediera hablar de Borges y Cortazar, y no fue así. Me lo imaginaba con una gran cultura literaria, cinematográfica y con un acceso masificado a la cultura. Eso fue un choque grande cuando vi que de repente todo el mundo prefiere ir a ver cine norteamericano. Allá tenemos festivales de cine argentino. Igualmente, veo positiva la educación gratuita y la variada oferta universitaria. Además alguien que se proponga estudiar aquí, me parece que puede vivir con cierto decoro y tener metas. Allá en Cuba, hay un momento en el que uno se pregunta si tiene algún sentido graduarse de la universidad si voy a ganar lo mismo o quizás menos.

—¿Tenés ganas de quedarte ?

—Si, quizás trabaje un poco. Me gustaría documentar el fenómeno de los 500 argentinos que arribaron a estudiar a Cuba y que es lo que hacen ahora, y si prestan servicios a sus comunidades. Esas cosas me parecen interesantes de mostrar.

Por Coqui Toum / Diario UNO 

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