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La Salada vuelve a la normalidad pero con menor actividad

Los predios Punta Mogote, Urkupiña, Ocean y la Feria de la Ribera abrieron en su horario habitual anoche a las 21 hasta las primeras horas de esta mañana con una fuerte presencia policial por miedo a saqueos.

Domingo 25 de Junio de 2017

El complejo de ferias La Salada, ubicado en el partido bonaerense de Lomas de Zamora, volvió lentamente a la normalidad pero con un marcado descenso de la actividad comercial porque "la gente tiene miedo e incertidumbre", reconocieron los vendedores luego de los allanamientos de la semana pasada, cuando también hubo detenciones y se desalojaron puestos callejeros.

Los predios Punta Mogote, Urkupiña, Ocean y la Feria de la Ribera abrieron en su horario habitual desde anoche a las 21 hasta las primeras horas de esta mañana con una fuerte presencia policial por miedo a saqueos o nuevas protestas, aunque "las ventas fueron casi un 10 por ciento de lo que se registra comúnmente durante esas jornadas, que son las más convocantes para la feria", señalaron.

"Los sábados son el día que nos salva la semana y hoy no se vendió nada, vino mucha menos gente", afirmó a Télam Oscar, un vendedor y vecino, quien dijo que "espera poca venta hasta que se resuelva la situación judicial" de la feria, donde el miércoles pasado hubo más de 50 allanamientos simultáneos y se detuvo a una treintena de personas, entre ellas el denominado "Rey de La Salada", Jorge Castillo, acusado de "asociación ilícita".

Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), La Salada tiene operaciones comerciales por 20 millones de dólares diarios y explica el 70 por ciento del comercio ilegal en Argentina, abasteciendo de mercadería a unas 600 ferias más pequeñas del país.

Rosa, vendedora de un puesto de Punta Mogote, coincidió con su colega y aseveró que "las ventas vienen re mal". "Se vendió apenas el 10 por ciento de lo que se vendía antes. La gente no sabe si venir o no", dijo la comerciante de ropa femenina, y se lamentó por "no poder salvar la semana" con las ventas de la madrugada. "Estamos a la espera de qué va a pasar con Punta Mogote", confesó por su parte Sofía, una vendedora de camperas, quien consideró que "todo esto último que pasó nos hizo peor y encima ya veníamos con un año muy bajo de trabajo".

Según relataron los vendedores, hubo puesteros desalojados que quisieron instalarse con estructuras más precarias para vender en la calle, pero fueron rápidamente retirados por la policía. "Acá antes no veías un policía ni de casualidad", reconoció uno de ellos.

La calle Tilcara, donde se ubicaba la mayor cantidad de los 6.000 puestos que fueron retirados, quedó desolada. Los vendedores de Punta Mogote cerraron sus persianas a la calle y, ya sin las estructuras de fierro sobre las veredas, una de las principales arterias del complejo quedó casi sin gente.

"Vienen muy tranquilas las ventas", dijo Luis, un vendedor de jeans en Urkupiña, mientras que Miguel, del local de al lado, se mostró más desilusionado y aseveró que "están pésimas las ventas, no se vendió nada". "Esperemos que todo vuelva a la normalidad, para mí la gente se asustó", opinó Luis.

En tanto Liliana, "una compradora de hace muchos años" de La Salada, aseguró que le da "tristeza" lo que sucedió. "Queda mucha gente sin trabajo, son familias con chicos", se lamentó y contó que "un sábado normal te codeabas con toda la gente para comprar y esta vez no hay nadie".

La mujer comentó que los precios de los locales dentro de los predios aumentaron ante el cierre de los puestos callejeros. "Una remera que estaba 40 pesos afuera se fue a 120 adentro, un poncho que estaba 200 se fue a 500", afirmó.

Mientras la noche terminaba sin el volumen de ventas habitual, entre los vendedores continuaba la incertidumbre sobre cómo seguirá la situación de Punta Mogote por la detención de Castillo y los reclamos de los vendedores callejeros que fueron desalojados. "A algunos de los puesteros les consiguieron lugar acá adentro, pero los demás quedaron a la deriva", aseguró Claudio, un vendedor de ropa del predio. "Está jodido el ambiente, tenemos miedo de que vengan a saquearnos los barrabravas, porque les sacaron el negocio", completó Rosa.

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