En el noroeste de la ciudad se encuentra San José, un barrio que nació en la década del 50 cuando comenzaron a venderse los primeros lotes de un gran predio de quintas. Pertenece al distrito Norte y está delimitado por las calles Regimiento 12 de Infantería al norte, Estanislao Zeballos al sur, las vías del ferrocarril al este y la avenida Peñaloza al oeste. Está dividido en 54 manzanas. Se encuentra en un terreno más bajo que el resto y cuando se hicieron las parcelas no se levantaron para la edificación de las viviendas. Es por eso que en los últimos años, con precipitaciones abundantes sufrió anegamientos en sus calles y hasta el ingreso de agua en las casas.
El Fortín Luján quedó atrás para darle paso al progreso del barrio San José
Hacia el 1900 únicamente se encontraba en el territorio de lo que es hoy el barrio, el Fortín Luján, en todo a su alrededor había quintas. En este club, de gran trayectoria y reconocido en la ciudad, se realizaban carreras de caballo (en la actualidad se conserva el potrero) y también se reunían los hombres de la zona para jugar a las cartas, a las bochas o llevar a cabo otras actividades. También era un punto de encuentro los fines de semana porque se organizaban bailes y llegaban vecinos de otros puntos.
Además, donde hoy está el complejo habitacional San José era un relleno sanitario y más tarde funcionó el club Charoga. Hace más de 30 años se levantaron los monoblocks con una planta baja y tres pisos en el marco del programa Fondo Nacional de la Vivienda (Fonavi). Para este entonces ya se habían vendido todos los lotes y el barrio ya se había constituido como tal. Cuenta con aproximadamente unos 8.000 habitantes.
En primera persona
Historias se encuentran a cada paso. La mayoría de los vecinos tiene en promedio cuatro décadas en el barrio. Juan Claudio Acosta tiene 88 años y le abrió las puertas a Soy de. Recordó aquellos momentos cuando llegó a Santa Fe en 1953 desde la localidad de Malabrigo, al norte de la provincia y al poco tiempo se instaló en San José. Era tranviario y al quedarse sin trabajo eligió la capital para forjar un futuro mejor. Un amigo le consiguió un empleo en una empresa en la que tenía que “hombrear fardos de hierro”, era muy pesado y por eso, a través de un familiar pudo volver a trabajar en los tranvías hasta que el destino le marcó nuevas metas. En esos tiempos se enteró de que se había loteado el barrio y decidió comprar un terreno en el que se construyó su precaria casa. “Me hice un ranchito al fondo”, contó don Acosta, como lo conocen en el barrio.
“No había nada. Los pinos que hoy están altos se plantaron para poder dividir los lotes. Eran todas quintas. Me lo dieron en 120 cuotas y el precio era muy bajo”, detalló y ya por ese entonces había comenzado a trabajar en una empresa que funcionaba muy cerca del barrio. Este empleo le permitió salir de la ciudad, formó parte de una obra dentro de la provincia hasta que se fue al sur del país. “En ese momento se ganaba bien y comencé a comprar ladrillos y a levantarme mi casa de material para poder dejar el rancho del fondo”.
“En frente había grandes eucaliptos y un galpón donde se guardaban caballos de carrera. Se bailaba y nunca había problemas porque la policía que estaba en ese momento «le daba palos a los guapos»”, de esta manera se refirió al club Fortín Luján, que estaba frente a su casa, donde hoy está la asociación vecinal, en Doctor Zavalla 7.181.
Poco a poco, el barrio se fue poblando y “con muy buena gente”, dijo. A don Acosta lo conocen todos, es como una reliquia y quedó demostrado durante el momento que duró la charla porque no hubo persona que al pasar por la vereda lo saludara y él con orgullo, disparaba: “Ves, me conocen todos”.
Uno de los límites del barrio es Peñaloza, hoy avenida, pero en ese momentos, cuando los primeros pobladores llegaron a San José, “era una gran zanja y tiraban de todo, desde animales muertos hasta heladeras”, la definió Juan Claudio y al mismo tiempo contó: “Luego a través de un convenio, los vecinos se vieron beneficiados con la obra de pavimento y la cosa cambió. Hoy, en una parte no está lejos de lo que fue hace casi 60 años atrás”.
Paso a paso
En ese momento para atender los problemas de salud, este sector de la ciudad tenía que ir hasta el Cullen que era conocido como “el hospital de caridad”. “Cuando trabajaba, al tener obra social me correspondía el sanatorio Lístero, donde hoy está el Diagnóstico. Pero en muchas oportunidades usamos el Cullen, referente de toda la provincia”, contó don Acosta, que tiene un hijo, dos nietos, y una bisnieta. Está divorciado y se volvió a casar con Susana, una mujer de 62 años multifacética “porque sabe hacer de todo”.
Como no podía ser de otra manera, para Juan Claudio “el barrio está complicado”, al referirse a la seguridad. “Al lado está Pompeya que era tranquilo, pero se volvió peligroso, pero por suerte hasta ahora no nos pasó nada” y él cree que esto también tiene que ver con que “en San José se formaron y crecieron buenas personas”.
Él considera que vive tranquilo y que no cambiaría al barrio por otro. “Mi señora atiende los llamados de la vecinal, tenemos las llaves y se las llevan. Teje y hace cosas de bijouterie. Coloca inyecciones y hasta toma la presión. Yo soy jubilado y me siento bien. No tengo nada de qué quejarme. A muchos de nuestros vecinos los vimos crecer y hoy muchos de ellos son abuelos”, dijo.
Según Don Acosta, antes al barrio se lo conocía como Fortín Luján hasta que se lo empezó a llamar San José y logró la popularidad que hoy tiene. “Ahora me queda disfrutar. Todos los días comemos afuera. Con el tiempo llegó el asfalto pero en algunas calles, faltan cosas y servicios, pero tenemos el gas. Conocí muchas ciudades del país pero a Santa Fe no la cambió por nada”, aseguró.
Para finalizar, expresó un deseo que tiene con sus 88 años: “En la vecinal se deberían dictar cursos de oficios para que los chicos se aboquen a eso y sepan defenderse en la vida. Y a cuidar el barrio porque entre todos debemos hacerlo y esa es la clave del desarrollo y el progreso, pero creo que estamos transitando ese camino”.













